«Como hemos visto, en la teoría del poder-saber [de Foucault] había una reencarnación de la Genealogía de la moral, y se establecía una paradoja que está en el corazón del pensamiento de Foucault así como en el de Nietzsche: se critica la verdad no por deseo de mistificación, sino por el motivo contrario, por amor a una verdad que quiere desenmascararlo todo, incluida la verdad, restableciendo el mito. Un juego peligroso, porque ver en la verdad un efecto del poder, significa deslegitimar la tradición que culmina con el Iluminismo, donde el saber y la verdad son vehículos de emancipación, instrumentos de contrapoder y de virtud. Es un juego incierto como una ruleta rusa, porque no se sabe cuándo termina. Para Nietzsche, el resultado había sido el mito, la idea de que la verdad debe ceder el puesto a la ilusión y al despliegue del poder. Para Foucault, el resultado es antitético. En efecto, no es una casualidad que, junto a esta apología de la verdad como crítica y como rechazo del poder –de la verdad que cuesta la vida o que se encarna en la forma de vida de los cínicos como adversarios del poder–, Foucault arribe al empeño por una apología del Iluminismo, como acontece en la lección (Collège de France) de 1983, ¿Qué es el Iluminismo? ¿Qué es la revolución?»
Murizio Ferraris: Manifiesto del nuevo realismo. Ariadna Ediciones, pág. 113. Santiago de Chile, 2012.
TGO
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