Cuando tenía 16 años e iba en mi último año de escuela conseguí un novio de mi misma escuela; super cliché de mi parte, nos graduamos juntos y todo parecía ir bien; no, nada iba bien, ambos estábamos pasando por cosas que nos cerraban el uno al otro, sonaría como que no había confianza y se puede decir que en cierto modo era así, en realidad, ambos pensábamos en que no queríamos agregarle más problemas a la vida del otro.
Cumplí 17 años, todavía estábamos juntos, a mitad de ese año, nuestra relación se acabó, no sentíamos un apoyo mutuo en el sentido que ninguno de los dos contaba lo que nos pasaba.
Después de nuestra ruptura todo se acabó, no nos volvimos a comunicar, yo no sabía nada de su vida y no sabía si él sabía algo de la mía. Pensaba en él en mis tiempos libres, en mis tardes de sábado, en mis mañanas de domingo, cuando estaba en clases o simplemente cuando dormía, porque muchas veces soñé con él.
Tenemos una amiga en común, pero nunca preguntaba por él porque pensaba que él nunca preguntaba por mí. Veía que esporadicamente ellos se encontraban y cuando veía la foto que mi amiga publicaba con él, me daba un vuelco en el corazón, como si lo tuviera todavía y lo fuera a perder otra vez, veía esa foto por horas, no sabía lo que sentía, no sabía lo que significaba verlo y querer estar en ese momento viéndolo de verdad. En ese entonces ya tenía 18.
No hubo más fotos por un tiempo. Cumplí 19 años y conseguí pareja, mi más grande error, era una relación que se camuflaba de bonita, en realidad era muy mala, me hacía sentir insegura y la razón por la que la acabe, mejor ni les cuento, porque quede sintiéndome con mil inseguridades.
Cumplí 20 años, continúe soñando con mi amor de adolescente, ese con el que me gradué hace 4 años, para mí era raro, tenía mucho rato sin saber de él y un día nos encontramos, no fue planeado, fue más bien una coincidencia, simplemente estábamos en el mismo lugar a una hora pertinente, no lo reconocí y lo digo enserió pero aun así él me saludo y supe que era él; hablamos como por 10 minutos o más o menos, no lo sé, se dio cuenta que había cambiado, en menos de nada se dio cuenta que había crecido como persona. Siempre pensé que si me lo reencontraba iba a estar nerviosa o incómoda, pero nada de eso pasó, me sentía realmente bien, relajada y como si nos viéramos todos los días.
Tengo 20 años y estoy saliendo con él, me siento mejor que hace 4 años, eramos inmaduros, ahora nos contamos y apoyamos en todo, en el corto tiempo que he estado con él me he dado cuenta que sigo sintiendo lo mismo que antes, pero ahora es más grande y más sano, ahora me siento segura a su lado y le cuento todo lo que me hace sentir mal, así como él a mí.
A veces no es la persona, a veces es el tiempo, quizá hace 4 años no era nuestro tiempo, quizá nuestro tiempo es ahora o más adelante, quién sabe. A veces, el amor se tiene que regar, tiene que crecer, y para eso primero es necesario el amor propio.