Oh querida, y sé que en la vida no hay colores rosas, más cuando tus labios me rozan en el recuerdo hilado e hilado e hilado de nuestros corazones pactando en pálpitos desenfrenados uno junto a otro con la piel de testiga bañada en sal... Me des hago, y ni hablo, y ni oigo, y ni pienso, y ni existo.










