Being Human Estoy sentado al lado de una pareja. El tipo es un im be ci lí sí sí sí mo. Ella no sólo no lo nota, sino que permanece a su lado, escuchando su presuntuoso discurso arrogante; toda una sarta de pedantería y porquería, sale de su boca.
Ahora me espejeo en él. En ella. La estupidez, el sinsentido, entran por cada poro de mi piel.
Comienzo a sudar.
Sudo... de forma profusa.
Siento pena de mí, de ellos, del mundo, de sus absurdos discursos. De sus formas.
Respiro.
Vuelvo a ser yo, ajeno al tiempo, al espacio, a las circunstancias.
Soy la tormenta qué cae.
La suave brisa.
El aire qué golpea.
La luz dorada, menguante, de una lámpara al fondo.
El sonido de unos zapatos al pisar un gigantesco charco de agua de lluvia.
El inclemente sonido del tick y el tack de un reloj de pulso que percibo lejano
pero hiriente.
Risas. Charlas. Discursos.
Música...
El inminente espéculo del sol, en el crepúsculo, al atardecer.
Me escurro como las gotas del sudor. Del mar. Como las gotas de lluvia que resbalan por un empañado cristal, un pasamanos.
Leche... Blanca. Espesa. Resbalando. Escurriendo.
Me espejeo nuevamente en los discursos de los otros.
Ajeno al tiempo.
Soy viento -el vago aliento; hilo de humo de un café cualquiera-.
Anochece.
Sudo, tiemblo. Me confieso endeble, frágil, enfermo -igual que todos los demás-.
Soy humano.
















