«Entre mis grandes vergüenzas, se encuentra la madrugada en la que hundà mi mejilla sobre tu pecho, sabiendo que esa serÃa la última primera vez»
— A.
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«Entre mis grandes vergüenzas, se encuentra la madrugada en la que hundà mi mejilla sobre tu pecho, sabiendo que esa serÃa la última primera vez»
— A.

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Admitir que todavÃa me dueles, es romper esquemas. Aunque tú no lo sepas, yo sigo guardando mi dolor para cerciorarme de tus alegrias, a la espera de una inexistente pena entre tus dÃas, que voy caminando en cÃrculo para volverte a encontrar y que mi vida se transforma en huracán cuando te vas.
Hoy me preguntaron por qué te perdoné, ¿cómo hago para seguir hablándote?
La respuesta brotó tan rápido que me dio pena: Lo amo y necesito saber que está bien.
Me dio mucha pena, romper mis convicciones, romperme y seguir amándote.
A mi querida hermana,
Que ya no queda nada en la casa de los abuelos, nada que me de consuelo; el abuelo abrazador, partió; la abuela, ahora está cansada; la cama de ellos ya no es un buen refugio, pero me queda tu cama, un lugar al cuál volver para recuperar fuerzas mientras sigo herida.
Te amo.

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Porque me dueles, porque te odio, porque aún te quiero. No es justo, es destructivo; porque las personas como tú, que primero llenan y luego corren dejando vacÃos, son destructivas.
A.
Nunca dije que podÃa sola,
asumieron.
Y yo,
que nunca aprendà a contradecir,
sonreÃ.
Como a ellos, como a él, como ella.
Como a todos.
Que se fueron
y asumieron nuevamente,
como entonces,
que podÃa.
Sola.
— A.
Deslizar mi mano bajo tu camiseta,
con la única intención
de sentir tu corazón,
me convirtió en una tonta sonriendo
al saber que la adrenalina del momento,
era por mÃ;
pero que cada latido de amor,
era para ella
como todo tu corazón.
— A.