Computacional-ejercicio-02
En los apartados “Ante los dioses algorítmicos” y “Cuestionar la IA a través del arte”, Pau Waelder establece un paralelismo entre el antiguo recurso teatral del deus ex machina y la percepción contemporánea de la inteligencia artificial (IA). En la Grecia clásica, el deus ex machina consistía en la aparición súbita de un dios que, descendiendo mediante una máquina, resolvía de manera inesperada e inverosímil los conflictos de una obra. Aristóteles ya criticaba este recurso por su falta de coherencia interna, considerándolo un desenlace artificioso. Waelder recupera este carácter peyorativo para describir la forma en que la sociedad actual, y especialmente los discursos corporativos, presentan la IA: como una entidad todopoderosa capaz de solucionar de un golpe problemas tan complejos como el cambio climático, la pobreza o la guerra. Así, la tecnología se convierte en una especie de “dios moderno” que promete un final feliz sin explicar los medios, una narrativa que resulta tan seductora como engañosa.
El autor introduce además el concepto del “abismo de la IA”, acuñado por los investigadores Gary Marcus y Ernest Davis, para nombrar la distancia abismal entre las expectativas que proyectamos sobre la IA y sus logros reales. Según estos autores, ese abismo surge por tres factores principales: la tendencia a humanizar las máquinas, atribuyéndoles personalidad e intenciones; la confusión entre avances muy concretos —como que un algoritmo gane al ajedrez— y un progreso general hacia una inteligencia comparable a la humana; y la extrapolación ingenua de logros en entornos controlados a contextos complejos, como suponer que un coche autónomo que circula en el desierto funcionará igual en una ciudad. Esta brecha tiene implicaciones decisivas: alimenta la ilusión de que la IA posee capacidades casi mágicas, dificulta una evaluación crítica de sus riesgos y puede orientar políticas y expectativas públicas en direcciones irreales.
En “Cuestionar la IA a través del arte”, Waelder sostiene que el arte es un medio privilegiado para desmontar estas fantasías. Frente a las estrategias de las grandes corporaciones, que buscan consumidores fascinados y poco críticos, el arte genera un espacio de reflexión y de participación. Al apropiarse de los avances científicos y tecnológicos, los artistas crean un marco cultural que permite comprender, experimentar y cuestionar la IA. La exposición D3US EX M4CH1NA reúne obras que exploran cómo percibimos la inteligencia artificial y qué retos plantea, invitando a los espectadores a dialogar con sistemas algorítmicos o a descubrir sus límites. Como señala el propio Waelder, arte, ciencia y tecnología pueden alimentarse mutuamente: los artistas abren caminos de pensamiento y ofrecen metáforas que facilitan una comprensión social más rica y crítica.
El texto forma parte de un catálogo o presentación curatorial de arte digital, y se nota en su tono que combina reflexión teórica con una invitación a la experiencia estética. Esta aproximación: convierte lo que podría ser un ensayo puramente técnico en un discurso culturalmente relevante. Me parece acertado que el autor recupere el carácter peyorativo del deus ex machina como “recurso facilón” o tramposo, pues describe bien la tentación de presentar la IA como una solución milagrosa. También comparto su advertencia sobre las excesivas expectativas que proyectamos sobre la tecnología, así como su crítica al craso e inevitable error de humanizar la máquina: para el usuario común, la IA se siente casi mágica, pero sigue siendo un conjunto de algoritmos diseñados por personas, con todas sus limitaciones y sesgos. Este texto demuestra que el arte puede ser un antídoto contra esa visión encantada, ofreciendo un espacio crítico en el que comprender de verdad qué es la inteligencia artificial y cómo queremos integrarla en nuestra sociedad.