Fireproof.
30 de agosto: faltaban dos días para finalmente volver a Hogwarts, siendo éste su último año en el castillo... y Galatea Smith no podía sentirse más nerviosa ante eso. Debido a ella, la joven de piel morena decidió aprovechar el buen clima que la ciudad le regalaba para ponerse su par de jeans favoritos y una playera que le quedaba algo holgada, ya que la había tomado del closet de Fred la última vez que lo visitó. Acto seguido, peinó suavemente su cabello castaño y, tras dudarlo un poco, decidió dejarlo suelto; para finalizar, tomó asiento frente a su tocador y puso un poco de brillo a sus labios, rubor a sus mejillas, mascara a sus pestañas... y sonrió, satisfecha, antes de salir de su habitación en dirección a la sala de su hogar.
Ahí, la joven avisó a sus padres que iría al Callejón Diagon: a pesar de tener casi todo listo, la tejona aún tenía que comprar un par de cosas, entre ellas, plumas y un par de pergaminos. Sin más, dio un pequeño beso en la mejilla de su madre, un abrazo a su padre... y se metió a la chimenea, lista para experimentar la sacudida que la Red Flu dejaba a su cuerpo. Tras un par de minutos, la joven llegó a su destino, tosiendo suavemente debido al polvo. Sacudiendo su camiseta (que no era suya en realidad), Galatea comenzó su recorrido: pasó a la tienda donde compraría sus útiles, compró también un libro sobre Transformaciones, comida para su lechuza... y finalizó su recorrido en Florean Fortescue, donde estaba dispuesta a tomar un helado para aliviar un poco el calor.
Frente a la ventanilla de la tienda, la joven sonrió al joven atendiendo: le pidió un barquillo de nieve de limón. Al recibirlo, y haber pagado, la joven tomó asiento en una de las mesas frente al establecimiento, disfrutando de ese tranquilo momento hasta que, sin aviso alguno, alguien tomó asiento junto a ella.












