Asomada a mi puerta,
un manta y mi piel,
un sabor a metal
empapa este aire.
Y tu, triunfante,
les abres el camino
hasta esta endeble puerta,
mi manta, mi piel, mi sangre.
Y te atreves a mirarme,
pero ya no ves mi persona,
ya no soy más
que otra más
que no pudo entenderte.


















