De los años que llevaba viviendo en aquel edificio jamás tuvo una relación cercana con ninguno de sus vecinos, simplemente era intercambiar saludos cordiales con algunos, una que otra conversación trivial con otros y, principalmente, evitar a los que ya conocía sus mañas y no dudarían en cerrarle la puerta en su cara ante un simple hola. No a todos les gustaba recibir un buenos días, pero al menos el vecino frente a su apartamento no era de esos... Aunque al principio temió que sí. Tras la última oleada de calor en aquel horroroso verano le dio el pase para conocer un poco más a aquel con el que compartía piso, con quien nunca antes había intercambiado tantas palabras hasta que ambos decidieron dejar las puertas abiertas para aplacar la temperatura. Era curioso lo que se podía conseguir con un simple gesto como ese, y tenía que reconocer que no se arrepentía de haberlo hecho--- Lo lamento ---Se disculpó enseguida Steve al entrar al apartamento del contrario para sujetar a su mascota, la que con total atrevimiento ingresó hasta ir directo al sofá del otro hombre.
---No ha pasado ni una semana y ya esta chica entró en confianza ---murmuró, mirando con el ceño ligeramente fruncido a Tara, quien desde el sofá les observaba a ambos y movía su cola como si supiera que no podían enojarse con ella. No se equivocaba. Quizás antes de adoptarla debió pensar en un perro flojo y torpe, como un bulldog. ( @indiemon )












