ā AMOR EN ESTACIONES ā
ā¾ Nuestras almas rotas apenas sobrevivieron aquel invierno. BuscĆ”bamos un lugar seguro, donde poder sanar. QuerĆamos calidez tras todos los vientos frĆos que insistĆan en volar lo que quedaba de nosotras. Las tormentas y nevadas casi eternas nos dejaron entre la vida y la muerte, apenas respirando.
Al invierno nunca le interesó quiĆ©n tenĆa un refugio, simplemente es lo que es. Y su frĆo nos habĆa lastimado profundamente a ambas, dejĆ”ndonos con lĆ”grimas de hielo estancadas en nuestras mejillas. Sin voz, ya que eran prisioneras del nudo en nuestra garganta.
Por casualidad, nos encontramos. Y en los ojos de la otra reconocimos nuestros propios demonios, familiarizadas con la oscuridad de los mismos. Creo que por eso me apeguĆ© tanto a tu alma, porque querĆa alguien que entienda. Y encontrĆ© mi hogar en tus abrazos, despuĆ©s de estar perdida en esta nevada que nunca termina.
La primavera nos recibió a ambas con ternura, pero mĆ”s importante, recibimos a la otra. Con ella, floreció la esperanza. CreĆ ver una nueva luz en el brillo de tus ojos cĆ”lidos, y de repente los girasoles que tanto amabas florecieron en mi mente. La verdad es que todo estaba lleno de rosas para nosotras, y lo sabĆamos. Fue una lastima que nos hayamos acordado que las rosas tienen espinas, podrĆamos habernos ahorrado el dolor en el futuro.
Nos llenamos de la otra, y las lĆneas que nos separaban eran cada vez mĆ”s borrosas. No creĆa que podrĆa volver a existir un yo sin tu presencia, y te dejĆ© entrar a las partes mĆ”s oscuras de mĆ.
Sanamos, con la ayuda de la otra. Crecimos junto con las flores. Pero Ʃstas no son eternas, con el tiempo mueren. Y nosotras tambiƩn lo hicimos.
El verano reemplazó a la primavera, y nosotras ya no Ć©ramos lo mismo. Te llamĆ© mi sol, pero olvidĆ© que acercarme demasiado podĆa derretir mis alas. SeguĆamos bien, pero aquello que habĆamos arreglado comenzó a quebrarse nuevamente. PensĆ”bamos que el amor era suficiente para seguir adelante, para seguir juntas, pero no lo fue. AprendĆ dolorosamente que a veces, ni todo el cariƱo del mundo es suficiente.
Llegó el otoƱo, e irónicamente, nosotras caĆmos con sus hojas marchitas. Pero nuestra caĆda no fue digna de una fotografĆa, no lucimos preciosas al caer. Lucimos rotas, y tal vez, lo estamos.