En defensa de la neutralidad
A principios de noviembre, Barack Obama anunció en un comunicado su apoyo a la idea de reclasificar la conexión a internet para que legalmente sea vista como un servicio de comunicación y no de información. De acuerdo con el mandatario estadounidense, esta decisión tiene que ver con la necesidad de que desde el Estado se regule el mercado de telecomunicaciones para proteger el principio de la neutralidad de la Red.
Lo que Obama y el actual presidente de la FCC, Tom Wheeler, planean es volver a otorgar a los proveedores de servicios de internet la denominación de common carriers para que sean vistas como proveedores de servicios públicos bajo el argumento de que el acceso a internet es, en el mundo actual, una necesidad antes que un lujo.
Durante la administración de George W. Bush, la Federal Communications Commission (FCC) clasificó los servicios de internet a través de cable e inalámbricos como “servicios de información”, con lo que eliminó su propia autoridad para regularlos ampliamente. El presidente de la comisión en ese entonces era Michael Powell, quien ahora labora como uno de los principales cabilderos de la industria de la TV por cable en Washington. En 2010, Julius Genachowski, presidente de la FCC, trató de mejorar la posición de la Comisión ante las empresas de telecomunicaciones, pero esta intención fue enterrada debido a las presiones ejercidas por la industria con el argumento de que la regulación inhibe la inversión y el libre mercado. Ahora es tiempo para una segunda andanada por parte del gobierno estadounidense.
De acuerdo con la visión de la administración de Obama, expuesta en el comunicado en cuestión, internet tiene un rol fundamental en la vida económica, política y social actual. Sin duda, desde hace por lo menos dos décadas, la sociedad global se encuentra en una etapa de transición, en la cual se concatenan dos modos de desarrollo del capitalismo: el industrial y el informacional. Hace apenas unos lustros las empresas más importantes del mundo eran aquellas dedicadas a la fabricación y venta de objetos, ahora las que dominan el mercado (Google y Apple son las compañías más valiosas en los últimos años a nivel mundial) se dedican a vender información.
El término de neutralidad de la Red fue propuesto por el académico y especialista en legislación de internet, Tim Wu, en 2003 y retoma principios éticos y prácticos que han sido parte de la Red desde sus inicios. De acuerdo con Wu, las grandes compañías que controlan la infraestructura física de internet no deberían poder determinar la manera en que es utilizado por los consumidores finales. De esta forma, el principio general de la neutralidad de la red puede ser enunciado de la siguiente manera: “a falta de pruebas de daños a la red local o de los intereses de los demás usuarios, las compañías proveedoras de internet no deben discriminar en cómo tratan el tráfico en su red de banda ancha sobre la base de criterios entre redes.”
Este concepto descansa sobre la base de un valor profundamente arraigado en la cultura occidental y que ha sido clave para el desarrollo de internet: la igualdad. La neutralidad de la red propugna por un acceso abierto a los contenidos y aplicaciones que circulan por la web y por un tráfico de información que no favorezca a ciertos emisores y receptores sobre otros.
Es interesante hacer notar que internet nace como una iniciativa del Estado y de la industria bélica estadounidense, no obstante la necesidad militar fue combinada con una práctica seria de la investigación científica. En palabras del académico Andrew Chadwick, lo que facilitó el crecimiento rápido de la red fue el principio fundamental que compartieron sus diseñadores, el de inclusión, su “desarrollo ha estado históricamente abierto a todos aquellos con un interés en un área en particular y las habilidad técnica para contribuir.”
La participación y el acceso abierto a la Red ha sido necesario para que las nuevas ideas florezcan en este ecosistema de iniciativas. Dos ejemplos reconocidos de iniciativas que significaron un cambio son Facebook y Netfix, cuyo impacto ha sido muy grande tanto para el mercado como para los usuarios.
Sin la libertad para crear nuevos espacios y con una política discriminatoria por parte de los Proveedores de Servicios de Internet este caldo de cultivo de ideas simplemente no podría existir. Si los grandes proveedores se hicieran del poder de determinar a qué contenidos podemos tener acceso o dictar las aplicaciones que tendrán mejores niveles de descarga, habría un retroceso devastador. Lo que se trata de construir en internet es un modelo de comunicación reticular, si la grandes compañías llegaran a ganar impulsarían un modelo vertical, como el de la televisión. Sería echar a la basura décadas de avances.
A diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, en México fue el propio poder Ejecutivo quien a través de la iniciativa de la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión propuso acabar con la neutralidad de la red en el país. El artículo 146 de la propuesta presentada por Enrique Peña Nieto decía: “Los concesionarios y los autorizados que presten el servicio de acceso a Internet podrán hacer ofertas según las necesidades de los segmentos de mercado y clientes, diferenciando entre niveles de capacidad, velocidad o calidad.
Este y otros artículos enunciados en la iniciativa causaron polémica entre la sociedad civil e incluso hubo varias marchas en repudio a las nuevas reglas que estaban siendo votadas en el Senado. A grandes rasgos, lo que se denunció de esta reforma de ley secundaria de telecomunicaciones fueron los artículos que daban cabida al espionaje, la censura y la violación de derechos.
Afortunadamente, el artículo 146 tal como estaba escrito en la iniciativa presidencial no prosperó, aunque sirvió como distractor para aprobar los artículos que permiten la retención de datos por parte de los proveedores de telefonía para usos de ese espionaje encubierto bajo el eufemismo de “seguridad nacional”.
Es preocupante que el gobierno haya anunciado de esa manera sus intenciones con respecto del futuro de la Red. Esta vez la presión social sirvió para contener el ataque, pero fue en un momento en que los ojos del país estaban puestos en el proceso de las reformas secundarias. Ahora el tema legislativo no es tan preponderante por distintos sucesos que han conmocionado al país. Una reforma pequeña, totalmente técnica, podría aparecer desde la oscuridad de los curules para seguir con el plan de las grandes empresas y del gobierno. Como ciudadanos debemos estar atentos.
Recientemente, el gigante de telecomunicaciones estadounidense, AT&T anunció la compra de la mexicana Iusacell. En este contexto, la empresa que dominaba el mercado, América Móvil tiene la tarea de desincorporar sus activos para dejar de ser “preponderante” y evitar una serie de regulaciones asimétricas. Además TV Azteca y Televisa apostarán por conquistar el mercado del Triple Play (telefonía, televisión por cable e internet) y Telefónica intentará explotar nuevos modelos de mercado como los Operadores Móviles Virtuales. Los actores están posicionando sus piezas en el tablero y eso no sólo tiene consecuencias para sus negocios, sino para todos lo que usamos internet.
Es especialmente delicado el momento que vive el país en el tema de telecomunicaciones, ya que la reciente reforma constitucional y la ley secundaria abrió el mercado para nuevos y poderosos competidores, los mismos que han doblado a la Federal Communications Commission en Estados Unidos y tienen el poder, dinero y facilidades suficientes para comprar a las endebles instituciones mexicanas.