dedica un vistazo a la cabina de besos, aquella atracción tan típica de los bailes escolares y que pensaba haber dejado atrás en la secundaria, pero ahí está. ¿lo peor? que tiene ideas. “hyung,” llama a su acompañante, buscando sus manos y entrelazándolas con las del mayor, tirando de él hacia donde se encuentra, adrede quedando con la espalda contra la pared y encerrando su cuerpo con el del más alto. “con lo lamentable de esta fiesta, ya va siendo hora de abrir mi propia cabina de los besos...” inicia, llevando con lentitud las manos opuestas hacia su propia cintura, soltándole una vez objetivo ha sido logrado y, entonces, destina caricias lentas sobre su pecho. “privada~ para una sola persona,” parece innecesario especificar, solemne seriedad que falsamente se posa sobre sus facciones, costándole no sonreír como el mayor estúpido no sólo de alabaster sino de estados unidos. tal vez también ha bebido suficiente vino para sentirse más ligero, requisito de festejo que lo tiene (tiene que admitir) contento. “tienes que pagar,” fachada termina por el suelo cuando comisuras se elevan, justo en el momento en que lleva su índice a dar un par de golpecitos sobre sus labios, exigencia presente en cada movimiento, mientras intensidad de su mirada se engancha en la del crimson, demandante. // @geonwv