Venid y pisad, oh viajeros, la nave rebelde que no iza bandera en sus mástiles, que flota sin ley ni señor. Las velas tendidas al viento, recoge sus anclas; no tiene piloto ni brújula, no lleva ni quiere timón. Navegue feliz o perezca, se arroja a los mares, se arroja por sirtes y vórtices, sin Luna , Luceros ni Sol. Con pecho gozoso y altivo, me lanzo a la nave... Oh mar de los libres ¡acógeme! Oh tierra de los esclavos ¡adiós!
“Liminaria”, de Manuel González Prada.













