“En casa del herrero, azadón de palo…”
Este es uno de tantos dichos populares de la lengua española. Se refiere a las personas que profesan un oficio con destreza y maestrĂa entre clientes. Sin embargo en el seno del hogar no realizan su profesiĂłn, teniendo que emplear o reparar sus propios enseres con otros medios.
Exactamente ese fue mi caso. Tengo gran experiencia en encuadernaciĂłn y conservaciĂłn de ejemplares bibliográficos. Necesitaba una biblia para un curso de mi parroquia y cuál fue la sorpresa, en casa poseo un ejemplar editado hace más de cincuenta años, en mal estado, deshojado; las cubiertas y el lomo rotos. Siempre me habĂa percatado de ese detalle y nunca hice nada por componerlo. Buscando en mi ciudad una biblia nueva, no encontrĂ© una a mi gusto y a buen precio. Me vi en la necesidad de usar la vieja biblia.
El domingo en la tarde me puse a analizar la mejor y Ăłptima manera de volver a la vida la biblia y usarla el siguiente martes. El resultado fue satisfactorio: reutilicĂ© la portada para crear unas tapas “Bradel”; retirĂ© el pegamento del lomo, integrĂ© las hojas sueltas; añadĂ hojas de cortesĂa y guardas decorativas. Una nueva tarlatana cubre el lomo con cabezales y cintas para separar las hojas. DejĂ© secar prensándola desde la tarde del lunes.
A pesar de ser una necesidad, eliminé de mi persona esa culpa, descuido o como se tenga a bien llamar, al arreglar y volver a su esplendor original, siendo respetuoso, interviniendo con mi toque y materiales contemporáneos reversibles, dejando de manifiesto el gusto por el oficio y tomando decisiones para volverla a usar y conservarla para el futuro.