Y es el cansancio el que se apodera del semblante infantil, filme que ha visto en quizás tres ocasiones y ninguna (cabe destacar) de éstas veces se ha despertado emoción alguna, nada en comparación al brillo que irradian los iris compañeros. No hay despedida, cuerpo que abandona sillón mullido en búsqueda de una mejor manera de matar el tiempo. Búsqueda rápida de obsequio que apenas unos días llegaba de la mano del cartero, letra conocida y brillo de emoción apenas las selvas reconocieron la caligrafía, y ahora no esta. No al menos donde ella lo ha dejado. Hay molestia en semblante aniñado, pasos firmes se alejan del cobijo de la habitación, se dirige rápida hasta la sala de televisión. “¿Qué te he dicho de tomar mis cosas, Benjamin? No — no tienes respeto por lo que es mío.” y la molestia es más que la habitual, pliegues decoran el semblante. “Arruinas todo.” Queja que pretende sonar como afirmación, pero no lo es, sabe que no es así. // @bazratcnks










