Ya no tiene a quién contarle el chisme que trae el zorzal.
La Hortencia no encuentra a quién llorarle la sed.
Incluso las lombrices no saben a quién acudir para despachar sus vanas ilusiones.
El sol vespertino me dijo que la Hiedra perdió la fé en escalar las nubes.
¿Cómo hago yo para convencer a la mariposa de que siga paseando en un jardín que no tiene luz?
¿Cómo hago yo para convencer a las buenas noches de que sigan contando estrellas ?
Las margaritas andan diciendo por ahí que la tierra está más fuerte, los bichos bolitas cuentan que la luna brilla cada noche más.
El viento aulla novedades,
hasta en las plumas del halcón que vuela en los alto.
Solo espero que el viento lo grite pronto y que la Hiedra, al oírlo, vuelva a trepar las nubes.
Ésto es algo que escribi, habiendo pasado un mes desde el fallecimiento de mi abuela, intenté (estoy intentando, aún no lo considero finalizado) implementar la flora y fauna de la región puesto que a ella le gustaba la naturaleza.