( @space )
Era el primer día de su último curso en el Mcmilan, y Lina estaba más nerviosa que nunca. Después del verano que pasó allí, que tanto la había tocado, a nivel sentimental así como a nivel de estudios, la ojiazul consiguió una beca para estudiar en Barcelona, beca que no pudo rechazar de ninguna de las maneras: era su gran oportunidad para entrar a una buena universidad. Sin embargo, ésta duraba tan solo un año, y pasado ese corto período de tiempo, la rubia debía volver a su centro original.
Así que allí estaba, delante de la puerta de la institución, con el corazón en un puño. Tenía miedo, muchísimo. No sabía que había pasado con sus amigos, pues entre el cambio de horario y todas las tardes de estudio y laboratorio a penas tuvo tiempo de hablar con ellos, no sabía que había pasado con sus profesores de los demás años, no sabía que habría nuevo, y sobretodo, no sabía que había pasado con Oliver después de aquel turbulento verano a su lado. Ni si quiera sabía si le habían contratado o no en plaza fija para el año escolar y no tan solo para los veranos, tampoco tenía ni idea de cual sería su reacción si llegasen a encontrarse. No sabía nada, de nadie. Y mucho menos que haría, y como se tomarían los demás su decisión de dejar de fingir y ser ella misma por una vez. Lo único que tenía claro, al cien por cien, es que el timbre acababa de tocar y su deber era entrar a clases. A pesar de ello, y por mucho que quería ser fuerte y entrar, el miedo la tenía paralizada, así que esperó, fuera del recinto, a que todos entrasen a clase mientras se perdía en sus pensamientos. Notaba cierta felicidad en el estómago, y a la vez, un terror absoluto, que tan solo le causaba dudas sobre si ir a primera hora o no.












