â â â â â â â ââ đ”đđđđđĄđ© đĄđ©đ đđđđ, đđ đ đ©đđđđ€đ đ€đ đ đ€đđđ,
â â â â â â â â â đ đđđđ đđđ đđđđđ, đđ đ€đđ đĄđ đđđđ.
â â â â â â â â â đ¶đđđ€đ đđđ đđđđđ , đđđđđ đđ đĄđ©đ đđđ,
â â â â â â â â â đĄđ©đ đđđđđđŠ đđđđđ , đđĄđ đđđąđđđđ đđđđ.
â â â â â â â â â đžđđđ© đđŠđđđ đđđŁđđŁđđ đĄđ©đđ đđđđđđđĄ đđđđđđ,
â â â â â â â â â đ đđđđ đđđ đđđđĄđ©đđ, đ đ đđđđ đđđŠ đđđđđ.â â
El domingo siguiente, la lluvia caĂa en un constante murmullo sobre los techos de la ciudad. Las calles estaban vacĂas, y una niebla envolvĂa los edificios, dĂĄndoles un aire misterioso y antiguo. Era el tipo de dĂa que parecĂa hecho para perderse en los propios pensamientos, asĂ que, a pesar del frĂo, decidĂ salir a caminar.
Me dirigĂ al Parque Eldridge, un lugar que siempre me habĂa parecido un poco extraño, incluso en los dĂas mĂĄs soleados. TenĂa una reputaciĂłn de ser un sitio donde las historias de miedo parecĂan cobrar vida, y no me sorprendiĂł encontrarlo vacĂo. Excepto por una figura solitaria junto al lago, con un cabello azul que resaltaba contra el gris del entorno.
Algo en esa chica me llamĂł la atenciĂłn. Me acerquĂ©, tratando de no hacer ruido, pero cuando estuve mĂĄs cerca, sentĂ una inquietud inexplicable. Su presencia era diferente, habĂa algo en ella que me resultaba perturbadoramente familiar.
De repente, la chica se girĂł y me mirĂł directamente. Sus ojos, de un tono ambarino tan intenso que contrarrestaban con su cabello, me atraparon. Me sentĂ incĂłmoda, pero al mismo tiempo, curiosa.
âHola âdijo, con una voz suave y firme a la vez.
âHola ârespondĂ, intentando sonar casualâ. No esperaba encontrar a nadie aquĂ.
âTampoco yo ârespondiĂł, esbozando una leve sonrisaâ. Pero este lugar siempre ha atraĂdo a quienes buscan algo mĂĄs.
El silencio que siguiĂł fue incĂłmodo. Ella me estudiaba, y yo no podĂa dejar de sentir que habĂa algo extraño en todo aquello.
âErikka, Âżverdad? âpreguntĂł de repente.
Me quedĂ© helada. ÂżCĂłmo sabĂa mi nombre? Nunca habĂa visto a esta chica antes.
âÂżNos conocemos? âle preguntĂ©, intentando ocultar mi sorpresa.
âNo personalmente ârespondiĂł ella, sonriendo de una manera que no me tranquilizĂł en absolutoâ. Pero creo que nuestros caminos estĂĄn mĂĄs entrelazados de lo que piensas.
SentĂ un nudo en el estĂłmago. Algo no iba bien.
âÂżQuiĂ©n eres? âle preguntĂ© directamente.
Ella bajĂł la mirada hacia el lago, como si estuviera decidiendo cuĂĄnto contarme. Luego, me mirĂł de nuevo, con una intensidad que me puso los pelos de punta.
âSoy Nora Nighthowl âdijo finalmenteâ. Mi familia tiene una larga historia en esta ciudad, aunque hemos sido bastante buenos para mantenernos ocultos⊠hasta ahora.
El nombre me golpeĂł como un mazazo. La leyenda que Mark habĂa contado en el pub, las historias sobre los Nighthowl, todo comenzĂł a tener sentido.
âÂżNighthowl? âmurmurĂ©, casi para mĂ misma.
Nora asintiĂł, como si supiera lo que estaba pensando.
âNos mantenemos en las sombras por una razĂłn. Y por lo que he oĂdo, tĂș tambiĂ©n guardas tus propios secretos. Pero hay algo mĂĄs que debes saber. Estoy aquĂ porque tengo que llevarte conmigo.
El aire se volviĂł pesado de repente. SentĂ que mi corazĂłn, quien nunca daba señales de vida, latĂa con fuerza en mi pecho mientras intentaba procesar lo que acababa de decir.
âÂżLlevarme contigo? ÂżDe quĂ© estĂĄs hablando? âpreguntĂ© de manera negativa.
Nora dio un paso hacia mĂ, y por un momento, su mirada se suavizĂł.
â No puedo explicĂĄrtelo aquĂ pero.... Eres parte de un acuerdo. Un pacto que hay entre tu raza y la mĂa para evitar una guerra. â Nora tomĂł una pausa, como si esperase que entendiera de lo que estaba hablando. â "Una vida por otra vida." Y tĂș⊠tĂș eres la ofrenda.
Me quedĂ© paralizada. ÂżQuĂ© estaba diciendo? Esto no podĂa ser verdad.
âÂżUna ofrenda? ârepetĂ, soltando una mueca de desagradoâ. No, no puede ser. Mi familia nunca me mencionĂł nada de esto. Ni siquiera sabĂa que existĂan esos acuerdos.
âNo tenĂas por quĂ© saberlo ârespondiĂł Nora, acercĂĄndose otro pasoâ. Tu familia lo decidiĂł hace mucho tiempo. Fue la Ășnica forma de garantizar la paz.
ÂżCĂłmo podĂan haberme hecho esto sin decirme nada?
âNo entiendo nada⊠âmurmurĂ©â. ÂżPor quĂ© yo? ÂżPor quĂ© no me lo dijeron?
Nora suspirĂł, y por un momento, vi algo parecido a compasiĂłn en su mirada.
âA veces, el silencio es la Ășnica forma de proteger a los que amas. Tu familia pensĂł que, si no lo sabĂas, podrĂas vivir sin miedo⊠hasta el Ășltimo momento.
âEsto no es justo âdije, con la mirada firme en sus ojosâ. No deberĂan poder decidir por mĂ.
âLo sĂ© ârespondiĂł Nora suavementeâ. Pero el pacto es inquebrantable. Si no vienes conmigo, la guerra estallarĂĄ y muchas vidas se perderĂĄn.
Me quedĂ© en silencio, mi mente estaba corriendo en todas direcciones. Todo esto era demasiado, demasiado rĂĄpido. Y, sin embargo, en el fondo, sabĂa que tenĂa que ir con ella. No por miedo, sino porque algo en mĂ, algo que siempre habĂa sentido pero que nunca habĂa comprendido del todo, sabĂa que esto era inevitable.
âÂżY si no quiero ir? âpreguntĂ©, aunque ya sabĂa la respuesta.
âNo es una elecciĂłn. âdijo Nora con firmeza, aunque su voz mantenĂa ese tono suaveâ. Pero puedo prometerte que, si vienes conmigo, harĂ© todo lo posible para que no sufras.
El silencio se extendiĂł entre nosotras. Finalmente, asentĂ, sabiendo que no tenĂa otra opciĂłn.
âEstĂĄ bien âdije en voz bajaâ. IrĂ© contigo. Pero necesito respuestas, Nora. Necesito saber por quĂ© tiene que ser asĂ.
Nora asintiĂł, y su rostro se suavizĂł un poco mĂĄs.
âTe lo prometo âdijoâ. Te explicarĂ© todo cuando lleguemos a casa.
Y con esas palabras, supimos ambas que mi vida acababa de cambiar para siempre. No sabĂa quĂ© me esperaba, pero al menos, en ese momento, no estaba sola.