Nicky Romero x Avicii - ICBTO (Space Race x PRXZM Cover) Free Download Blast from the past, with some future
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It’s taking everything I can not to cry Because I know if I do I won’t stop and will end up hysterically crying And I’m not ready to feel all that I will feel if I cry and actually let it out I’m scared to face it
I Could Be The One | Capítulo especial.
Primer día de San Valentín de Camila y Lauren. El espejo se quejó mientras limpiaba la condensación con una toalla. Había pasado tiempo extra bajo el agua caliente de la ducha, al igual que había pasado mucho tiempo conduciendo desde casa hasta clase, y mucho más tiempo extra encontrando el regalo perfecto para Lauren. Nada sobre hoy sería apresurado. Disfrutaría cada momento con mi esposa. Mi esposa. Incluso después de casi un año, el título seguía sonando tan extraño y tan natural al mismo tiempo. Si alguien me hubiera dicho alguna vez cuando llegué a la universidad que yo terminaría casada antes de que terminara mi primer año, les habría rotó los dedos. Algunas personas no son del tipo de casarse. Yo soy una de ellas, también Lauren. De alguna forma, sin embargo, no solo lo hicimos funcionar, el año pasado fue el más feliz de mi vida. La toalla se cayó al suelo, y mire hacia abajo, inspeccionando las oscuras, elegantes líneas en mi piel. Mis dedos tiraron suavemente, haciendo estirar la tinta, y luego soltándola, recorriendo cada delicada curva con la punta del dedo. Yo era todavía la Sra. Jauregui, y ninguna vez me he lamentado de coincidir con mi recuerdo de conseguir un tatuaje, o mi alocada idea de escapar a Las Vegas y casarme. Pero aquella ciudad olvidada de Dios fue el escenario perfecto para las dos para dejar ir nuestros demonios y empezar de nuevo. Dejando todo eso atrás era tan simbólico, y no podía imaginarme haciéndolo de otra manera. Justo después de que termine de secarme el cabello, mi móvil sonó contra la esquina del lavabo. El nombre de Dinah iluminó la pantalla. — ¿Hola? — ¡Hey! No puedo hablar mucho. Siope acaba de llegar a casa y no deja de molestarme. Solo te quería desear un feliz día de San Valentín ya que ustedes no van esta noche. Tan solo porque están recién casadas no significa que no puedan ir a más fiestas de fraternidades, lo sabes. —Lo sé, pero eso nunca fue realmente algo de Laur, y definitivamente tampoco es lo mío. Nosotras no queremos pasar nuestro primer día de San Valentín en una fiesta, Dinah. —No te olvides, de la fiesta del año pasado en Sig Tau por San Valentín que provocó una reunión contigo y el señor Jauregui. El recuerdo regresó con vivos detalles. "…Y al absoluto y horrible horror de perder a tu mejor amiga porque fuiste lo suficientemente estúpida para enamorarte de ella." "¡Bueno, yo te pertenezco!...Te pertenezco." La voz de Dinah me sacudió de nuevo al presente. —No me juzgues. Por lo menos ya no somos estudiantes de primer año más, y Siope no tiene que correr alrededor como un estúpido. Me reí ante la visión, y entonces miré mi reloj. Lauren estaría en casa en cualquier momento. — Los buenos viejos tiempos. —En fin... como dije, no puedo estar mucho al teléfono, pero olvidé de mencionarlo anteriormente en clase, en parte porque estaba intentando mantenerme arriba con el Dr. Hunter a 300 millas por hora de conferencia, y estás en cada clase individual con tu estúpido marido, así que ya no tenemos más privacidad. Sonreí. Coordinar nuestros horarios hizo fácil el transporte y el estudio, pero yo no tenía ni idea. Poner un anillo en mi dedo dejo algo relajada a Lauren. Los pasos realizados hacia mí fueron pocos y distantes entre sí, pero Lauren era Lauren, y respecto a lo que ella me exigía como su amiga, y después como su novia, era diez veces mayor como su esposa. —Feliz día San Valentín para ti y Siope, Dinah. ¿Todavía les gusta el nuevo apartamento? Ella suspiró —lo amo — ¿Tienes ya el anillo? —Diablos, no. Me reí. Siope estaba feliz por nosotras cuando volvimos, pero él se atemorizó cuando Dinah esperaba su proposición. Por suerte para él, Dinah tenía una gran aversión por casarse antes de los treinta años con él. —Lauren llegará pronto. —Si— respiró — mejor me voy, también. Te quiero. Puse el teléfono de vuelta sobre el lavabo y fruncí el ceño, sabiendo que tendría que correr, ahora. Justo cuando terminaba de rizarme el cabello, la perilla de la puerta hizo una serie de balanceos y una especie de ruidos, era una señal de que Lauren estaba en casa. Docenas de pequeños de clics ruidosos se escuchaban a través del suelo, y luego se transfirieron a la puerta. Toto se sentaba en el sillón, esperando y mirando hacia la ventana cada día a esta hora. Una vez que la llave entraba en la cerradura, Toto treparía de la silla a la puerta, esperando celebrar la llegada de Lauren. Lauren me recogía después de clases y después iba a trabajar unas pocas horas en la tarde. La última pelea de Lauren generalmente la mantendría cómoda por un tiempo, pero a causa del fuego en Hellerton, no le pagaron. Mis ahorros se agotaron debido a las payasadas de Alejandro del año pasado, y el círculo desapareció desde el incendio. Lauren prometió no pelear, de todos modos, pero habíamos pasado de vivir bien, a vivir de los préstamos estudiantiles y empleos a tiempo parcial. No era horrible, pero era un ajuste. Ambos dábamos clases privadas por la tarde, yo ayudando a estudiantes a luchar con algebra y con difíciles variables de cálculo, Lauren realizaba tutoría en todo lo demás, pero la mayoría de las facturas se pagaron con el dinero que ella hizo por trabajos escritos. Trabajos ilegales y arriesgados pagaban mejor, y los viejos hábitos mueren duramente. Los zapatos de Lauren habían hecho tres pisadas en el suelo del apartamento y después se retiraron. Un sonido de forcejeo hizo que las esquinas de mis labios se levantaran. La primera nevada de la temporada paso con dos pulgadas de nieve medio derretida y lodosa en el suelo, y ella sabe que limpie esta mañana así no tendría que hacerlo después de clases. Ella estaba limpiando sus zapatos. — ¡Bebe! ¿Estás en casa? — ¡Estoy en casa!— Entoné, tirando hacia arriba mis pestañas con el aplicador de rímel. Ella toco la puerta del baño. — ¡No entres! Gimió. — ¡No te he visto en todo el día! — ¡Me viste hace tres horas! Después de una pequeña pausa Lauren golpeteo la puerta con los dedos —Veo un regalo ahí afuera, ¿supongo que es para mí? —No, es para Toto — ¡Eso no es lindo! Me reí —Si, Laur, es para ti. —Tengo algo para ti, también, así que apresura tu trasero. —La perfección toma tiempo. —Si te hubieras visto en la mañana, sabrías que eso no es verdad. 15 minutos después, estaba escurriendo un vestido rojo tipo baby doll prestado de Dinah por encima de mi cabeza, y después camine hacia la sala donde Lauren estaba. Ella estaba mirando la televisión con el control en una mano. Mi cara era neutral, estaba sorprendida por el hecho de que ella estaba llevando un vestido asombroso, maquillada y con el cabello arreglado, se veía hermosa. Lauren me dio una ojeada desde la esquina de su ojo y se volvió. —Maravillosa. Soy afortunada, una mujer afortunada—dijo, caminando hacia mí hasta que estuve en sus brazos, sus labios tomaron los míos cuidadosamente, y después viajaron por mi mejilla en vertical, pasando cuidadosamente por mi cuello hasta mi clavícula. —Estas hermosa, y ese vestido es solo... Ella se apartó y miró abajo. — ¿Ridículo? ¿Me veo como una idiota? —No, te ves... Estoy considerando sugerir que nos quedemos así. Ella sonrío y orgullosamente agarro mi mano. —Eso suena increíble, pero tenemos una reservación. Vamos. Ella me llevó afuera de la mano, haciendo una pausa en la puerta para ayudarme con mi abrigo. Febrero había sido particularmente brutal. Si no estaba lloviendo o cayendo granizo, el cielo estaba descargando nieve a metros de profundidad. Lauren me ayudó a bajar las escaleras, por lo que me sentí segura de no resbalarme en mis tacones de aguja, pero cuando llegamos a la acera, me levantó en sus brazos. Entrelacé mis dedos en su cuello, ajustando mi nariz entre el lóbulo de su oreja. Ella se sentía increíble. Cuanto más pensaba en ello, más pensaba que deberíamos quedarnos en casa. Después de una hora y media, nosotras estamos sentados en la barra de Rizuli, un restaurante local de comida italiana. Lauren me llevo a comer a la competencia del restaurante de los padres de Logan, eso fue lo que pasó por mi mente, pero decidí no mencionarlo. El sitio estaba lleno, pero afortunadamente encontramos un par de asientos vacíos en la barra mientras esperábamos una mesa. Tomé un sorbo de mi pajita, y observé a Lauren con el ceño fruncido— ¿Que está mal? —Quería que esta noche fuera especial. Esto es un poco sencillo. — ¿sencillo? Este es uno de mis restaurantes favoritos. —Sí, pero un poco... corriente. Quería que nuestro primer San Valentín juntas, no lo sé, fuera extraordinario, ¿supongo? Mira a toda esta gente aquí, haciendo las mismas cosas que nosotras. —Eso no es una cosa mala. Una mujer gritó sobre las docenas de conversaciones tarareando en toda la habitación. — ¿Jauregui? —Vamos— dijo Lauren bajándose del taburete. Me tendió la mano —vámonos. — Pero, — dije apuntando a la mujer. —Ella nos ha llamado por nuestro apellido. Lauren sonrió. —Vamos, Camz. Sin decir una palabra, me bajé y tomé su mano, siguiéndola fuera. Sólo se detuvo para tomar la cena, y luego continuó. Giro tras giro, Lauren se dirigía a la universidad. —No me vas a llevar a la fiesta de Sig tau, ¿verdad? La cara de Lauren demostraba disgusto. Tenía una idea de a dónde nos dirigíamos cuándo estábamos a cuadras de distancia, pero no fue hasta que Lauren estacionó el coche en frente del Bartlen Hall que sabía exactamente lo que estaba haciendo. —Estas bromeando, ¿verdad? —Nop —dijo, cerrando de golpe la puerta del conductor y después corriendo hacia mi lado para abrirme la puerta. Lauren tomó mi mano, y rápida y tranquilamente hicimos nuestro camino a la parte posterior del edificio. —No—dije, mirando la ventana del sótano abierta. Lauren ya se había respaldado y saltó antes de que pudiera protestar más. — ¡Vamos Camz! La nieve estaba aún esparcida por el suelo. Iba a estar húmeda y fría y al instante de mal humor. — ¡de ninguna manera! La mano de Lauren salió disparada desde la oscuridad del sótano como un gato llegando por debajo de una puerta. — ¡Será como en los viejos tiempos! —No simplemente no, Lauren. ¡Diablos no! — Se está poniendo solitario aquí abajo. — ¡Esto es una idea horrible! — ¡Estas arruinando mi plan! — ¡Estás loca! Este ni siquiera es mi vestido, ¡y estas pidiéndome que lo arruine! — Es un poco temprano en la noche para eso. Podría casi escucharla intentando no reírse. Crucé mis brazos. Después de una larga pausa, la voz de Lauren, baja y desesperada, flotaba por la ventana. — ¿Por favor? Rodé mis ojos. —Bien. Dos pasos hacia atrás, un chillido, y una caída después, me encontraba en los brazos de Lauren en el sótano de Bartlen. La construcción donde nos encontramos por primera vez. Finalmente uno de los salones abrió a una habitación grande y familiar y sin los chicos borrachos de la fraternidad gritando hombro a hombro. Parecía más grande, y menos... sudorosa. Yo podía casi escuchar la voz de Troy a todo volumen a través del megáfono, y sentí una corriente de energía explotar una vez que Lauren entro en la habitación. Pensé en lo de mi sangre rociando mi cárdigan, y mis ojos viajando desde mi cachemir hasta un cuerpo tonificado y luego a unos ojos verdes penetrantes. Lauren me llevó al centro de la habitación. El recuerdo de ella limpiando la sangre de mi cara y alejando a todo aquel que se me acercara se reprodujo en mi mente. —Pidgeon, — dijo Lauren, casi al mismo tiempo en que ella dijo la palabra en mi memoria. —Es aquí donde todo empezó. —Donde te vi por primera vez. Cuando volviste todo mi jodido mundo al revés. — Ella se inclinó hacia abajo y me besó en la mejilla, y luego me entregó una pequeña caja. —No es mucho. He estado ahorrando para ello, sin embargo. Lo abrí, y una ancha, y ridícula sonrisa atravesó mi rosto. Era una encantadora pulsera. —Es la historia de nosotras—, dijo. Un suéter, un par de dados, una perla con tréboles en ella. Miré a Lauren. —Se supone que eso significa nuestra apuesta—, dijo ella, juntando los dados, —y esto es por la primera noche que bailamos, dijo señalando una perla roja. El siguiente dije era una moto, el siguiente un corazón. — ¿Por la primera vez que te dije te amo?— Sip —ella parecía complacida de que lo imagine por mi cuenta. — ¿Y esta?— dije, señalando una baraja de cartas. — ¿Por la noche de Poker con tu padre?— Lauren sonrió de nuevo. El siguiente era un pavo, y yo reí. El próximo dije era una planicie negra. — Por el tiempo que pasamos separadas. El momento más oscuro de mi vida. La siguiente era una llama. No me gusta pensar en el fuego, pero era una parte de nuestra historia, y era una parte de nosotras. La siguiente cuenta era un anillo. Levanté la vista hacia ella. —Esto es hermosamente asombroso. —Hay espacio para más. Este es solo el comienzo de nuestra historia, Camz. Me puse el brazalete alrededor de la muñeca. Lauren me ayudó con el cierre, y después jugueteó con su móvil por un momento, lo colocó en una mesa pequeña a unos metros de distancia. Ella puso mis manos sobre sus hombros, y luego la música empezó a sonar. Era la canción que bailamos en mi fiesta de cumpleaños del año anterior. — No tenía idea—dije. — ¿Qué? — Que eras tan sentimental — Tú lo hiciste. Apoyé la cabeza en su hombro, feliz de que esta vez pudiera besarla cuando la canción terminara. Una vez que la música se detuvo, toqué mis labios con los suyos, y le entregué un saco rojo claro. —Debí haberte dado esto primero, la pulsera era algo difícil de seguir. —No importa lo que sea, Camz. Ya me has dado todo lo que siempre quise.
I Could Be The One | Capítulo 48 [FINAL]
POV Camila Aquellos que se encontraban sentados en el borde más lejano del restaurante comenzaron a gritar, casi empujando sobre las mesas y los niños para escaparse. Las copas de vino se rompieron y los cubiertos resonaron en el suelo. Una piña con forma de huracán fue derribada, rodó por la mesa y se rompió. Dinah le rodó los ojos a cerca de unas veinte personas reunidas a unas cuantas mesas más lejos. —¡Cristo en la cruz, gente! ¡Sólo es un poco de lluvia! Los meseros y anfitriones se apresuraron a soltar las paredes enrolladas al exterior del restaurante. —Y te quejabas porque no teníamos una vista al océano —bromeó Normani. —Sí, ahora esas perras pretenciosas no están sonriendo con superioridad, ¿no? —dijo Dinah, señalando y sonriendo al paquete de seis rubias ahora acurrucadas y mojadas. —Ya está bien, Dinah. Has tenido demasiadas copas de vino —dije. —Estoy de vacaciones y es una despedida de soltera. Se supone que debo estar borracha. Palmeé su mano. —Eso estaría bien si no fueras una borracha insoportable. —Vete a la mierda, puta, no soy una borracha insoportable. —Me le quedé mirando, y ella me guiñó y sonrió—. Sólo bromeaba. Normani dejó caer su tenedor en el plato. —Estoy llena. ¿Ahora qué? Dinah sacó una pequeña carpeta de su cartera con una sonrisa retorcida. Tenía unas pequeñas letras de foamy pegadas al frente que decía “LAUREN & CAMLA” y la fecha de nuestra boda. —Ahora jugaremos. —¿Qué clase de juego? —pregunté, cautelosa. Abrió la carpeta. —Como Natalia no podía estar aquí hasta mañana, hizo esto —dijo, volteando el frente para leer las palabras pintadas allí—. El juego: ¿Qué diría tu esposo? He oído hablar de él. Es súper divertido, aunque generalmente es sobre tu futuro esposo, o en este caso esposa, por supuesto—dijo, agitándose con entusiasmo en su asiento—. Entonces… Natalia le hizo a Lauren estas preguntas la semana pasada y envió el libro conmigo. —¿Qué? —grité—. ¿Qué tipo de preguntas? —Prepárate para averiguarlo —dijo, agitando la mano hacia un mesero. Él trajo una bandeja llena de chupitos de gelatina de colores brillantes. —Oh por Dios… —dije. —Si no aciertas, bebes. Si aciertas, nosotras bebemos. ¿Lista? —Por supuesto —dije, mirando a Cece y Normani. Dinah se aclaró la garganta, sosteniendo la carpeta frente a ella. — ¿Cuándo supo Lauren que eras la indicada? Pensé por un instante. —La primera noche de póker en la casa de su papá. —¡Errrr! —Dinah hizo un horrendo sonido con su garganta—. Cuando se dio cuenta que no era lo suficientemente buena para ti, el cual fue el momento en que te vio. ¡Bebe! —¡Aw! —dijo Normani, sosteniendo su mano en su pecho. Tomé un pequeño vaso de plástico y embutí el contenido en mi boca. Delicioso. No iba a perder la cabeza en absoluto. —¡Siguiente pregunta! —dijo Dinah—. ¿Cuál es su cosa favorita de ti? —Mi sazón. —¡Errrrr! —Dinah hizo el sonido de nuevo—. ¡Bebe! —Eres terrible en este juego —dijo Cece, claramente divertida. —Tal vez lo estoy haciendo a propósito. ¡Estos están buenos! —dije, metiéndome otro chupito en mi boca. —¿La respuesta de Lauren? Tu risa. —Guau —dije, sorprendida—. Eso es adorable. —¿Cuál es su parte favorita de tu cuerpo? —Mis ojos.—¡Ding, ding, ding! ¡Correcto! Normani y Cece aplaudieron, yo incliné la cabeza. —Gracias, gracias. Ahora beban, perras. Todas rieron y tomaron sus chupitos. Dinah pasó la página y leyó la siguiente pregunta. —¿Cuándo es que Lauren quiere tener hijos? —Oh. —Respiré a través de mis labios—. ¿En siete… ocho años? —Un año después de la graduación. Cece y Normani hicieron la misma cara; sus bocas formaron un “oh”. —Beberé —dije—, pero ella y yo tendremos que hablar sobre eso un poco más. Dinah sacudió la cabeza. —Este es un juego de pre-boda, Camila. Deberías ser mejor en esto. —Cállate y continúa. Cece señaló—: Técnicamente no se puede callar y continuar. —Cállate —dijimos al unísono Dinah y yo. —¡Siguiente pregunta! —dijo Dinah—. ¿Cuál crees que fue el momento favorito de Lauren de su relación? —¿La noche que ganó la apuesta y me mudé? —¡Correcto otra vez! —dijo Dinah. —Esto está tan dulce. No puedo tomarlo —dijo Normani. —¡Bebe! Siguiente pregunta —dije, sonriendo. —¿Cuál es la cosa que Lauren dijo que nunca olvidará que tú le dijiste? —Wow. No tengo idea. Cece se inclinó. —Sólo adivina. —¿La primera vez que le dije que la amaba? Dinah entrecerró los ojos, pensando. —Técnicamente, estás equivocada. ¡Dijo que fue la vez que le dijiste a Parker que amabas a Lauren! —Dinah se echó a reír y así lo hicimos el resto de nosotras—. ¡Bebe! Dinah pasó otra página. —¿Cuál es el objeto sin el que Lauren no puede vivir? —Su moto. —¡Correcto! —¿Dónde fue su primer cita? —Técnicamente fue en Pizza Shack. —¡Correcto! —dijo Dinah de nuevo. —Pregúntale algo más difícil o nos vamos a emborrachar —dijo Cece, tomándose otro chupito. —Mmm… —dijo Dinah, hojeando las páginas—. Oh, aquí vamos. ¿Cuál crees qué es la cosa favorita de Camila sobre ti? —¿Qué clase de pregunta es esa? —pregunté, ellas me miraron expectantes—. Mmm… mi cosa favorita sobre ella es la manera en que siempre me toca cuando nos sentamos juntas, pero apuesto a que dijo su tatuaje. —¡Maldición! —dijo Dinah—. ¡Correcto! —Bebieron y aplaudí para celebrar mi pequeña victoria. —Una más —dijo Dinah—. ¿Cuál cree Lauren que es tu regalo favorito de ella? Hice una pausa por un par de segundos. —Esa es fácil. El álbum de recortes que me regaló por el día de San Valentín este año. ¡Ahora, beban! Todas se rieron y a pesar de que era su turno, compartí el último chupito con ellas. Normani se limpió la boca con una servilleta y me ayudó a recoger los vasos vacíos y colocarlos en la bandeja. —¿Cuál es el plan ahora, Dinah? Dinah no paraba de agitarse, claramente emocionada por lo que estaba a punto de decir. —Visitaremos los Clubes. De eso se trata. Negué con la cabeza. —De ninguna manera. Ya hablamos de esto. Dinah sacó su labio inferior. —No —dije—. Estoy aquí para renovar mis votos, no para divorciarme. Piensa en algo más. —¿Por qué ella no confía en ti? —dijo Dinah, su voz pareciéndose mucho a un lloriqueo. —Si yo realmente quisiera ir, iría. Simplemente respeto a mi esposa y preferiría pasármela bien que sentarme en un club lleno de humo con luces que me dan dolor de cabeza. Sólo le haría preguntarse qué pasó y yo prefiero no ir allí. Ha funcionado hasta ahora. —Respeto a Siope y aun así voy a Clubes sin él. —No, no lo haces. —Sólo porque todavía no he querido. Está noche, quiero. —Bueno, yo no. Dinah juntó las cejas. —Está bien. Plan B. ¿Noche de póker? —Muy divertido. POV Lauren —¡Calma tus nervios, amiga! —dijo Siope. Bajó la mirada hacia mis dedos nerviosamente golpeando contra el reposabrazos de metal. Habíamos aterrizado y deslizado por la pista de manera segura, pero por alguna razón todavía no estaban listos para dejarnos salir. Todo el mundo se encontraba en silencio esperando por ese diminuto ding que significaba la libertad. Algo sobre el ding de la luz de los cinturones abrochados hizo que todos saltaran y se apresuraran a conseguir su equipaje de mano y formaran una fila. Sin embargo, yo de verdad tenía una razón para estar apurada, así que la espera fue particularmente irritante. —¿Qué demonios está tomando tanto tiempo? —dije, quizás un poco demasiado fuerte. Una mujer en frente de nosotros con un niño de edad para ir a la escuela primaria se giró lentamente para darme una mirada—. Lo siento. —Miró hacia delante enfurruñada. Miré mi reloj. —Vamos a llegar tarde. —No, no vamos a llegar tarde —dijo Siope en su típica voz suave y calmada—. Todavía tenemos tiempo de sobra. Me estiré hacia un lado, mirando hacia el pasillo como si eso fuera ayudar. —Las azafatas no se han movido. Espera, una está al teléfono. —Esa es una buena señal. Me senté derecha y suspiré. —Vamos a llegar tarde. —No. No vamos a llegar tarde. Tú simplemente la extrañas. —La extraño —dije, sabía que me veía miserable y ni siquiera iba a intentar ocultarlo. Esta era la primera vez que Camila y yo pasábamos una noche separadas desde antes de casarnos y era miserable. Incluso después de un año, todavía la buscaba cuando se despertaba en la mañana. Incluso la extrañaba cuando dormía. Siope sacudió la cabeza en desaprobación. —¿Recuerdas cuando solías darme tanta mierda por comportarme así? —Tú no amas de la manera en que yo la amo. Siope sonrió. —¿Realmente eres feliz? —Tanto como la amaba en ese entonces, ahora la amo aún más. Al igual que papá solía hablar de mamá. Siope sonrió y luego abrió la boca para responder, pero la luz del cinturón de seguridad sonó, enviando a todo el mundo en una ráfaga de pie, estirándose y situándose en el pasillo. La madre en frente de mí sonrió. —Felicitaciones —dijo—. Parece que lo has averiguado mejor que la mayoría de las personas. La fila comenzó a avanzar. —En realidad, no. Sólo tuvimos una gran cantidad de duras lecciones desde el principio. —Afortunada —dijo, dirigiendo a su hijo por el pasillo. Me eché a reír, pensando en las metidas de patas y decepciones, pero ella tenía razón. Si tuviera que hacerlo todo de nuevo, preferiría soportar el dolor en un principio que haberlo tenido fácil y luego tenerlo todo yéndose a la mierda más adelante. Siope y yo nos apresuramos a la zona para recoger el equipaje, conseguimos el nuestro y luego nos apresuramos a la salida para tomar un taxi. Me sorprendió ver a un hombre en un traje negro sosteniendo un pizarrón blanco con “FIESTA JAUREGUI” garabateado con marcador rojo. —Hola —dije. —¿Jauregui? —dijo, sonriendo ampliamente. —Esos somos nosotros. —Soy el señor Gumbs. Justo por este lado. —Tomó mi maleta más grande y nos llevó afuera hacia un Cadillac Escalade negro—. Se van a quedar en el Ritz- Carlton, ¿cierto? —Sí —dijo Siope. Cargamos la camioneta con el resto de las maletas y luego nos sentamos en los asientos de la fila central. —Anotación —dijo Siope, mirando alrededor. El chofer arrancó, conduciendo arriba y abajo por las colinas, alrededor de las curvas, todo en el lado equivocado de la carretera. Era confuso, porque el volante estaba del mismo lado que el nuestro. —Me alegro de que no alquiláramos un coche —dije. —Sí, la mayoría de los accidentes aquí son causado por los turistas. —Apuesto a que sí —dijo Siope. —No es difícil. Sólo tienes que recordar que estás más cerca de la acera — dijo él, dando un karatazo en el aire con su mano izquierda. Continuó dándonos un mini-recorrido, señalando diferentes cosas a lo largo del camino. Las palmeras me hicieron sentir lo suficientemente fuera de nuestro elemento, pero los carros estacionados en el lado izquierdo de la carretera realmente jugaban con mi cabeza. Las grandes colinas parecían tocar el cielo, salpicada de pequeñas manchas blancas, lo que asumí que eran casas en las laderas. —Eso de allí es el Havensight Mall —dijo el Señor Gumbs—, donde todos los cruceros atracan, ¿ven? Vi los grandes barcos, pero no podía dejar de mirar el agua. Nunca antes había visto el agua de un azul tan puro. Supongo que por eso lo llaman el Caribe azul. Fue malditamente increíble. —¿Qué tan cerca estamos? —Ya casi llegamos —dijo el señor Grumbs con una sonrisa feliz. Justo en ese momento, el Cadillac desaceleró hasta detenerse para esperar por el tráfico que se aproximaba, y luego nos metimos en un largo viaje. Se detuvo una vez más por una caseta de seguridad, nos saludaron con la mano y luego continuamos en otro largo viaje hasta la entrada del hotel. —¡Gracias! —dijo Siope. Se inclinó hacia el chofer y luego sacó su teléfono, rápidamente tecleando en la pantalla. Su teléfono hizo un sonido de beso, así que debió haber sido Dinah. Leyó el mensaje y luego asintió—. Parece que tú y yo iremos a la habitación de Dinah, y ellas se alistaran en la tuya. Hice una mueca. —Eso es… raro. —Supongo que todavía no quieren que veas a Camila. Sacudí mi cabeza y sonreí. —Ella estaba de esa manera la última vez. Un empleado del hotel nos mostró un carrito de golf y luego nos llevó a nuestro edificio. Lo seguimos a la habitación correcta y luego entramos. Era bastante… tropical, el sofisticado Ritz-Carlton tropical. —¡Esto es suficiente! —dijo Siope, todo sonriente. Fruncí el ceño. —La ceremonia es en dos horas. ¿Tengo que esperar dos horas? Siope levantó un dedo, tecleó en su teléfono y luego levantó la mirada. — Nop. Puedes verla cuando esté lista. Por Camila. Al parecer, también te extraña. Una gran sonrisa se extendió por mi cara. No lo podía evitar. Camila tenía ese efecto en mí, dieciocho meses atrás, un año atrás, ahora y por el resto de mi vida. Saqué mi teléfono. Te amo, bebé. ¡Oh Dios Mío! ¡Estás aquí! ¡Yo también te amo! Te veo pronto. Puedes apostar tu trasero. Me reí a carcajadas. Había dicho antes que Camila era mi todo. Durante los últimos 365 días consecutivos, ella había probado que eso era cierto. Alguien tocó la puerta y me acerqué para abrir. El rostro de Chris se iluminó. —¡Hermanita! Me eché a reír de nuevo, sacudí la cabeza y les hice señas a mis hermanos para que entraran. —Entren, malditos paganos. Tengo una esposa esperando y un hermoso vestido con mi nombre en él. ~~~ Un año después del día que estuve al final de un pasillo en Las Vegas, me encontré esperando a Camila nuevamente, esta vez en un mirador con vista a las aguas azules que rodeaban St. Thomas. Sillas blancas con listones color naranja y morado atados alrededor del respaldo estaban a un lado, el océano del otro. Tela blanca bordeaba el pasillo por el cual caminaría Camila, y flores anaranjadas y moradas se encontraban prácticamente en todas partes a donde miraba. Hicieron un lindo trabajo. Aunque seguía prefiriendo nuestra primera boda, este parecía el sueño de cualquier chica. Camila estaba allí sola, detrás de una hilera de árboles, con las manos vacías, un velo largo y blanco sobre su cabello recogido que se movía con la brisa del Caribe. Su largo vestido blanco se ceñía a su cuerpo y era un poco brillante. Probablemente satín. No estaba segura y no me importaba. Todo en lo que me podía concentrar era en ella. Salté los cuatro escalones de la glorieta y corrí con mis altos zapatos hacia mi esposa, encontrándola en la última hilera de sillas. —¡Oh, Dios mío! ¡Te he extrañado un infierno! —dije, envolviéndola en mis brazos. Los dedos de Camila presionaban mi espalda. Esta era la mejor cosa que sentía en tres días, desde su último abrazo de despedida. Camila no habló, sólo río nerviosamente, pero me di cuenta de que también estaba feliz de verme. El último año había sido tan diferente de los primeros seis meses de nuestra relación. Se había comprometido totalmente a mí, y yo me había comprometido totalmente a ser la persona que se merecía. Era lo mejor, y la vida era buena. Los primeros seis meses seguía esperando que algo malo ocurriera y que la apartaran de mi lado, pero después nos acostumbramos a nuestra nueva vida. —Estás increíblemente hermosa —dije, después de separarme un poco de ella para mirarla mejor. Camila alargó la mano para tocar el riso de mi cabello. —Tu también lo estás, señora Jauregui. Después de un par de besos, abrazos y anécdotas sobre nuestras fiestas de despedidas, las cuales parecieron ocurrir igualmente sin incidentes, los invitados comenzaron a llegar. —Supongo que esto significa que debemos ir a nuestros lugares —dijo Camila. No podía ocultar mi decepción. No quería estar un segundo más sin ella. Camila tocó mi mandíbula y luego se levantó de puntillas para besar mi mejilla—. Te veré dentro de poco. Se marchó, desapareciendo nuevamente detrás de los árboles. En cualquier momento, ella saldría y todo el mundo vería lo que yo vi un año atrás, y se encontrarían hipnotizados, como yo lo estuve. POV Camila Después de un largo abrazo, Gordon me sonrió. —Estás hermosa. Estoy muy orgulloso de ti, cariño. —Gracias por entregarme —dije, un poco avergonzada. Pensar en todo lo que él y Milika habían hecho por mí hizo que lágrimas cálidas llenaran mis ojos. Parpadeé para desaparecerlas antes de que rodaran por mis mejillas. Gordon besó mi frente. —Tenemos la bendición de tenerte en nuestras vidas, pequeña. La música comenzó, haciendo que Gordon me ofreciera su brazo. Lo acepté y caminamos por el pequeño pasillo cubierto de gruesos árboles floreciendo. Dinah estuvo preocupada de que lloviera, pero el cielo se encontraba casi despejado, los rayos del son nos bañaban. Gordon me guió hasta el final de los árboles y luego giramos, de pie justo detrás de Cece, Normani, Natalia y Dinah. Todas excepto Dinah estaban vestidas de morado, con minivestidos sin tirantes. Mi mejor amiga vestía de naranja. Todas se veían absolutamente hermosas. Cece me ofreció una pequeña sonrisa. —Supongo que el hermoso desastre se convirtió en una hermosa boda. —Los milagros ocurren —dije, recordando la conversación que ella y yo tuvimos en lo que parecía hace toda una vida. Cece rió una vez, asintió y luego apretó el pequeño ramo de rosas con sus manos. Rodeó la esquina, desapareciendo detrás de los árboles. Pronto siguió Normani, luego Natalia. Llegó el turno de Dinah, envolvió su brazo alrededor de mi cuello. —¡Te quiero! —dijo abrazándome fuertemente. Gordon apretó su agarre, yo hice lo mismo con mi ramo. —Aquí vamos, pequeña. Doblamos la esquina, y el pastor les indicó a todos que se pusieran de pie. Vi los rostros de mis amigos y mi nueva familia, pero no fue hasta que vi las mejillas húmedas de Mike Jauregui que contuve la respiración. Luché por mantener el control. Lauren se acercó a mí. Gordon posó su mano sobre las nuestras. —¿Quién entrega a esta mujer? —preguntó el pastor. —Su madre y yo. —Las palabras me sorprendieron. Gordon había estado ensayando con Milika y conmigo toda la semana. Después de escuchar eso no podía contener las lágrimas, mis ojos se llenaron y desbordaron. Gordon besó mi mejilla, se alejó y yo me quedé allí con mi esposa. Ella estaba completamente hermosa. Lauren limpió tiernamente mis mejillas, y luego subimos a la plataforma de la glorieta, directamente en frente del pastor. —Nos hemos reunido aquí para celebrar la renovación de votos… — comenzó el pastor. Su voz se mezcló con el sonido del océano golpeando las rocas en el fondo. Lauren se inclinó hacia mí, apretando mi mano mientras susurró—: Feliz aniversario, Camz. Miré hacia sus verdes ojos, tan llenos de amor y esperanza como lo estuvieron el año pasado. —Uno menos, un por siempre por venir —susurré. ~~~ Hola! gracias a todos/as las que siguieron esta fic :) En unos días les daré un regalo mas. Un capítulo especial, saludos.
I Could Be The One | Capítulo 47
POV Camila Gotas de agua en mi piel, mezclándose con el protector solar y magnificando la textura de mí bronceado estómago. El sol caía sobre nosotras, y todos los demás en la playa, provocando una danza de calor en ondas en la parte superior de la arena entre los brillantes parches de toallas de playa. —Señora —dijo el camarero, inclinándose con dos bebidas. El sudor goteaba de su piel oscura, pero sonreía—. ¿Lo carga a la habitación? —Sí, gracias —le dije, tomando mi margarita de fresa congelada y firmando el recibo. Dinah tomó la suya y agitó el hielo con su pequeño pajita. —Esto. Es. El Cielo. Todos nos merecíamos un poco de cielo para recuperarnos del año pasado. Después de asistir a decenas de funerales, ayudar mucho a Lauren con su culpa, y desplegar más preguntas de los investigadores. Los estudiantes que se encontraban en la lucha mantuvieron el nombre de Lauren fuera al hablar con las autoridades, pero los rumores se extendían, y tomó mucho tiempo para que la detención de Troy fuera suficiente para las familias. Tomó un montón convencer a Lauren para que no se entregara. La única cosa que parecía detenerla era el que le rogase que no me dejara sola, y el saber que Chris sería acusado por interferir en la investigación. Los primeros seis meses de nuestro matrimonio estaban lejos de ser fáciles, y nos pasamos un montón de largas noches discutiendo sobre lo que era correcto hacer. Tal vez era incorrecto para mí mantener a Lauren en prisión, pero no me importaba. No creía que era más culpable que cualquiera que había elegido estar en ese sótano esa noche. Nunca me arrepentiría de mi decisión, al igual que nunca me arrepentiría de mirar directamente a los ojos de ese detective y mentir hasta mis huesos para salvar a mi esposa. —Sí —dije, mirando el agua subir por la arena y luego retroceder—. Tenemos que agradecerle a Lauren. Estuvo en el gimnasio con el mayor número de clientes que pudo encajar alrededor de sus clases seis días a la semana de las cinco de la mañana hasta las diez de la noche. Todo esto fue gracias a ella. Porque te aseguro que no fue el dinero de mis tutorías lo que nos trajo hasta aquí. —¿Agradecerle? ¡Cuando me prometió una boda real, no sabía que quería decir un año después! —Dinah —la regañé, girándome hacia ella—. ¿Podrías ser más malcriada? Estamos en una playa, bebiendo margaritas congeladas en St. Thomas. —Supongo que me dio un poco de tiempo para planificar tú despedida de soltera y la renovación de tus votos —dijo, tomando un sorbo. Sonreí, girándome hacia ella. —Gracias. Lo digo en serio. Y esta es la mejor despedida de soltera en la historia de las despedidas de soltera. Normani, quien se había convertido en una gran amiga nuestra en estos meses, se acercó y se sentó en la silla al otro lado de mí. —¡El agua está tan cálida! —dijo, empujando hacia arriba las gafas de sol de gran tamaño—. Hay un tipo allí que enseña a los niños a hacer windsurf. Está estúpidamente caliente. —Tal vez puedes hablarle para que sea nuestro stripper más tarde —dijo Dinah, con la cara seria. Crece frunció el ceño. —Dinah, no. Lauren estaría furiosa. Camila, esta no es realmente una despedida de soltera, ¿recuerdas? Dinah se encogió de hombros, dejando que sus ojos se cerraran detrás de sus gafas de sol. Aunque Cece y yo nos acercamos demasiado desde que me mudé, ella y Dinah aún no se hallaban en los mejores términos. Probablemente debido a que ambas decían exactamente lo que pensaban. —Culparemos a Normani —dijo Dinah—. Lauren no puede enojarse con ella. Tiene una deuda eterna con ella por dejarla entrar a Morgan esa noche que se encontraban peleadas. —Eso no quiere decir que quiero estar en el lado equivocado de la rabia Jauregui —dijo Normani, estremeciéndose. Me burlé. —Sabes que ella no ha arremetido en mucho tiempo. Tiene bajo control su ira ahora. Normani y yo compartimos dos clases ese semestre, y cuando la invité al apartamento para estudiar, Lauren la reconoció como la chica que lo dejó entrar a nuestro dormitorio. Como Lauren, su hermano también era miembro de la fraternidad Sigma Tau, así que ella era una de las pocas chicas bonitas en el campus con la que Lauren no había coqueteado. —Lauren y Siope estarán aquí mañana por la tarde —dijo Dinah—. Tenemos que hacer nuestra fiesta esta noche. No crees que Lauren esté sentada en casa sin hacer nada, ¿verdad? Vamos a salir y vamos a jodidamente pasar bien el rato, te guste o no. —Eso está bien —le dije—. Simplemente sin strippers. Y no demasiado tarde. Esta boda tendrá público. No quiero verme con resaca. Normani levantó la bandera al lado de su silla, y casi inmediatamente un camarero vino. —¿En qué puedo ayudarla, señorita? —Una piña colada, por favor. —Por supuesto —dijo, retrocediendo. —Este lugar es ostentoso —dijo Dinah. —Y te preguntas por qué nos tomó un año ahorrar para esto. —Tienes razón. No debería haber dicho nada. Laur quería que tuvieras lo mejor. La entiendo. Y fue agradable que mamá y papá pagaran mi pasaje. De seguro no habría sido capaz de llegar de otro modo. Me reí. —Me prometiste que podía ser una dama de honor y hacer todo lo que me hiciste perder el año pasado. Los veo pagando como regalo de boda y regalo de aniversario para ti, y un regalo de cumpleaños para mí todo en uno. Si me preguntas, lo consiguieron barato. —Todavía es demasiado. —Camila, te quieren como a una hija. Papá está muy emocionado sobre caminar contigo hacia el altar. Déjalos hacer esto sin arruinar el espíritu —dijo Dinah. Sonreí. Los Hansen me trataron como familia. Ahora no sólo tenía al revoltoso clan Jauregui como familia, sino que también tenía a los padres de Dinah. Había pasado de pertenecer a nadie, a ser parte de dos familias maravillosas que eran increíblemente importantes para mí. Al principio, me hizo sentir ansiosa. Nunca he tenido mucho que perder antes. Pero con el tiempo, me di cuenta de que mi nueva familia no iba a ir a ninguna parte, y aprendí cuánto bien podía venir de la desgracia. —Lo siento. Voy a tratar de aceptar esto amablemente. —Gracias. —¡Gracias! —dijo Normani, tomando su bebida de la bandeja. Firmó la cuenta y comenzó a sorber el brebaje con sabor a fruta—. ¡Estoy muy emocionada de ir a esta! —También yo —dijo Dinah, mirando en mi dirección. Apenas me había perdonado por casarme sin ella. Y, honestamente, esperaba que nunca tratara de sacar el mismo movimiento conmigo. Pero el matrimonio seguía siendo un largo camino que recorrer para ella. Ella y Siope iban a conseguir su propio apartamento, pero ambos decidieron que a pesar de que se hallaban siempre alrededor del otro, Dinah se quedaría en Morgan, y Siope se mudaría a Helms, el dormitorio de hombres. Los padres de Dinah eran los más contentos con este arreglo. Amaban a Siope, pero estaban preocupados de que el estrés de las cuentas y los trabajos del mundo real afectaran a Siope y a Dinah en el enfoque de la escuela. Dinah se esforzaba, incluso en los dormitorios. —Sólo espero no tener problemas. No me gusta la idea de estar de pie delante de toda esa gente mirándonos. Dinah exhaló una risa. —Elvis no fue invitado, pero estoy segura de que aún así será hermosa. —Todavía no puedo creer que Elvis estuvo en tu boda —dijo Normani, riendo. —No el que está muerto —dijo Cece sin expresión. —Él no fue invitado en esta ocasión —dije, mirando a los niños tomando clases de windsurf y haciéndolo por su cuenta. —¿Cómo fue? ¿Casarse en Las Vegas? —preguntó Normani. —Fue... —dije, pensando en el momento en que nos fuimos, casi exactamente un año atrás—, estresante y aterrador. Estaba preocupada. Lloré. Fue bastante perfecto. La expresión de Normani era una combinación de disgusto y sorpresa. — Así suena. POV Lauren —Vete a la mierda —le dije, disgustada. —¡Oh, vamos! —dijo Siope, temblando de risa—. Solías decir que yo era el único sometido. —Vete a la mierda otra vez. Siope apagó el motor. Había aparcado el Charger en el lado más alejado del estacionamiento de Cherry Papa’s. Casa de las más gordas y sucias strippers de la ciudad. —No es como si fueras a llevarte a una de ellas a casa. —Se lo prometí a Camz. Sin strippers. —Te prometí una despedida de soltera. —Amigo, vamos a casa. Estoy llena, cansada, y tenemos que coger un avión en la mañana. Siope frunció el ceño. —Las chicas han estado tumbadas en una playa en St. Thomas durante todo el día, y ahora es probable que estén de fiesta en un club. Sacudí la cabeza. —No vamos a clubs sin la otra. Ella no haría eso. —Lo haría si Dinah lo planeó. Sacudí la cabeza de nuevo. —No, jodidamente no lo haría. No voy a entrar en el club de striptease. O bien eliges otra cosa, o me llevas a casa. Siope suspiró y entrecerró los ojos. —¿Qué hay con eso? Seguí su línea de visión a la próxima cuadra. —¿Un hotel? Siope, te quiero hombre, pero no es una despedida de soltera real. Primero, deberías ser una chica para que contara, segundo estoy casada. E incluso si no lo estuviera, todavía no tendría sexo contigo. Siope rió y sacudió su cabeza. —Hay un bar allí. No es un club. ¿Está eso permitido en tu larga lista de reglas del matrimonio? Fruncí el ceño. —Solo respeto a mi esposa. Y sí, imbécil, podemos entrar ahí. —Increíble —dijo, frotándose las manos. Atravesamos la calle, y Siope abrió la puerta. Estaba completamente oscuro. —Uh... —comencé. De repente, las luces se encendieron. Taylor y su novio lanzaron confeti en mi cara, la música comenzó a sonar a todo volumen, y luego vi la peor cosa que jamás había visto en mi vida: Chris en una tanga, cubierto de unos diez kilos de brillo corporal. Llevaba una barata peluca amarilla, y Natalia se reía en voz alta, animándolo. Siope me empujó el resto del camino. Mi papá se hallaba a un lado de la sala, de pie junto a mi tío Jack Ambos sacudían sus cabezas. El resto de la habitación estaba llena de hermanos Sigma Tau y jugadores de fútbol. —Dije sin strippers —expresé, mirando atónita como Chris bailaba por la habitación como Britney Spears. Siope se echó a reír. —Lo sé, hermana, pero parece que el espectáculo comenzó antes de llegar aquí. Era un choque de trenes. Mi cara se frunció con disgusto mientras miraba a Chris golpear y moler su camino a través del cuarto; a pesar de que yo no quería. Todos en la sala lo animaban. Figuras de cartón de tetas colgaban del techo, y había incluso un pastel de pechos en una mesa al lado de mi padre. Había estado en varias despedidas de soltera antes, y ésta tenía que ganar algún tipo de premio por la más rara. —Oye —dijo Chris sin aliento y sudando. Sacó unos mechones de pelo amarillo de su cara. —¿Perdiste una apuesta? —pregunté. —De hecho, lo hice. Taylor y su novio Thomas se encontraban al otro lado de la habitación, golpeando sus rodillas y se reían tan fuerte que apenas podían respirar. Le di una palmada al culo de Chris. —Te ves caliente, hermano. —Gracias —dijo. La música empezó y sacudió sus caderas hacia mí. Lo alejé, y sin inmutarse, bailó por la habitación para entretener a la multitud. Miré a Siope. —No puedo esperar para ver cómo le explicas esto a Camila. Sonrió. —Ella es tu esposa. Tú lo harás. Por las próximas cuatro horas, bebimos y hablamos, y vimos a Chris hacer un completo ridículo de sí mismo. Mi padre, como era de esperar, se fue antes de tiempo. Él, junto con mis otros hermanos, tenía que tomar un avión. Todos volaríamos a St. Thomas en la mañana para la renovación de mis votos. Durante el último año, Camila hizo tutorías, y yo hice un poco de entrenamiento personal en el gimnasio local. Habíamos conseguido ahorrar un poco después de los costos escolares, la renta y el pago de su automóvil para viajar a St. Thomas y quedarnos unos días en un hotel agradable. Teníamos un montón de cosas que podríamos haber hecho con el dinero, pero Dinah seguía hablando de eso y no nos dejaría abandonar la idea. Luego, cuando los padres de Dinah nos dieron el regalo de bodas/regalo de cumpleaños de Dinah/regalo de aniversario, tratamos de decir no, pero Dinah fue insistente. —Muy bien, chicos. Voy a estar muerta mañana si no me voy a dormir. Todo el mundo gimió y se burlaron de mí con palabras como sometida, pero la verdad era que todos estaban acostumbrados a la nueva y más doméstica Lauren Jauregui. No había puesto mi puño en la cara de alguien en casi un año. Bostecé y Siope me dio un empujón en el hombro. —Vamos. Condujimos en silencio. No estaba segura de lo que Siope pensaba, pero no podía esperar para ver a mi esposa. Ella me había dejado el día anterior, y era la primera vez que estábamos separadas desde que nos casamos. Siope se detuvo en el apartamento y apagó el auto. —Servicio a la puerta, perdedora. —Admítelo. Lo extrañas. —¿El apartamento? Sí, un poco. Pero te extraño peleando y nosotros haciendo toneladas de dinero. —Sí. A veces lo hago, también. Nos vemos en la mañana. —Te recojo aquí a las seis y media. —Nos vemos. Siope se alejó lentamente mientras yo subía los escalones, en busca de las llaves del apartamento. Odiaba volver a casa cuando Camila no se hallaba aquí. No había nada peor después de conocernos, y era lo mismo ahora. Tal vez aún más miserable porque Siope y Dinah ni siquiera se encontraban allí para molestarme. Empujé la llave y abrí la puerta, cerrándola tras de mí. Ya había llevado a Toto al hotel para mascotas para ser atendido mientras no nos encontrábamos aquí. Estaba tan silencioso. Suspiré. El apartamento había cambiado mucho en el último año. Los carteles y señales de bar desaparecieron, y las fotos de nosotras y pinturas aparecieron. Ya no era un piso de soltera, pero era un buen cambio. Fui a mi habitación, me desnudé hasta quedar en mi ropa interior y una camisa larga, y me metí en la cama, enterrándome bajo el edredón floral azul y verde; algo más que nunca habría visto el interior de este apartamento si no fuese por Camila. Acerqué su almohada y apoyé la cabeza. Olía como ella. El reloj marcaba las dos de la madrugada. Estaría con ella en doce horas.

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I Could Be The One | Capítulo 46
POV Lauren Camila observó pasar Las Vegas por su ventana. Sólo la visión de ella me hacía querer tocarla, y ahora que era mi esposa, esa sensación se amplificaba. Pero estaba esforzándome mucho para no hacer que se arrepintiera de su decisión. Jugar relajadamente solía ser mi súper poder. Incapaz de detenerme, deslicé mi mano y apenas toqué su dedo meñique. — Vi las fotos de la boda de mis padres. Pensaba que mamá era la novia más hermosa que jamás había visto. Entonces, te vi en la capilla y cambié de opinión. Bajó la mirada a nuestros dedos tocándose, entrelazando sus dedos con los míos, y luego me miró. —Cuando dices cosas así, Lauren, haces que me enamore de ti otra vez. —Se frotó contra mí y luego me besó en la mejilla—. Me gustaría haber podido conocerla. —A mí también. —Me detuve, preguntándome si debería decir el pensamiento que estaba en mi cabeza—. ¿Qué hay de tu mamá? Camila sacudió la cabeza, apoyándose en mis brazos. —Ella no era de lo mejor antes de mudarnos a Wichita. Después de que llegáramos ahí, su depresión empeoró. Simplemente se fue. Si no hubiera conocido a Dinah, habría estado sola. Ella ya se encontraba en mis brazos, pero también quería abrazar a la versión de dieciséis años de mi esposa. Y a la de su infancia, para el caso. Había tantas cosas por las que pasó de las que no pude protegerla. —Yo... yo sé que no es cierto, pero Alejandro me dijo tantas veces que lo arruiné. A los dos. Tengo este miedo irracional de que haré lo mismo contigo. Camilla —la regañé, besando su cabello. —Es extraño, ¿no? Que cuando empecé a jugar, su suerte se fue. Dijo que yo tomé su suerte. Como si tuviera ese poder sobre él. Hizo que algunas emociones estuvieran seriamente en un conflicto para una adolescente. El dolor en sus ojos provocó que un fuego familiar se presentara en mí, pero rápidamente apagué las llamas con una profunda respiración. No estaba segura de si ver a Camila herida alguna vez me haría sentir nada menos que un poco loca, pero ella no necesitaba a una novia impulsiva. Necesitaba a una esposa comprensiva. —Si tuviera algún puto sentido común, te habría hecho su amuleto de la suerte en lugar de su enemigo. Es su pérdida, Camz. Tú eres la mujer más increíble que conozco. Repiqueteó con sus uñas. —Él no quería que yo fuera su suerte. —Podrías ser mi suerte. Me siento una gran afortunada justo ahora. Me dio un codazo en las costillas juguetonamente. —Vamos a mantenerlo de esa manera. —No tengo ni una sola duda de que lo haremos. Aún no lo sabes, pero tú me salvaste. Algo se encendió en los ojos de Camila, y apretó su mejilla contra mi hombro. —Espero que sí. POV Camila Lauren me abrazó contra su costado, dejándome ir sólo lo suficiente para que pudiéramos avanzar. No éramos la única pareja excesivamente cariñosa esperando en la línea del mostrador para registrar la entrada. Era el final de las vacaciones de primavera y el aeropuerto estaba lleno. Una vez que nos dieron nuestros pases de embarque, lentamente nos abrimos paso a través de la seguridad. Cuando finalmente llegamos al frente de la línea, Lauren seguía provocando al detector, así que el agente de la AST4 hizo que se quitara su anillo. Lauren accedió a regañadientes, pero una vez que pasamos por la seguridad y nos sentamos en un banco cercano para ponernos los zapatos, Lauren gruñó un par de inaudibles maldiciones, y luego se relajó. —Está bien, bebé. Está de vuelta en tu dedo —dije, riendo ante su reacción. Lauren no habló, sólo me besó en la frente antes de dejáramos seguridad para dirigirnos a nuestra puerta. Los otros turistas de primavera parecían igual de exhaustos y felices que nosotras. Y divisé a otras parejas llegando de la mano, que se veían tan nerviosos y emocionados como lo estábamos Lauren y yo cuando llegamos a Las Vegas. Rocé los dedos de Lauren con los míos. Suspiró. Su respuesta me tomó por sorpresa. Fue pesada y llena de estrés. Cuanto más nos acercábamos a la puerta, más lento caminaba. También me preocupaba la reacción a la que nos enfrentaríamos en casa, pero me sentía más preocupada por la investigación. Tal vez pensaba lo mismo y no quería hablar conmigo al respecto. En la Puerta Once, Lauren se sentó a mi lado, manteniendo su mano en la mía. Su rodilla rebotaba, y no dejaba de tocar y tirar de sus labios con su mano libre. O bien estaba volviéndose loca por dentro o había bebido una taza de café sin que yo lo supiera. —¿Camz? —dijo finalmente. Oh, gracias a Dios. Hablará conmigo sobre ello. —¿Sí? Pensó en lo que podría decir, y luego volvió a suspirar. —Nada. Fuese lo que fuese, quería arreglarlo. Pero si ella no pensaba en la investigación o en enfrentarse a las consecuencias del incendio, no quería tocar el tema. No mucho tiempo después de que tomáramos nuestro asiento, primera clase fue llamada para abordar. Lauren y yo nos quedamos con todos los demás para ponernos en la fila de clase turista. Lauren cambió de un pie al otro, frotándose la nuca y apretando mi mano. Era tan obvio que quería decirme algo. La carcomía, y no sabía qué más hacer aparte de apretar su mano. Cuando nuestro grupo de embarque empezó a formar una línea, Lauren vaciló. —No puedo deshacerme de este sentimiento —dijo. —¿Qué quieres decir? ¿Cómo un mal presentimiento? —dije, de repente muy nerviosa. No sabía si se refería al avión, Las Vegas o ir a casa. Todo lo que podía salir mal entre nuestro siguiente paso y nuestra llegada al campus pasó por mi mente. —Tengo está loca sensación de que una vez que lleguemos a casa, voy a despertar. Como si nada de esto fuera real. —La preocupación brillaba en sus ojos, poniéndolos vidriosos. De todas las cosas por las que preocuparse, se preocupaba por perderme, al igual que yo me preocupaba por perderla. Fue entonces, en ese momento, que supe que habíamos hecho lo correcto. Eso sí, éramos jóvenes, y sí, estábamos locas, pero estábamos enamoradas como nadie. Éramos más viejas que Romeo y Julieta. Más viejas que mis abuelos. Puede no haber sido hace mucho tiempo desde que fuimos niñas, pero había personas con diez o más años de experiencia que aún no lo tenían juntos. No teníamos todo resuelto, pero nos teníamos la una a la otra, y eso era más que suficiente. Cuando volviéramos, era probable que todo el mundo estuviera esperando la ruptura, esperando el deterioro de una pareja que se casó demasiado joven. Sólo imaginar las miradas, las historias y los rumores hizo que se me pusiera la piel de gallina. Podía llevarnos toda una vida demostrarles a todos que esto funcionaba. Habíamos cometido tantos errores, y sin duda volveríamos a cometer miles más, pero las probabilidades estaban a nuestro favor. Antes les demostramos que se equivocaban. Después de un partido de tenis de preocupaciones y palabras tranquilizadoras, finalmente envolví mis brazos alrededor del cuello de mi esposa, tocando con mis labios muy ligeramente los suyos. —Apostaría mi primer hijo. Así de segura estoy. —Esta era una apuesta que no perdería. —No puedes estar tan segura —dijo. Levanté una ceja y mi boca se elevó hacia un lado. —¿Quieres apostar? Lauren se relajó, tomando su pase para abordar de mis dedos, y entregándoselo a la asistente. —Gracias —dijo, escaneándolo y luego devolviéndoselo. Hizo lo mismo con el mío, y así como lo hicimos hace poco más de veinticuatro horas, caminamos de la mano por el túnel de embarque. —¿Estás insinuando algo? —preguntó Lauren. Se detuvo—. No estás... ¿es por eso que querías casarte? Me reí, sacudí la cabeza, y lo arrastré. —Dios, no. Creo que hemos dado un gran paso, lo suficiente como para que nos dure un tiempo. Asintió una vez. —Bastante justo, Sra. Jauregui. —Me apretó la mano y abordamos el avión a casa. *** Últimos capítulos
I Could Be The One | Capítulo 45
POV Camila —¿Qué quieres decir? —dijo, palideciendo—. ¿No estamos aquí por mí? El artista del tatuaje nos miró a ambas, un poco sorprendido por la sorpresa de Lauren. Durante todo el viaje en taxi, asumió que le iba a comprar un nuevo tatuaje como regalo de boda. Cuando le dije al conductor nuestro destino, nunca se le ocurrió que sería yo la que se haría el tatuaje. Habló sobre tatuarse PIDGEON en alguna parte, pero puesto que ya tenía CAMZ en la muñeca, pensé que sería redundante. —Es mi turno —dije, girándome hacia el artista del tatuaje—. ¿Cómo te llamas? —Griffin —dijo con tono monótono. —Por supuesto —dije—. Quiero SRA. JAUREGUI aquí. —Puse mi dedo sobre mis pantalones vaqueros en el lado derecho de la parte baja de mi abdomen, justo lo suficientemente bajo como para que no se viera, incluso con un bikini. Quería que Lauren fuera la única al tanto de mi tatuaje, una agradable sorpresa cada vez que ella me desnudara. Sonrió de alegría. —¿Sra. Jauregui? —Sí, en esta fuente —dije, señalando un cartel laminado en la pared con los tatuajes de muestra. Lauren sonrió. —Esa te pega. Es elegante, pero no ostentosa. —Exactamente. ¿Puedes hacer eso? —Puedo. Será alrededor de una hora. Tenemos un par de personas antes que tú. Serán doscientos cincuenta. —¿Doscientos cincuenta? ¿Por unos pocos garabatos? —dijo Lauren, su boca abriéndose de par en par—. ¿Qué demonios, Chuck? —Es Griffin —dijo él, sin verse afectado. —Lo sé, pero… —Está bien, bebé —dije—. Todo es más caro en Las Vegas. —Vamos a esperar hasta que lleguemos a casa, Pidge. —¿Pidge? —dijo Griffin. Lauren le lanzó una mirada de muerte. —Cállate —advirtió, volviendo la mirada hacia mí—. Esto costará doscientos pavos menos en casa. —Si espero, no lo haré. Griffin se encogió de hombros. —Entonces tal vez deberías esperar. Miré a Lauren y a Griffin. —No voy a esperar. Voy a hacer esto. —Saqué mi monedero y le tendí tres billetes a Griffin—. Así que toma mi dinero —Le fruncí el ceño a Lauren—, y tú guarda silencio. Es mi dinero, mi cuerpo, y esto es lo que quiero hacer. Lauren pareció sopesar lo que estaba a punto de decir. —Pero… va a doler. Sonreí. —¿A mí? ¿O a ti? —A ambas. Griffin cogió mi dinero y luego desapareció. Lauren se paseó por el suelo como una nerviosa madre expectante. Echó un vistazo por el pasillo, y luego se paseó un poco más. Era tan linda como molesta. En un punto, me suplicó que no lo hiciera, y luego llegó a estar sorprendida y afectada porque estuviera tan empeñada en seguir adelante. —Bájate los pantalones —dijo Griffin, preparando su equipo. Lauren le disparó una mirada penetrante al hombre de baja estatura y musculoso, pero Griffin se hallaba demasiado ocupado para notar la aterradora expresión de Lauren. Me senté en la silla, y Griffin pulsó botones. Mientras la silla se reclinaba, Lauren se apoyó en un taburete a mi lado. Parecía inquieta. —Laur —dije con voz suave—. Siéntate. —Extendí la mano y la tomó, sentándose también. Besó mis dedos y me ofreció una dulce pero nerviosa sonrisa. Justo cuando pensé que ella no podría esperar más, mi teléfono móvil sonó en mi bolso. Oh, Dios. ¿Qué pasa si era un mensaje de Chris? Lauren ya se encontraba buscándola, agradecida por la distracción. —Déjalo, Laur. Miró la pantalla y frunció el ceño. Mi respiración se quedó atascada. Me tendió el teléfono para que lo tomara. —Es Dinah. Se lo cogí y habría sentido alivio de no ser por el frío algodón frotando el hueso de mi cadera. —¿Hola? —¿Camila? —dijo Dinah—. ¿Dónde están? Siope y yo acabamos de llegar a casa. El coche no está. —Oh —dije, mi voz una octava más alta. No había planeado decírselo todavía. No sabía cómo darle las noticias, pero era seguro que iba a odiarme. Al menos durante un tiempo. —Estamos… en Las Vegas. Dinah se rió. —Deja de bromear. —Estoy hablando totalmente en serio. Dinah se quedó en silencio, y luego su voz fue tan fuerte que me estremecí. —¿POR QUÉ están en Las Vegas? ¡No es como si tuvieras un buen momento la última vez que estuviste allí! —Lauren y yo decidimos… de algún modo casarnos, Dinah. —¡Qué! ¡Esto no es divertido, Camila! ¡Es mejor que estés jodidamente bromeando! Griffin colocó la transparencia en mi piel y presionó. Lauren le miró como si quisiera matarle por tocarme. —Eres tonta —dije, pero cuando la máquina de tatuar comenzó a zumbar, todo mi cuerpo se tensó. —¿Qué es ese ruido? —dijo Dinah, echando humo. —Estamos en el salón de tatuajes. —¿Va a marcarse Lauren tu nombre completo nombre esta vez? —No exactamente… Lauren sudaba. —Nena… —dijo, frunciendo el ceño. —Puedo hacer esto —dije, centrándome en las manchas del techo. Salté cuando la yema del dedo de Griffin tocó mi piel, pero intenté no tensarme. —Camz —dijo con la voz teñida de desesperación. —Está bien —dije, negando con la cabeza con desdén—. Estoy lista. — Sostuve el teléfono apartado de mi oreja, haciendo una mueca tanto por el dolor como por la inevitable charla. —¡Voy a matarte, Camila Cabello! —chilló Dinah—. ¡Matarte! —Técnicamente, es Camila Jauregui ahora —dije, sonriéndole a Lauren. —¡No es justo! —se quejó—. ¡Se suponía que iba a ser tu dama de honor! ¡Se suponía que debía ir a comprar el vestido contigo, a organizarte una despedida de soltera y a sostener tu ramo! —Lo sé —dije, viendo la sonrisa de Lauren desvanecerse cuando me estremecí de nuevo. —No tienes que hacer esto, lo sabes —dijo, sus cejas juntándose. Le di un apretón a sus dedos. —Lo sé. —¡Ya dijiste eso! —espetó Dinah. —No estaba hablando contigo. —Oh, estás hablando conmigo —dijo enfurecida—. Estás taaaaan hablando conmigo. Nunca vas a oír el final de esto, ¿me has oído? ¡Nunca, jamás, te perdonaré! —Sí que lo harás. —¡Tú! ¡Eres una…! ¡Eres completamente mezquina, Camila! ¡Eres una mejor amiga horrible! Me reí, haciendo que Griffin se echara para atrás, resoplando por la nariz. —Lo siento —dije. —¿Quién era ese? —espetó Dinah. —Ese era Griffin —respondí con total naturalidad. —¿Ella ha acabado? —le preguntó a Lauren, enfadado. Lauren asintió una vez. —Sigue así. Griffin sólo sonrió, y continuó. Todo mi cuerpo se tensó otra vez. —¿Quién demonios es Griffin? Déjame adivinar: ¿Invitaste a un total extraño a tu boda y no a tu mejor amiga? Me encogí, tanto por su estridente voz como por la aguja pinchando mi piel. —No. No fue a la boda —dije, conteniendo la respiración. Lauren suspiró y se movió nerviosamente en la silla, apretando mi mano. Parecía miserable. No pude evitar sonreír. —Se supone que yo estoy estrechando tu mano, ¿recuerdas? —Perdón —dijo, su voz espesa por la angustia—. No creo que pueda soportar esto. —Abrió la mano un poco y miró a Griffin. —Date prisa, ¿quieres? Griffin negó con la cabeza. —No puedes soportar que tu novia consiga una simple inscripción. Terminaré en un minuto, amiga. La expresión de Lauren se volvió severa. —Esposa. Es mi esposa. Dinah jadeó, el sonido tan agudo como su tono. —¿Te estás haciendo un tatuaje? ¿Qué pasa contigo, Camila? ¿Respiraste vapores tóxicos en ese incendio? —Lauren tiene mi apodo en la muñeca —dije, bajando la mirada al embarrado desastre negro sobre mi estómago. Griffin presionó la punta de la aguja contra mi piel, y apreté los dientes—. Estamos casadas —dije a través de los dientes—. También quería algo. Lauren sacudió la cabeza. —No tenías que hacerlo. Estreché los ojos. —No empieces conmigo. Las esquinas de su boca se alzaron, y me miró con la adoración más dulce que había visto alguna vez. Dinah se rió, sonando un poco loca. —Te has vuelto loca —dijo—. Voy a ingresarte en un manicomio cuando llegue a casa. —No es tan loco. Nos amamos. Hemos estado prácticamente viviendo juntas a intervalos todo el año. —Está bien, no todo un año… no es que importara ahora. Bastaba con mencionarlo para darle más munición a Dinah. —¡Porque tienes diecinueve, idiota! ¡Porque te fuiste y no se lo dijiste a nadie, y porque no estoy allí! —gritó. Durante un segundo, culpabilidad y dudas se deslizaron en mi interior. Durante un instante, dejé salir la pizca más diminuta de pánico pensando que acababa de cometer un enorme error, pero en el momento en el que miré a Lauren y vi la increíble cantidad de amor en sus ojos, todo se fue. —Lo siento, Dinah, tengo que irme. Te veré mañana, ¿está bien? —¡No sé si quiero verte mañana! ¡No creo que quiera ver a Lauren nunca más! —Te veré mañana, Dinah. Sé que quieres ver mi anillo. —Y tu tatuaje —dijo, una sonrisa en su voz. Le di el teléfono a Lauren. Griffin pasó los mil pequeños cuchillos de dolor y angustia a través de mi piel inflamada otra vez. Lauren metió mi teléfono en su bolsillo, agarrando mi mano con las suyas, inclinándose para tocar su frente con la mía. No saber qué esperar ayudaba, pero el dolor era un fuego lento. Mientras Griffin rellenaba las partes más gruesas de las letras, me estremecí, y cada vez que él se apartaba para limpiar el exceso de tinta con un trapo, me relajaba. Después de unas cuantas quejas más de Lauren, Griffin nos hizo saltar con una exclamación en voz alta. —¡LISTO! —¡Gracias a Dios! —dije, dejando caer la cabeza hacia atrás contra la silla. —¡Gracias a Dios! —gritó Lauren, y luego suspiró con alivio. Acarició mi mano, sonriendo. Bajé la mirada, admirando las hermosas líneas negras escondidas bajo el emborronado lío negro. Sra. Jauregui —Vaya —dije, alzándome sobre los codos. El ceño fruncido de Lauren se convirtió al instante en una sonrisa de triunfo. —Es hermoso. Griffin negó con la cabeza. —Si tuviera un dólar por cada nueva pareja tatuada que trajo a su esposa aquí y se puso peor que ella… bueno, no tendría que tatuar a nadie más de nuevo. La sonrisa de Lauren desapareció. —Simplemente dale las instrucciones para el cuidado posterior, listillo. —Tendré una copia impresa de las instrucciones y algo de crema para la piel —dijo Griffin, divertido por Lauren. Mi mirada seguía volviendo a la elegante escritura en mi piel. Estábamos casadas. Era una Jauregui, tenía una familia, locos y adorables, pero eran míos. Les pertenecía, como ellos me pertenecían. Lauren extendió la mano, bajando la mirada a su dedo anular. —Lo hicimos, bebé. Todavía no puedo creer que seas mi esposa. —Créelo —dije sonriendo de alegría. Me acerqué a Lauren, señalando su bolsillo, y luego volví mi mano, abriendo la palma. Me dio el teléfono y saqué la cámara para tomar una foto de mi reciente tatuaje. Me ayudó a levantarme de la silla, con cuidado de evitar mi costado derecho. Era sensible a cada movimiento que hacía que los pantalones se frotaran contra mi piel a carne viva. Después de una breve parada en el mostrador, Lauren me soltó el tiempo suficiente para abrirme la puerta, y luego salimos hacia un taxi que esperaba. Mi teléfono móvil sonó otra vez. Dinah. —Nos va a hacer sentir miserables por un largo tiempo, ¿cierto? —dijo Lauren, viéndome silenciar mi teléfono. No me encontraba de humor para soportar otra reprimenda. —Hará pucheros por veinticuatro horas, después de que vea las fotos, lo superará. —¿Estás segura de eso, Sra. Jauregui? Me reí entre dientes. —¿Alguna vez vas a dejar de llamarme así? Lo has dicho cientos de veces desde que salimos de la capilla. Negó con la cabeza mientras sostenía la puerta del taxi abierta para mí. — Dejaré de llamarte así cuando esto termine siendo real. —Oh, es real, ¿de acuerdo? Tengo recuerdos de la noche de boda para probarlo. —Me deslicé hasta la mitad y luego la observé mientras se sentaba junto a mí. Se apoyó en mí, pasando su nariz por la sensible piel de mi cuello hasta llegar a mi oreja. —Desde luego que sí.
I Could Be The One | Capítulo 44
POV Lauren Lleve a Camila a la habitación y la bajé hasta colocarla al pie de la cama. Camila me miró por un momento mientras se quitaba los zapatos de tacón, luego me ayudo a sacarme mi vestido, y yo prosegui con el suyo—Vamos a sacar esto del camino, señora Jauregui. Esta es una prenda de vestir tuya que no quiero arruinar. Le di la vuelta y luego desabroché lentamente su vestido, besando cada parte de piel mientras era expuesta. Cada centímetro de Camila ya estaba arraigado en mi mente, pero tocar y saborear la piel de la mujer que ahora era mi esposa lo hacía todo nuevo otra vez. Sentí una emoción que nunca había sentido antes. El vestido cayó al suelo y lo recogí, arrojándolo sobre el respaldo de una silla. Camila desabrochó la parte posterior de su sujetador, dejándolo caer al suelo y metí mis pulgares entre su piel y el tejido de encaje de sus bragas. Sonreí. Ya las había tenido fuera una vez. Me incliné para besar la piel detrás de su oreja. —Te amo tanto —le susurré, empujando lentamente sus bragas por sus muslos. Cayeron a sus tobillos y ella los pateó lejos con su pie descalzo. Envolví mis brazos a su alrededor, tomando una respiración profunda por la nariz, tirando de su espalda desnuda contra mi pecho. Necesitaba de ella, pero era importante tomarnos nuestro tiempo. Sólo teníamos un tiro para la noche de bodas, y yo quería que fuera perfecto. POV Camila La piel de gallina cubría todo mi cuerpo. Cuatro meses antes, Lauren había tomado algo de mí que nunca le había dado a ningúna otra persona. Estuve tan empeñada en dárselo a ella que no tuve tiempo para estar nerviosa. Ahora, en nuestra noche de bodas, sabiendo qué esperar y sabiendo lo mucho que me amaba, estaba más nerviosa que en nuestra primera noche. —Vamos a sacar esto del camino, señora Jauregui. Esta es una prenda de vestir tuya que no quiero arruinar —dijo. Resoplé una pequeña risa, recordando mi chaqueta de color rosa abotonada y el patrón de manchas de sangre por el centro de esta. Entonces, pensé en ver a Lauren en la cafetería la primera vez. —Arruino un montón de suéteres —había dicho con su sonrisa matadora y labios carnosos. La misma sonrisa que quería odiar; los mismos labios que hacían su camino por mi espalda en estos momentos. Lauren me movió hacia adelante y me arrastró hacia la cama, mirando detrás de mí, esperando, esperanzada que subiera. La ayude con su vestido luego ella se mantuvo mirándome, quitándose el sujetador, pateando sus zapatos, dejando caer sus bragas y luego se colocó encima de mí. Apartó un cabello suelto de mi cara y, a continuación, me besó en la nariz. Era un poco divertido ver a Lauren tomarse su tiempo, meditando cómo y qué quería hacerme. Una vez que estuvimos desnudos e instalados debajo de las sábanas, tomó una respiración profunda. —¿Señora Jauregui? Sonreí. —¿Sí? —Nada. Sólo quería llamarte así. —Bueno. Como que me gusta. a Los ojos de Lauren escanearon mi rostro. —¿Si? —¿Es una pregunta real? Porque es un poco difícil mostrarlo más que hacer votos para estar contigo por siempre. Lauren se detuvo, el conflicto oscureciendo su expresión. —Te vi —dijo, su voz apenas un susurro—. En el casino. Mi memoria instantáneamente retrocedió, segura de que se había cruzado con Austin y posiblemente había visto a una mujer con la que me parecía. Los ojos celosos le juegan bromas a la gente. Justo cuando estaba preparada para argumentar que no había visto a mi ex, Lauren comenzó de nuevo. —En el suelo. Te vi, Camila Mi estómago se hundió. Me había visto llorar. ¿Cómo podría explicarle eso? No podía. La única manera era crear una distracción, entonces recordé como me habia llamado la noche en que nos conocimos. Empujé mi cabeza en la almohada, mirándola directamente a los ojos. — ¿Por qué me llamaste Pidge? Quiero decir, realmente. Mi pregunta pareció tomarlo desprevenida. Esperé, pidiendo que olvidara todo sobre el tema anterior. No quería mentirle a la cara o admitir lo que había hecho. No esta noche. Nunca. Su decisión de permitir que cambiara el tema estaba clara en sus ojos. Sabía lo que estaba haciendo e iba a dejarme hacerlo. —¿Sabes lo que es un pigeon? Sacudí la cabeza en un pequeño movimiento. —Es una paloma. Son realmente inteligentes. Son leales, y compañeros de por vida. Esa primera vez que te vi en el Círculo, sabía lo que eras. Sabía que debajo de esa abotonada chaqueta y la sangre, no ibas a tragarte mi mierda. Ibas a hacerme ganarlo. Requerirías una razón para confiar en mí. Lo vi en tus ojos, y no pude quitarme ese pensamiento hasta que te vi ese día en la cafetería. A pesar de que traté de ignorarlo, lo sabía incluso entonces. Cada jodida, cada mala elección, eran migajas de pan, de esa forma encontramos el camino hacia el otro. Así llegamos a este momento. Mi respiración flaqueó. —Estoy tan enamorada de ti. —Eres mi esposa. —Cuando dijo las palabras, la paz llenó sus ojos. Me recordó a la noche en que ganó la apuesta sobre quedarme en su apartamento. —Sí. Ahora estás estancada conmigo. Besó mi barbilla. —Al fin. Se tomó su tiempo mientras deslizaba sus dedos suavemente en mi interior, cerrando los ojos por sólo un segundo antes de mirar los míos de nuevo. Se moviócontra mí lentamente, rítmicamente, besándome en la boca a intervalos. Incluso aunque Lauren siempre había sido cuidadosa y gentil conmigo, las primeras veces fueron un poco incómodas. Debía haber sabido que era nueva en esto, incluso aunque nunca lo mencioné. Todo el campus sabía de las conquistas de Lauren, pero mis experiencias con ella nunca fueron como los salvajes retozares de los que todos hablaban. Lauren siempre era suave y delicada conmigo; paciente. Esta noche no fue una excepción. Tal vez lo fue incluso más. Me besó y me saboreó, tarareando contra mi boca. Moviéndose contra mí. Gemí y me moví, incapaz de mantenerme callada cuando se posicionó de forma que podría entrar en mí por diferentes ángulos, moviendo sus caderas debajo de mis uñas, que excavaban en la piel de su espalda, alejó sus dedos de mí colocandose de modo que nuestros centros se tocaran, llevando cada pizca de placer que sentía a un nuevo nivel. —Oh, Dios… Lauren —dije, suspirando su nombre. Necesitaba decir algo, algo que dejase salir la intensidad que se construía en mi interior. Mis palabras hicieron que su cuerpo tensara, y el ritmo de sus movimientos se hizo más rápido, más rígido, hasta que gotas de sudor se formaron en nuestra piel, haciendo que deslizarse contra el otro fuese más fácil. Relajé las caderas, dejando que mis rodillas se alejaran más, acercándolas a la cama. Lauren se presionó más profundo sobre mí, una y otra vez, sus movimientos aumentando mientras gemía. Agarré mi rodilla, empujándola contra mi pecho. El dolor se sentía tan bien que era adictivo, y la sentí construirse hasta que todo mi cuerpo se tensó con cortas, pero fuertes explosiones. Gemí en voz alta, sin preocuparme si alguien podía oír. Lauren gimió en reacción. Finalmente, sus movimientos se ralentizaron, pero eran más fuertes. Su cuerpo se sacudió y tembló mientras presionaba su frente duramente contra mi mejilla. Ya que ambas estábamos sin aire, no hablamos. Lauren mantuvo su mejilla contra la mía, sacudiéndose una vez más antes de esconder su rostro en la almohada debajo de mi cabeza. Besé su cuello, saboreando la sal en su piel. —Tenías razón —dije. Lauren se reacomodó para mirarme, curioss—. Fuiste mi último primer beso. Sonrió, presionando sus labios contra mí duramente, y luego ocultó su rostro en mi cuello. Respiraba pesadamente, pero aun así, se las arregló para susurrar dulcemente—: Te amo tanto, mi Pigeon. ~~~~ Un zumbido me sacó de mi profundo sueño. Las cortinas mantenían todo fuera menos un poco del sol que las rodeaba. La cobija y sábanas colgaban de la cama tamaño King. Mi vestido cayó de la silla hasta el suelo, uniéndose al de Lauren que se encontraba regado por la habitación, y solo podía ver uno de mis tacones. Mi cuerpo desnudo estaba enredado con el de Lauren, después de la tercera vez que consumamos nuestro matrimonio, nos desmayamos exhaustas. De nuevo el zumbido. Era mi teléfono en la mesa de noche. Me estiré sobre Lauren y lo abrí, viendo el nombre de Chris. Troy arrestado. Lucia Savage en la lista de muertos. Eso era todo lo que decía. Me sentí enferma mientras borraba el mensaje, preocupada de que quizás Chris no diera más detalles porque la policía se encontraba con Mike ahora, quizás diciéndole a su padre que Lauren podría estar involucrada. Miré la hora en mi teléfono. Eran las diez en punto. Lucia Savage era una persona menos que investigar. Una muerte más por la que Lauren se sentiría culpable. Intenté recordar si vi a Lucia antes del incendio. Fue noqueada. Quizás nunca se levantó. Pensé en esas chicas asustadas que Chris y yo vimos en el pasillo del sótano. Pensé en Hilary Short, a quien conocía de la clase de cálculo, y sonreía mientras se encontraba de pie al lado de su nuevo novio, cerca de la pared opuesta del Auditorio Keaton, cinco minutos antes del incendio. Qué tan larga era realmente la lista de muertos y quién se encontraba en ella era algo que intenté no pensar. Tal vez todos deberíamos ser castigados. La verdad era que todos fuimos responsables porque fuimos irresponsables. Hay una razón por la cual los jefes de bomberos despejan este tipo de eventos y se toman medidas de seguridad. Ignoramos todo eso. Encender la radio o la televisión sin ver las imágenes en las noticias era imposible, así que Lauren y yo las evitábamos cuando era posible. Pero toda esta atención de los medios significaba que los investigadores estarían más motivados para encontrar a quien culpar. Me preguntaba si su búsqueda detendría a Troy, o si buscarían sangre. Si yo fuera uno de los padres de esos estudiantes muertos, puede que sí. No quería ver a Lauren ir a la cárcel por el comportamiento irresponsable de alguien, y para bien o para mal, eso no traería a nadie de regreso. Hice todo en lo que pude pensar para mantenerls fuera de problemas, y negaré que estuviera esa noche en el Auditorio Keaton hasta con mi último respiro. La gente hacía cosas peores por aquellos a quienes amaban. —Lauren —dije, empujándola. Se encontraba boca abajo, con su cabeza enterrada debajo de la almohada. —Uggggghhhhh —gruñó—. ¿Quieres que te haga el desayuno? ¿Quieres huevos? —Son pasadas las diez. —Todavía califica como almuerzayuno. —Cuando no respondí, ofreció de nuevo—: Bien, ¿un sándwich de huevo? Me detuve, y luego la miré con una sonrisa. —¿Cariño? —¿Sí? —Estamos en Las Vegas. Lauren levantó la cabeza y encendió la lámpara. Después de que las últimas veinticuatro horas se asentaran, su mano salió de debajo de la almohada y enganchó su brazo a mi alrededor, tirándome debajo de ella. Situó su cadera entre mis muslos, y luego inclinó la cabeza para besarme; suavemente, tiernamente, dejando que sus labios permanecieran en los míos hasta que se sentían cálidos y hormigueantes. —Todavía puedo conseguirte huevos. ¿Quieres que llame al servicio a la habitación? —Realmente tenemos que llegar al avión. Su rostro cayó. —¿Cuánto tiempo tenemos? —Nuestro vuelo es a las cuatro. La salida es a las once. Lauren frunció el ceño, y miró por la ventana. —Debería haber reservado un día extra. Deberíamos estar acostados en la cama o al lado de la piscina. Besé su mejilla. —Mañana tenemos clases. Ahorraremos e iremos a algún lado después. No quiero pasar nuestra luna de miel en Las Vegas, de todas formas. Su cara se retorció con disgusto. —Definitivamente no quiero pasarla en Illinois. Le concedí eso asintiendo. No podía discutir eso. Illinois no era el primer lugar que venía a mi mente cuando pensaba en la luna de miel. —St. Thomas es hermoso. Ni siquiera necesitamos pasaporte. —Eso es bueno. Desde que ya no peleo, necesitaremos ahorrar de donde podamos. Sonreí. —¿Ya no lo haces? —Te lo dije, Camz. No necesito todo eso cuando te tengo a ti. Cambiaste todo. Eres el mañana. Eres el apocalipsis. Mi nariz se arrugó. —No creo que me guste esa palabra. Sonrió y rodó en la cama, sólo a unos centímetros de mi costado izquierdo. Yaciendo sobre su estómago, sacó las manos de debajo suyo, poniéndolas bajo su pecho y apoyó la mejilla en el colchón, observándome por un momento, sus ojos mirando fijamente los míos. —Dijiste algo en la boda… que éramos como Johnny y June. No entendí la referencia. Sonrió. —¿No conoces a Johnny Cash y June Carter? —Más o menos. —Ella luchó contra él con uñas y dientes, también. Lucharon, y él se comportó como un estúpido acerca de un montón de cosas. Arreglaron las cosas y pasaron el resto de su vida juntos. —¿Oh, sí? Apuesto a que no tenía un papá como Alejandro—Nunca volverá a lastimarte, Camila. —No puedes prometer eso. Justo cuando empiezo a acomodarme en un lugar, él aparece. —Bueno, vamos a tener trabajos regulares, estamos en quiebra como cualquier otro estudiante universitario, así que no tendrá razones para olfatearpor dinero. Necesitaremos cada centavo. Es algo bueno que todavía tenga algunos ahorros para nosotros. —¿Alguna idea de dónde aplicarás para un trabajo? Yo pensé en tutorías. Matemáticas. Lauren sonrió. —Serás buena en eso. Quizás sea tutora de ciencias. —Eres muy buena en eso. Puedo ser tu referencia. —No creo que cuente si viene de mi esposa. Parpadeé. —Oh, Dios mío. Eso suena loco. Lauren se rió. —Cierto. Me encanta. Me voy a encargar de ti, Camila. No puedo prometer que Alejandro nunca te lastimará de nuevo, pero puedo prometer que haré lo que pueda para evitarlo. Y si lo hace, te amaré hasta superarlo. Le ofrecí una pequeña sonrisa, y luego me estiré para tocarle la mejilla. —Te amo. —Te amo —respondió enseguida—. ¿Fue un buen padre… antes de todo eso? —No lo sé —dije, mirando hacia el techo—. Supongo que creo que lo fue. ¿Pero qué sabe un niño sobre ser un buen padre? Tengo buenos recuerdos de él. Bebió por lo que puedo recordar y apostaba, pero cuando su suerte era buena, era amable. Generoso. Muchos de sus amigos eran hombres de familia… también trabajaban para la mafia, pero tenían hijos. Eran buenos y no les importaba que Alejandro me llevara. Pasé un montón de tiempo detrás de escena, viendo cosas que la mayoría de los niños no logran ver porque en ese entonces me llevaba a todos lados. —Sentí una sonrisa arrastrarse, y luego cayó una lágrima—. Sí, supongo que lo fue, a su manera. Lo amaba. Para mí, él era perfecto. Lauren tocó mi sien con su dedo, limpiando tiernamente la humedad. —No llores, Camila. Sacudí la cabeza, intentando hacer como si no pasara nada. —¿Ves? Todavía puede herirme, incluso cuando no está aquí. —Estoy aquí —dijo, tomando mi mano. Todavía me miraba fijamente, su mejilla contra las sábanas—. Diste vuelta mi mundo, y obtuve un nuevo comienzo… como un apocalipsis. Fruncí el ceño. —Todavía no me gusta. Se levantó de la cama, envolviendo las sábanas en la cintura. —Depende de cómo lo mires. —No, no realmente —dije, observándola caminar al baño. —Salgo en cinco. Me estiré, dejando que mis extremidades se extendieran sobre la cama, y luego me senté, peinando mi cabello con los dedos. El inodoro se vació y luego se encendió el grifo. No bromeaba. Estaría lista en unos minutos y yo seguía desnuda en la cama. Colocar mi vestido y el suyo en el equipaje de mano demostró ser un desafío, pero finalmente lo logré. Lauren salió del baño y rozó sus dedos con los míos mientras pasaba a su lado. Dientes limpios, cabello peinado, me cambié y a las once salíamos. Lauren tomó fotografías del techo del vestíbulo con su teléfono, y luego echó un último vistazo antes de salir hacia la larga línea de taxis. Incluso en la sombra hacía calor, y mis piernas ya se hallaban pegadas a mis vaqueros. Mi teléfono zumbó en el bolso. Lo comprobé rápidamente. Policías acaban de irse. Papá está con Taylor, pero les dije que estaban en Vegas casándose. Creo que se lo creyeron. ¿De verdad? ¡Sí! Deberían darme un Oscar por esa mierda. Di un largo suspiro de alivio. —¿Quién era? —preguntó Lauren. —Dinah —dije, dejando que el teléfono se deslizara de nuevo en mi bolso—. Está enojada. Sonrió. —Apuesto a que sí. —¿A dónde? ¿El aeropuerto? —preguntó Lauren, estirando su mano hacia mí. La tomé, girándola lo suficiente como para que pudiera ver mi apodo en su muñeca—. No, estoy pensando que necesitamos hacer una parada rápida antes. Una de sus cejas se levantó. —¿En dónde? —Ya lo verás.