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Después de haber pasado todo el dÃa en la cama, qué más remedio le quedaba que empezar su dÃa caÃda ya la noche, otra vez, a la espera de que algún dÃa decidiera simplemente no irse a dormir y recuperara el ritmo biológico de una persona normal a costa de veinticuatro horas sin sueño. Nada que con un café no pudiera paliarse, de todas formas, pero eso no quitaba que las opciones para salir fueran más reducidas, siendo que en su casa no tenÃa nada para hacer. Ni para comer, si es que querÃa algo que no requiriese ser cocinado, pero a esas horas tampoco tenÃa un gran abanico de posibilidades para desayuno, aunque era un usuario habitual de los restaurantes de comida rápida 24 horas.
Esa era su intención cuando salió de casa, abrigado en absoluto negro. Incluso a pesar del frÃo habÃa todavÃa gente en las calles, en general aquellos que pretendÃan quedarse fuera durante las siguientes horas, y Kaleb los seguÃa discretamente con la mirada al verlos pasar. Nada especial.
A punto estuvo de pasar por alto la figura que lo hizo detener en seco sus pasos, y deliberó durante unos largos segundos si debÃa seguir su camino y fingir que no habÃa visto nada, o aproximarse. Al final, la curiosidad y la inconsciencia fueron incluso más fuertes que la pulsante inquietud que se habÃa instalado en su pecho.
— ¿Necesitas ayuda? —murmuró, agachándose junto a la chica.
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