Jirafas bajo la lluvia
En este siglo de prisas y de aislamientos,
el hombre busca desesperadamente
lo mismo:
una geografía donde el miedo no duela tanto.
un paraguas compartido,
un abrazo que nos salve del invierno del algoritmo,
un "estoy aquí" que apague el ruido blanco de la tempestad
Porque al final de la tarde,
cuando el agua amaine,
salvarnos consistirá
en haber sabido aguantar
el temporal con dignidad,
ya sea con el cuello
apuntando a las nubes indomables
o con el corazón resistiendo a mitad del cruce peatonal.



















