Los beats no están detrás de nosotros: ¡están por delante!

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Los beats no están detrás de nosotros: ¡están por delante!

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No te limites a fijarte objetivos, haz planes para prevenir eventualidades. ¿Qué pasa si todo va mal? ¿Cuál es tu plan b?
...y algĂşn dĂa, a mi pesar, sacarĂ© la teorĂa de que el libro miente, el cine agota, quĂ©menlos ambos, no dejen sino mĂşsica. Si voy pallá es que pallá vamos.
Andres Caicedo.
Que te alumbre siempre el sol de la paz y la alegrĂa. Que cuando te le metas a la noche, ella te sonrĂa: eso es lo que te deseo. Yo, por mi parte, tengo poder para vencer.
Andres Caicedo.
Mas si acaso el orgullo se resiste a tanta abdicaciĂłn, si la fe ciega te parece triste, confĂa en la razĂłn. // \\ Y cuando llegues en postrera hora a la Ăşltima morada, sentirás una angustia matadora de no haber hecho nada…
Jose AsunciĂłn Silva

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ÂżMi nombre? El hombre de los favores
Sincopa constante y-regular, ¿atemporal y débil...? ... actual y poderora, resaltas la belleza de lo "frágil" pones sabor y sonoridad a mi vida inesperada y divina, divina! #ioDisain #ioQuotes
Fenix avis unica Cuando el sol ha cruzado el umbral de la flamĂgera puerta y refleja el suave brillo de sus primeros rayos, el ave FĂ©nix lanza su canto sacro, de acentos Ăşnicos que invocan los fulgores primeros con su voz encantadora que no podrĂan imitar ni el ruiseñor con sus tonalidades ni la flauta con la mĂşsica de su sonido cĂrreo, tampoco se lo podrĂa igualar al canto del cisne que muere ni el que arranca de las cuerdas sonoras de la lira celena. Se sabe que quien oye cantar al FĂ©nix cura al instante sus enfermedades. Pero pocos, que se sepa, la han oĂdo. Quienes le vieron, dicen que la presencia del FĂ©nix es maravillosa, y su aspecto insta a la veneraciĂłn: asĂ es de inmensa su hermosura, asĂ de iluminada su dignidad. Se dice que a unos su aspecto tambiĂ©n produjo pavor. A primera vista su color es como el color que reposa bajo el astro del Cancerbero, que es como el azafrán de las cálidas granadas, como el color de las hojas que luce la adormidera silvestre o la flora toda cuando despliega su atavĂo dorado. Sus espaldas y el bello pecho tambiĂ©n brillan, haciendo relucir su cabeza, la cerviz y los hombros. Su cola se alarga escapando entre amarillos metálicos que se van mezclando a manchas hasta enrojecer al pĂşrpura. En verdad es el FĂ©nix, es Él, pero no el mismo que fue. Es el que ha alcanzado la vida eterna por la muerte eterna. Extracto de "Poema del Fenix" de Lactancio