Ella entiende la vida de una manera, yo de otra. Ella es locura en estado puro y yo quizás, seriedad en esencia. A ella le gusta refugiarse en los demás, a mí en mí misma. Su ingenuidad puede llegar a resultar insoportable para mí y mi pasotismo o mi personalidad ser una bomba para ella. Hasta su manera de valorar la amistad es muy diferente a la mía, pero somos amigas. Hemos estado la una para la otra en todas las etapas de nuestras vidas y aunque yo no la llame tantas veces como a ella le gustaría, no puede dudar nunca de mi incondicionalidad hacia ella. Cuando vuelva a llorar, yo estaré ahí para escucharla, caerme al suelo con ella y volvernos a levantar juntas. Cuando vuelva a dudar de ella, yo la convenceré de lo que es capaz de lograr y lo que vale. Y cuando vuelva a equivocarse, le volveré a decir lo que nunca quiere oír pero necesita escuchar. Porque nosotras somos así, distantes por momentos pero inseparables en esa distancia.
Gracias por estar a mi lado siempre, por aprender a respetar mi espacio y por entender mis silencios. Gracias por ser mi amiga y ser auténtica.
Feliz cumpleaños.














