En la distancia, de Antonio Cruzans
A nuestra llegada al poblado, el caos era sobrecogedor. Las mujeres corrían de un lado para otro gritando frases incomprensibles y levantando los brazos como implorando a la clemencia divina; los niños lloraban casi en silencio, escondidos tras de cualquier objeto o planta capaz de cobijarlos; los ancianos, de ambos sexos, dejaban escapar un sinfín de improperios contra esos seres incomprensibles…














