Memorias que se habían grabado tan bien en su persona que su muñeca era capaz de expandirlas sobre un papiro de ser solicitada. Rayos del astro mayor que daban con su rostro obligándola a despertar para dar con la compañía de una silueta que, en su momento, parecía indefensa y cándida. “Lo hago, sí” Afirmación basada en sucesos que ahora lograban robarle una reacción no muy agraciada. Quién diría que el autor de lo que parecía ser el drama del siglo había estado a menos de un metro de ella, algo que en el presente lograba ponerle los pelos de punta. “Me desperté y ahí estaba él, parado junto a mi cama, mirándome” Relató de nueva cuenta, sosiego inhumano acompañando aquellas sílabas. “Luego me dijo que venía a darme un recado y se fue, pero da igual, los locos me ponen” Confesó, indiferente al hecho de que podía haber sido su sangre la que, con trazos raudos, habría decorado una de las cuatro paredes de aquel salón.