ésta es permanente
(en el fanzine ‘goces, roces’, editado por La Plaza en Verano, Matadero, Madrid. 2016)
Esa, teníamos 22, tocaban bandas de hombres, y les dimos la espalda y nos pusimos a bailar lo nuestro, farlopa el mar dinero, cuando aún había, ¿te acuerdas?, esa ya pasó. Pero ésta, ésta en la que se nos van sumando al baile sin camiseta, bailan todas con su cuerpo, bailan todas en el cuerpo de baile que baila de ahí en adelante todas las noches, las mañanas, las tardes después de comer, piti cerve vaci, y ésta, años más tarde, en la que el mismo cuerpo, tan frágil, acaba estallando en olas de campo de fuerza sobrenatural, mesca torres de hormigón (ciudad-desierto, ciudad-río), ésta en la que alquilan una nave por Suanzes para una noche y montan una torre de altavoces y las primeras pinchadas no se entienden, la gente se va marchando pero las que nos quedamos, las de siempre, sabiendo lo que vendrá, hacia las 4am encontramos el paraíso, selección slvje de Ludotek, y amanece, eme amor nube rojogrís, y ésta en la que también amanece por entre los árboles que rodean el puti, queta tribu entendimiento, los DJs venidos desde Italia, la noche de día, que es sólo más brillante, ésta en la que se empieza inaugurando una pinacoteca a la hora del cambio de año en el Pacífico y se termina dos días más tarde entre la bruma de la primera o segunda mañana de enero, beso casa disfraz, las heridas, todas abiertas, se baila no para sanarlas sino con ellas, y el miedo a la policía se baila no para combatirlo sino con él en ésta que sucede en medio de un parque, debajo de la luna, alrededor de un soundsystem a pilas, y en ésta que duró no se sabe cuánto en plena moda de la electrocumbia y estaban todos allí, el viaje de regreso se hizo charlando en el suelo del vagón, ésta en la que se inaugura otra casa, más pequeña, y se juega a rodar un videoclip, a cambiarse el nombre, a hacer música con una tiza sobre la pizarra, setas manos colores, y a la mañana siguiente paseamos entre los madrugadores por la calle y desayunamos un pincho de tortilla excelente, incluso ésta a la que me voy con él y en medio de la pista me siento sola, vertedero de cuerpos, la ambulancia llega justo cuando sube el tripi, GHB pasti speed, y entonces me agarro al recuerdo de ésta otra en la que nosotras hacíamos el amor mientras ellos dormían, de ésta en la que nos pusimos a coser, ésta en la que tapamos el detector de humos de la suite del hotel y pinché música desde el mp3 enganchado a la tele y entraba y salía gente a la que no conocía, todos sonriendo, y también ésta, en la que bailo tanto que al salir uno me dice: si te quedas te llamaré Samantha y te llevaré a Broadway, y ésta que me perdí en la que ella baila tanto que se rompe un pie, y ésta en la que no se cabe, y ésta en la que se celebra un cumpleaños como si fuera un banquete de bodas, ésta que se termina y empieza a la misma hora del final de cada día, ésta, mi amor, es permanente.











