A tontas y a locas
Imantadas al piso, un forcejeo cotidiano con la gravedad
las amigas que conocen el pozo
y sus profundidades
Las uñas rotas, callos en las manos,
los ojos hundidos
mejillas irritadas.
Psicofarmacos como alimento,
el alivio como cebo
consuelo prescripto
el deseo del subidón con el que se alisan las neuronas
como antes nos alisábamos el pelo
cuando a las drogas no las comprábamos en farmacias y el refugio era
caer de rodillas en la madrugada, aturdidas
y dormir ensuciando las sábanas.
¡La tontera, la locura y la ingenuidad!
Ah, las piedras sobre las que levantábamos nuestros templos:
subterráneos túneles derrumbados.
Entregadas al mundo como si alguien fuera a recibirnos en los brazos
imantadas al piso, un forcejeo cotidiano con la gravedad,
postradas,
pidiendo que nuestro último rechazo sea el del suelo.
Dios las cría,
y ser obstinadas nos amontona.
Revolcadas juntas porque las piernas no se erguían,
un poco pisoteadas, si,
sudadas
lloradas
besadas
lastimadas,
expertas en las anestesias
para cada dolor,
expertas en exacerbar el dolor
hasta las últimas consecuencias.
Tafirol, tramadol, ibuprofeno, keterolak, paracetamol, sertralina, venlafaxina, desvenlafaxina, lamotrigina, ketamina, cocaina, extasis
y tés
y terapia
la sala de psicopatología
el cuarto propio
los fantasmas de mi vida
el jardín
los mapas locos
la toalla tirada de otras tontas y otras locas
el pacto de vida, los de muerte, los de a medio camino
la solidaridad radical con las amigas muertas
y con las vivas enraizadas como plantas del desierto
así, no muy destinadas a vivir pero obstinadas
haciendo chispas
no para el fuego
más para recordar
de que la oscuridad se interrumpe.
A veces.












