- ¿Me veo atractivo en lencerÃa Superintendente? Me lo he comprado exclusivamente para usted, espero que sea de su agrado. Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y comenzó a mover sus caderas sobre la pelvis del mayor notando un pequeño bulto sobre sus nalgas. Soltó un jadeo al notar aquello, y sin pudor alguno, agarró las manos de su acompañante y las posó a cada lado de su cadera mientras continuaba restregándose contra su cuerpo. Sus manos eran grandes y ásperas y ejercÃan presión sobre su cadera dejando pequeñas marcas rojizas sobre su erizada piel haciendo que pegara más su cuerpo al de su superior dándole a entender que aquello le habÃa gustado y querÃa más.