¡Mi única dirección!
Lecturas del día (07-jul-2020): Os 8, 4-7.11-13 / Sal 115[113B], 3-4.5-6.7ab-8.9-10 (R. 9a) / Mt 9, 32-38.
«Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, “como ovejas que no tienen pastor”» (Mt 9, 36)
El pueblo de Israel, liberado de la esclavitud de Egipto, por compasión de Dios, desde su recorrido por el desierto tiene una marcada característica que tiene que ver con su infidelidad hacia Dios. Es un pueblo idolatra, hipócrita, que rinde culto y ofrece sacrificios a Dios, por una parte, y por la otra construye ídolos para adorarles, actúan de manera incoherente, no consultan sus decisiones con Dios, se fían de sus propias fuerzas, en definitiva, es un pueblo que está lejos de escuchar la voz del pastor, por eso el profeta Oseas les hace saber en nombre del Señor que, puesto que han sembrado viento, cosecharan tempestades.
Este patrón de comportamiento se repite una y otra vez, y así se presenta en el Evangelio de hoy, de un lado tenemos un grupo de personas humildes, necesitadas de Dios, dispuestas, pero sin conocer el camino que lleva a la salvación, esta es la muchedumbre que sigue a Jesús, la misma que se sorprende con la curación del endemoniado mudo que recupera el habla. Por el otro lado sin embargo encontramos a los fariseos, hombres expertos en la ley de Dios, capacitados en la lectura de la Palabra y el conocimiento de los profetas, rinden culto a Dios, y ofrecen sacrificios y ofrendas según la ley de Moisés, y sin embargo ¡oh sorpresa! No son capaces de reconocer al Hijo de Dios, por el contrario se dedican a juzgar sus acciones, y dicen “Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios”. Cuanta ceguera espiritual encontramos en estos hombres de quienes, por su instrucción en las cosas de Dios, esperaríamos mayor compasión y sensibilidad.
Jesús en definitiva está lleno del amor de Dios, Él sabe que hay un pueblo que necesita un pastor que guie, que acompañe, que muestre el camino, y es capaz de identificar a esas ovejas, las conoce y se compadece de ellas, entonces le pide a sus discípulos que oren para que el Señor envíe muchos trabajadores a su mies, hay mucho trabajo por hacer sobre todo con quienes necesitados del amor de Dios, desean abrirle su corazón.
La misericordia de Jesús, es tan grande que reconoce a un pueblo que ha pecado, pero lejos de juzgarlo, lo que quiere es salvarlo, devolverles el gozo que produce hacer las cosas agarrados de la mano de Dios. Nosotros hoy no estamos lejos de vivir a la manera del pueblo de Israel, entre tantas situaciones diarias podemos encontrar aun personas que lejos de compadecerse de la situación por la que esté pasando un hermano, profieren comentarios hirientes, juzgan. Así mismo vemos personas que rinden culto a Dios, pero su corazón está lejos de Él, viven anhelando las cosas materiales, sin preocuparse por las cosas materiales, muchos han puesto el dinero, el placer, la sensualidad, la vanidad, la soberbia por encima de las cosas de Dios.
Y nosotros los que estamos en el camino, los que hemos recibido dirección ¿a qué estamos llamados? Lo dice claro Jesús, estamos llamados a trabajar en la mies del Señor, no es tarea de nosotros ser incoherentes como lo eran los fariseos, si por gracia de Dios lo hemos recibido en nuestro corazón y ya no somos ovejas que vagan por el mundo, debemos demostrarlo con nuestras acciones y debemos ser pastor para todos aquellos que aún no conocen la misericordia de nuestro Señor, aquellos que están cansados y necesitados de una palabra de amor.
¡Oremos! Señor te pido que avives mi espíritu, que me llenes de tu amor y de tu misericordia, enséñame a trabajar en tu obra, llévame donde tú quieras que yo vaya, llévame donde tú me necesitas, permíteme tener un corazón de carne, manso y humilde como el tuyo, que la indiferencia de la sociedad, no toque mi puerta, porque yo ya no soy del mundo, sino tuyo Padre amado, tú me has hecho parte de tu rebaño y te reconozco como mi único de Dios, nunca me quiero separar de ti, mi Señor y mi salvador, guarda mis pensamiento para ti, guarda mi vida para la salvación, guarda mis pies para que mi única dirección seas tú, Amén.
Por: Andrea Lasso Guerra – Pastoral Provida Parroquia Inmaculado Corazón de María, Barranquilla – Colombia.
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