Una gota de lluvia cae sobre mi cabeza... La siento resbalar por mi rostro lentamente... aquél frío que sólo las gotas de lluvia proporcionan hiela mis pensamientos por un momento... atisba una mirada dentro de mí, me llena de ideas, mientras me observa al caer por mi faz.
Puedo entonces imaginar lo que sucederá después. Caerán una a una desde el cielo, algunas sobre mi rostro, para no dejar sola a su compañera de viaje, mi compañera de turno. El frío me llenará a cada momento de reflexiones inimaginables sobre el fin y el comienzo del universo, la existencia de la realidad, el girar infinito e inacabable del mundo, el desarrollo del hombre como especie, el dejo sencillo de belleza al relumbrar la luna.
Entonces, pensaré en cómo la luna me ha acompañado durante tantos años, en aventuras y desventuras, experimentos, descubrimientos y desazones. Recordaré aquella luz guía que me llevó por tantas veredas y caminos desolados, aquella luz que me dio la confianza de recuperar el ánimo y el sentido de mi propia existencia, la luz de mis amistades pasadas y las actuales...
El sentimiento único que posee un caballero errante al imaginar una tormenta que se acerca... Aquél tiro de adrenalina que ocurre justo antes de saltar una cuesta empinada, al caer, al disfrazar cada golpe y magulladura con una sonrisa llena de orgullo; pues no sólo es la conquista de un terruño, no sólo es la creación de un alcázar nebuloso... Es la más grande demostración de poder en la infancia...
Entonces, me remontaré a mi infancia y me perderé en juegos y conversaciones sobre monstruos, creaturas mitológicas, colecciones infantiles, la escuela y caricaturas... Aquellos tiempos en que uno tenía la facultad de Contar lo que quisiera a quien quisiese... Cuando uno podía hablar de sus sueños sin recibir miradas de crítica, o estupefacción innecesarias...
Cuando uno no sabría, ni en broma, sobre los desazones más terribles de la humanidad. Cuando uno no podría definir aún lo que es un holocausto, una guerra mundial, un calentamiento global, una enfermedad pandémica, un futuro sin agua, sin aire, sin tierra... Cuando uno vive sin contaminación, sin guerras, sin enfrentamientos, sin luchas mortales, sin más violencia que una lucha entre iguales infantes; sin dolor más grande que la pérdida de un juguete, la separación de algún amigo, o la caída de una bicicleta. Cuando uno vive sin discriminación de raza, sexo o religión; sin fronteras, sin terrorismo...
Entonces pensaré de simple y sencilla manera en cada una de las cosas en que nunca pensaría de pequeño... Recordaré cómo es que nunca entendí la política en su tiempo... así como el hecho de que ahora la comprendo más de lo que quisiera, pero menos de lo que debiera...
Y veré los segundos pasar en un reloj de bolsillo, e imaginaré que al llegar a casa volveré a llenar mi cabeza de problemas, de deudas, de preocupaciones, de dolor ajeno, de recuerdos de las personas que no volverán, de libros que quiero leer, de libros que no quiero leer, de películas que ver, así como las que no se verán... Del simple deseo de alimentarme, y de los alimentos que encontraré o no en mi hogar... Lo que me apetecerá y lo que desdeñaré por unos momentos... Y luego volveré a mirar hacia el mundo, sin salir de mi posición actual... y Recordaré cuando se me regañaba por hacer distinción, y renegar de algunos alimentos... Ante el típico "hay miles de niños que quisieran comer lo que te estás comiendo" o tal vez el "no es como si te estuviera envenenando"...
Y pensaré en los pobres, en los ricos, en los de en medio, y en los que de verdad están hasta abajo...
Y recordaré por unos instantes el porqué de todas las decisiones de mi vida, de cada una de mis frases y palabras, de todas mis actitudes, a lo largo de los años, todas las canciones que he escuchado... Los libros que he leído... Mis ideas y delirios megalomaniacos, mi desesperación ante las ideas del futuro, las imágenes que he coleccionado, los amaneceres que he disfrutado, las lunas que han nacido y muerto frente a mis ojos... Las estrellas que he contado... Y el latir de mi corazón mientras todo ésto sucede...Entonces, mi mente saldrá de todas las reflexiones sobre sucesos vanos, volveré a mirar al cielo, el universo me saluda otra vez... Y le doy la bienvenida con los brazos abiertos... En medio de la calle, camino a mi casa...
Y veo caer otra gota de lluvia... Que corre sobre mi rostro... Y miro casi con deseo aquél cielo nublado, pues habrá tantas ideas que me pueda dar cada fragmento del cielo que cae... Y en cada gota, Un mundo...