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Más que hablar comenta unos datos que anotó, parece, hace ya algún tiempo con lapicera azul en una hoja que lee por encima de sus lentes.
—Bolivia nace con mar, el 6 de agosto de 1825. 180 años pasaron hasta 2005. Evo Morales: 10 años. La coca condenada el 24 de enero de 1961, comparada con opio, droga.
Es la ConvenciĂłn Ăšnica contra Estupefacientes de Naciones Unidas.
—Era una colonización dirigida, manejada por los gobiernos neoliberales, dictatoriales. No nos dejaban organizarnos, estábamos prohibidos y nos organizábamos clandestinamente.
Sigue leyendo.
—Gobiernos dictadores. 1982, primer plan quinquenal de erradicaciĂłn forzosa. 1982, segundo plan trienal. 1983-1985, erradicaciĂłn progresiva. Gobiernos neoliberales. 1985-1989, plan trienal VĂctor Paz Estenssoro. 1989-1993, Plan Coca por Desarrollo Jaime Paz Zamora. 1993-1997, Plan OpciĂłn Cero, Gonzalo Sánchez de Lozada. 1997-2002, Plan Dignidad de Hugo Banzer, que lo terminĂł Jorge “Tuto” Quiroga (2001-2002).
Luego ya viene la cara del presidente Evo, ubicada como un sello al final de su hoja de apuntes.
Edgar dice:
—Desde el 2006 el Trópico de Cochabamba se ha visto en paz, no hemos tenido más bloqueos, ni marchas, no hemos tenido más siembra de luto, sangre. Nos hemos olvidado, gracias al compañero presidente Evo Morales.
De ahà adentro salieron los soldados bolivianos y estadounidenses que hicieron la “guerra a las drogas”. Ese eufemismo mundial que ha sido y es usado largamente para justificar el control de territorios y exterminios varios.
Como el guĂa que es, muestra los tipos de fábricas de cocaĂna intervenidos y los objetos incautados.
—Esta es una fábrica móvil, tipo colombiano.
Las maquinarias más viejas eran pesadas, difĂciles de mover. Luego se fueron modernizando, adaptando. Incorporaron máquinas para moler, las hicieron más funcionales al desarme inmediato.
El guĂa entrenado contra las drogas tiene en la mano la ley 1008, la que justifica la guerra contra las drogas.
—¿Es una ley muy dura no?
—Esta sĂ, porque es impuesta. Todos saben que ha sido impuesta, han venido y dicho: ya, apliquen esto.
Laine Zambrana no es el único que piensa que las leyes de ese tipo, que promueven el combate frontal al narcotráfico, no sirven.
—Es querer luchar con algo que nunca va a terminar.

***
El periodista y escritor RamĂłn Rocha Monroy opina que la regiĂłn del Chapare es “el receptáculo de todos los pobres del paĂs, tanto del valle como del altiplano”.
—En realidad, lo que querĂan era limpiar de pobres esa zona tan linda. No quisieron erradicar la hoja de coca nada más, sino erradicar a la gente. Gente muy necesitada, que ha cumplido todos los oficios de peones del narcotráfico. Han llevado hojas, las han pisado, han hecho lo que han podido para sobrevivir.
Pero no pudieron erradicarlos, los hicieron más fuertes.
Como a Leonilda Zunita.
Ella tuvo que dejar el colegio porque su madre es viuda desde que tenĂa dos años y no tenĂan plata para nada. A su madre le dijeron “señora corte su coca y plante palmito”.
Las viudas asumen lo que se llama “vinculación femenina” en el sindicato, limpian la sede y cocinan en las fiestas patrias. Leonilda tomó estas tareas para que su madre descansara.
En 1995 junto a sus compañeras y compañeros marchĂł caminando a La Paz. Salieron el 11 de diciembre y llegaron el 18 de enero. Hizo doce dĂas de huelga de hambre. Dice que nadie querĂa entrar a la huelga de hambre y ella se metiĂł. A la vuelta de la marcha, el 15 de febrero, la eligieron como ejecutiva de una de las seis federaciones cocaleras del TrĂłpico.
Hoy es secretaria de relaciones internacionales del Movimiento Al Socialismo (MAS) y está sentada en su despacho de Presidenta de la Asamblea Legislativa de Cochabamba.
— Defender la madre tierra es defender la hoja de coca y defender la hoja de coca es defender la tierra.
— Nosotras hasta hoy luchamos para que nuestros nietos no vivan como han vivido nuestros hijos, bajo gas, bajo represiĂłn, patada, puñete. Y para que no sufran las violaciones sexuales de las que muchas fuimos vĂctimas.
Los gringos eran altos, rubios, robustos, hablaban otro idioma, dice Leonilda. Les compraban en el mercado legal de coca de la Federación de Villa Tunari cada año 60 o 70 toneladas para la Coca-Cola.
—Eso decĂan.
Y sonrĂe con sorna.
PodĂan llegar a venir unos 50 o 60 autos, jeeps y helicĂłpteros para una erradicaciĂłn puntual de coca, recuerda. Quemaban las casas, destruĂan, dañaban la comida, robaban, no los dejaban ni enterrar a los muertos. No respetaban a nadie, ni nada. Absolutamente nada.
—Éramos buscados, caminábamos solamente de noche. Para nosotros nunca habĂa tranquilidad, nos reunĂamos clandestinamente. No podĂamos manejar dinero, podĂamos ser acusados de traficantes, y que nos robaran o nos llevaran presos.
***
—Laaaarga es la historia—, dice Fructuoso, el taxista, estirando la a.
Todo el mundo sigue andando de cachete inflado haciendo el acullico, es decir, mascando hoja de coca, pero a ella no le dicen “perra hija de puta” como a su padre.