La encontraste esa tarde por el pasillo, con la mirada caída y el rostro ligeramente severo. Ya le conocías desde pequeña. Sabías que cuando estaba enojada intentaba disimular sus sentimientos, pero estos siempre le traicionaban, y se reflejaban perfectamente en su cara. Y a decir, por sus labios ligeramente fruncidos, es que había tenido una discusión reciente, o estaba melancólica por alguna razón.
Podías casi asegurar, que desde que llegó a Powys, probablemente no había día en el que se sintiera cómoda. Quizá solo estaba esperando el momento en que abandonaras tu vida allí y regresaras al reino de los hechiceros; a donde pertenecías, donde fue tu primer hogar. No obstante la situación aún era particularmente inestable, y tú debías cumplir con tu deber.
– Ven conmigo Enid. –Le llamaste en voz baja. Tomaste su mano y le miraste con ojos amables y comprensibles. Apenas sus dedos se entrelazaron, echaste los pies a andar para llevarla fuera del castillo, y perderse en los límites del bosque donde pudieran estar tranquilas.
Sobre el tronco de un árbol caído, tomaste asiento y le invitaste a unirse a tu lado. Ahí fue cuando ella te lo contó, lo que había ocurrido, aún si al principio se encontraba renuente, molesta o tal vez avergonzada.
Se había peleado con Gareth. Y en su desesperación, ella te lo dijo.
“After all this time, I’m still into you.”
Después de todo este tiempo, ella te amaba, mas no sabías como responder a sus sentimientos. A su regreso ella te había sembrado la duda. Tal vez ese amor aún no estaba olvidado.
– Aún así, lo que hiciste Enid, estuvo mal. Y me siento muy apenada. Ni siquiera sé cómo podré mirar al rey de ahora en adelante. O qué pensará de mí. –Dijiste en voz baja aquellas últimas palabras. Durante todo este tiempo, luchaste por mantener distanciados tus sentimientos, para que éstos no se interpusieran en tu trabajo, para que la amistad entre tú y el rey se mantuviera siendo tan fresca y natural como siempre.
Ahora temías silencios incómodos, y miradas someras.
– Yo nunca… nunca intenté nada, Enid. Ni siquiera se lo dije. Quería mantenerlo en secreto, con la esperanza de algún día deshacerme de ese afecto insensato y egoísta. Yo más que nadie, no quiero sentir nada por él.
Los sentimientos los tenías completamente movidos por la conversación con Gareth, fue por eso que fue fácil para Evel el que te llevará por el lugar como una muñeca de trapo. La sensación del calor de su mano en la tuya fue algo que te hizo sentir bien pero que trajo a tu cabeza una gran cantidad de dudas, de temores, de muchas sensaciones que trataste de mantener dentro de tu pecho para no terminar como una tonta como antes.
Fuiste por el lugar hasta que viste ese escenario en el bosque, algo que provocó muchos recuerdos de otros tiempos, por alguna razón, ese lugar lo veías muy parecido a donde hacía muchos años atrás nadaron después de haber curado a ese caballo, pero dentro, sabías que ya las cosas estaban lejos de ser como en ese ayer. Hablaste, dijiste absolutamente todo lo que había ocurrido con Gareth pero al final, agregaste unas cuantas palabras, unas que resumían lo que sentías y que quizá, habían sido provocadas por esos ánimos que ese muchacho te trato de dar para luchar por ese amor en tu pecho.
Evel te regañaba como una niña y bien que lo merecías por haber hecho todo ese drama por esas cuestiones en lugar de arreglar todo eso en privado, te sentías arrepentida pero aún así, todas esas dudas nuevamente comenzaban a formarse porque todo lo que te soltaba era en cuanto a tu comportamiento y a los problemas que le traía esa situación. Sentías que la plática se dirigía hacía cierto lado que estaba muy apartado de lo que querías escuchar, de esa conversación que necesitaban llegar a tener.
En lugar de que la plática se girara de esa manera iba hacía algo completamente distinto, palabras que hacían tu sangre arder por completo, distinto a lo que ocurrió mucho antes con ese joven, no, aquello te había provocado un enorme dolor. Tu mano se movió por cuenta propia hasta que se estampó con una tremenda fuerza contra la cara de Evel, la mirada que tenías en ese instante había cambiado a esa lastimera y penosa de antes, eras un animal herido que se defendía por instinto contra la persona que podía hacer mucho más daño.
―¡Y tienes a la idiota de Enid como si nada! ¿¡TIENES IDEA DE LO MUCHO QUE LLORÉ TU AUSENCIA¡? ¿¡TIENES IDEA DE LO DEPRIMIDA QUE ESTABA!? Pero tu aquí estabas, jugando a enamorarte del príncipe, ¡ESTUVE POR MARTARME MALDITA SEA! PERO TU AQUÍ ESTABAS, ASI QUE NO ME VENGAS CON ESA MIERDA QUE NO QUIERES SENTIR NADA POR EL― No te diste cuenta de las lágrimas que caían por tus mejillas pero tu furia era mucho más fuerte que cualquier otra cosa, incluso que la necesidad de limpiar tus mejillas que ya de por si tenían las manchas del rimen por el llanto de antes.
No podías creer absolutamente nada de lo que te decía, tu temor se había hecho realidad, aunque Gareth no sintiera nada por ella, Evel si sentía algo por ese hombre. Tenías ganas de lanzarte hacía ella, tirarte en su dirección y atacar como un animal salvaje. ―ODIO QUE NO PUEDA ODIARTE MALDITA SEA― Las piernas parecieron quebrarse y caíste rendida de rodillas al suelo, sollozabas con toda la fuerza de tus pulmones, hasta que agachaste la cabeza, casi sentías que estabas al borde de la locura.
Todos esos momentos que pasaste sola en el pasado llegaron a tu cabeza de golpe, a tal punto que no sabías que hacer, podías dejarte caer al suelo, seguir de rodillas, pero tenías tantas cosas encimas, tantas sensaciones que tu cuerpo parecía no responder, solo podías llorar.