La idea de terminar su relación llevaba varios días anidando en su cabeza, no podía negarlo. Había aspectos de su vida que no lograba mantener bajo control, incluso cuando era su mejor intención hacerlo, y debía reconocer que la seriedad que había adquirido su relación con Jemima no volvía todo menos complicado. Era como si una parte de él no estuviese dispuesto a entregarse por completo, como si los fantasmas de su pasado estuvieran siempre presentes, sin darle tregua alguna por más mínima que ésta fuera para que pudiera tener algo de tranquilidad y disfrutar la oportunidad que tenía con aquella increíble chica, una oportunidad que, sin lugar a dudas, él no merecía. Esa noche había decidido terminar con todo de una vez por todas e irse sin decir nada más al respecto. Quizás así resultaría menos difícil para los dos, menos doloroso, aunque no podía decir con certeza para quien era eso último. Dejó de escribir por enésima vez aquella nota cobarde que terminó siendo sólo una disculpa y una última súplica para que no lo odiara, y tras repasar aquellas escuetas palabras con la mirada la guardó en el pequeño sobre donde ya había escrito el nombre de la chica para hacerla saber su destinataria. Miró el reloj mientras exhalaba largamente y entonces se puso de pie y se dirigió hacia la habitación, decidiendo tomar una ducha para luego recoger sus pertenencias del departamento y ahora sí marcharse sin mirar atrás. Sabía que ella no volvería sino hasta más tarde, después de tanto tiempo, Oliver conocía sus horarios casi a la perfección y sabía que tenía tiempo de sobra para poder marcharse sin ninguna prisa.