En lo fugaz, en lo que ya no existe cuando se piensa, y apenas deja de pensarse cobra existencia; en lo que si se nombra se destruye, catedral de ceniza, árbol de niebla… ¿Cómo subir tu rama? ¿Cómo tocar tu puerta? Pienso, Filí-Melé, que en el buscarte ya te estoy encontrando, y te vuelvo a perder en el oleaje donde a cincel de espuma te has formado. Pienso que de tu pena hasta la mía se tiende un puente de armonioso llanto tan quebradizo y frágil, que en la sombra sólo puede el silencio atravesarlo. Un gesto, una mirada, bastarían a fallar sus estribos de aire amargo como al modo de Weber, que en la noche nos da, cisne teutón, su último canto.
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