Epidemia y Enfermedad Social: una mirada desde la Salud e Higiene Pública (Parte II)
A pesar de estos primeros esfuerzos por combatir la enfermedad desde la salubridad y la higiene pública, la sociedad romana se vio azotada por epidemias bastante atroces como la plaga de Galeno (o peste antonina) en el siglo II d. C., o la plaga de Justiniano en el siglo VI (causada por la peste bubónica). Pero sin duda la epidemia más catastrófica que afectó ya no solo a lo que quedaba del Imperio Romano sino que también a Europa, China, India, Medio Oriente y Norte de África, fue la Peste Negra en el siglo XIV, también causada por la peste bubónica, y que ha sido, hasta ahora, la peste más devastadora de la que se tenga registro en la historia de la humanidad, cobrando la vida de alrededor de 70 u 80 millones de personas a nivel mundial. En palabras del médico francés Guy de Chauliac –que estuvo al servicio de 3 papas-, fue un periodo en que “muerta estaba la caridad, aniquilada la esperanza”, e inútil y vergonzoso para los médicos puesto que no existía tratamiento para la peste y, naturalmente, tenían miedo al contagio.
Posteriormente, en el siglo XVI el médico italiano Girólamo Fracastoro (padre de la epidemiología moderna) estableció que las epidemias eran consecuencia de infecciones de las personas, descartando la idea de los “miasmas” y atribuyendo la causa de las infecciones a los “gérmenes esenciales” que se podían contagiar mediante contacto con el enfermo, con fómites o con “cierta cosa (los microorganismos, que él no conocía) que se transporta”. Lo interesante es que, respecto al brote epidémico de sífilis (al que bautizó como tal) que afectó ese mismo siglo a Europa, Fracastoro ya comienza a sugerir la idea de que las enfermedades se pueden contagiar a través de los alimentos, al sentenciar en su poema sobre la sífilis: “No toquéis las trufas ni las alcachofas; Dejad a otros los puerros y pepinos”.
Más tarde, en materia de higiene pública, pasado el Renacimiento se prohibieron los baños públicos para evitar la prostitución y alborotos o desórdenes.
Luego, en el siglo XVIII, Edward Jenner (médico británico) asentó firmemente la medicina preventiva (apenas practicada hasta entonces), al demostrar que la vacuna era un procedimiento más seguro que la inoculación y desarrollando la primera vacuna eficaz contra la viruela, al realizar un ensayos con muestras de pústula de la mano de una granjera infectada por el virus de la viruela bovina –vulgarmente conocida como “la peste de las vacas”-. Gracias a sus descubrimientos en este ámbito, en la actualidad nos vemos protegidos contra bastantes enfermedades.
…En el próximo y último pasaje contemplaremos cómo se los factores sociales y el concepto de “Medicina Social” fueron tomando cada vez más fuerza a la hora de prevenir catástrofes biológicas como estas; también una breve descripción de la situación actual, y algunas reflexiones en torno al futuro epidemiológico de la raza humana…