Sigues dando vueltas | Parte 3
“Que no me apaguen la luz”
Un molesto haz de luz en el rostro. Una mosca zumbando cerca de la oreja. Una vibración constante sobre la almohada. Factores y más factores que pretenden interrumpir mi agradable y necesario sueño recuperatorio, luego de una noche de alta joda. Lanzo un manotazo somnoliento intentando, infructuosamente, espantar a la maldita mosca que me ronda. Repito el accionar acompañado por un gruñido que en el idioma de los dormidos significa: “Sal de acá, mosca de mierda”. Paso a llevar el celular que cae estrepitosamente al suelo y termina por hacerme abrir los ojos, el muy maldito sigue vibrando en el suelo y al estar en contacto con la madera produce un sonido mucho más molestoso. Me inclino ligeramente y lo recojo bostezando; el dolor de cabeza que tengo es mucho peor de lo que creía y aún estoy un poco mareado. No debí haber bebido tanto anoche.
¿Pero cómo no beber con todo lo vivido?
Me siento en la cama aun bostezando, dibujo círculos invisibles con mis omoplatos intentando relajarme. El celular vuelve a vibrar sobre mi mano más no lo miro, necesito seguir durmiendo, y eso hago. Lo dejo bajo la almohada y cierro los ojos para proseguir con la jornada de agradable descanso, siento como mi subconsciente comienza a apoderarse de mi mente, hasta que de repente… ¡¡Flaqui!! Vuelvo a sentarme en la cama pero esta vez de un salto, como si tuviese un resorte en la espalda; mis neuronas han comenzado a funcionar y los recuerdos a llover sobre mi cabeza.
¿Por qué mierda tengo tan mala memoria?
Busco desesperadamente el celular bajo la almohada y lo desbloqueo con torpeza, casi haciendo que vuelva a caerse. Diecisiete llamadas pérdidas y ocho mensajes de texto, todos de ella; mi mejor amiga. Golpeo mi frente con la palma de la mano, mientras recito un sinfín de improperios. Han pasado ya dos horas desde que debía estar en la casa de Mila para estudiar Literatura, se lo he prometí la noche anterior… justo cuando la dejé en la puerta de su casa. Me levanto de un salto y corro al baño, doy el agua bien helada y quito la única prenda que cubre mi cuerpo, un bóxer.
Exactamente seis minutos después, estoy secándome rápidamente el pelo con la toalla y buscando con la otra mano la zapatilla que me falta para marcharme. Solo cinco minutos pasaron hasta que llegué al auto con el celular pegado a la oreja, intentando comunicarme con ella, pedir disculpas y decirle que ya voy a su encuentro. De seguro estará más que enojada, enfurecida; y es entendible. Solo hace esto porque soy su mejor amigo y yo me comporto como un patán de cuarta dejándola plantada.
-Contesta, flaqui… por favor- susurró mientras pongo en marcha el coche.
Tono ocupado. Me detengo en el primer semáforo y mientras sigo intentando hablar con ella, busco mis gafas en el asiento trasero del auto y alcanzo a colocármelas justo antes de que cambie de color el indicador. La llamada ha sido abortada. Intento nuevamente, al tiempo que acelero para llegar al departamento que alquila mi mejor amiga en Miami.
-Dale Mila…- pero el tono de llamada en espera sigue retumbando en mi oído.
Hasta que…
-Buenas noches- su voz es fría, tanto como un pequeño cubito de hielo cayendo lentamente por mi espalda. Fría hasta el punto de quemar.
-Perdonáme, por favor. Sé que soy un tarado de los peores, que estás haciéndome un favor y… que no lo merezco.- guardo silencio y ella también, aunque puedo sentir su respiración al otro lado de la línea- No te merezco…
Ella suspira exageradamente y puedo imaginar cómo se restriega el rostro, frustrada.
-¿Dónde estás?
-Estoy a ocho cuadras de tu casa,- respondo rápido. Esperanzado- puedo llevar algo de comer y…
-Descuida, hice pizza- niego con una sonrisa en la cara. Ella es mi mejor amiga, una chica maravillosa, única en su especia; de esas que ya no quedan.
-Paso por unas bebidas y nuggets para acompañar la comida ¿ok?-tengo un nudo en la garganta, porque sé que aunque ella no lo diga, realmente no la merezco.
-Estoy en el local de la esquina, justo salía, pero me devuelvo y lo compro. Anda directo a casa- ella quiere que vaya por la avenida menos congestionada e ingrese por atrás, así llego antes- ¿Ok?
-Ok,- no puedo dejar que corte sin antes decirle lo más importante- ¡Mila!
-¿Qué más querés que compre?- responde con una pequeña risita cansada.
-Gracias…
-Relaja un poco rubio, el hecho de que llegaras más tarde me ha servido para escribir un rato- ella ama la escritura y hace unas cosas maravillosas con papel, lápiz y esa imaginación sobrenatural que tiene.
-¿Me perdonas?
-Sí.
-¿Me quieres?
Guarda silencio y vuelve a suspirar.
-Demasiado para mi gusto- ambos reímos.
-Pues yo te quiero más, mejor amiga.
-Dale, anda…
Corta la comunicación y yo sonrío como un tarado. Camila resulta ser esa luz que llega a tu vida como una bendición, quien roba tus sonrisas y cura las heridas. Esa luz que no traemos desde la cuna, sino que aparece como una estrella fugaz y debes atraparla. Y no lo pienso solo porque me ayude en las materias que me cuestan o me salve de algunas taradeces. Lo digo por lo que me transmiten sus ojos chocolate al verla fijamente. Sé cuánto me quiere y cuanto le preocupo. Y aunque quizá soy un poco patán y no demuestro ni digo lo que siento siempre, ella es la persona que más quiero en el mundo.
Le subo el volumen a la canción que suena de fondo en la radio, es un tema un poco antiguo y melancólico, pero me encanta. Y curiosamente sé la letra.
-Quise mentir y aquí estoy. Quise no ser y aun soy… Quise volar con mis sueños, pero tu silueta lo desbarató…
Decido seguir por la misma avenida y pasar a buscarla al local donde está comprando, es lo mínimo que puedo hacer. Mientras sigo cantando a todo pulmón acelero un poco más, estoy solo a una cuadra pero la congestión me atrapa. Un embotellamiento.
-¡La puta madre!- toco la bocina con fuerza, de seguro Camz ya tiene que haber salido y se molestará nuevamente por no seguir su consejo.
Un pensamiento bastante fuera de lugar invade mi cabeza. “Si le hiciera más caso a Mila, todo sería mucho más fácil”. Ella parece controlar cada situación con detalle de mi vida. Y tiene ese sexto sentido que consigue sacarme de quicio. Siempre que dice alguna cosa, se cumple. SIEMPRE. Lolo se ríe cuando me quejo y Keat me apoya, dice que la flaquita logra ponerse en mi lugar y toma decisiones mucho más acertadas. No sé cómo lo hace ni que poderes tiene, pero es genial; aunque nunca se lo he dicho a la cara. “Anda por atrás” y tiene razón. “No vuelvas con Cece” y tiene razón. “Hazza es un dulce de leche” ¡¡y tiene toda la puta razón!! Él si es un dulce de leche, por eso le es tan fácil volver, después de mucho tiempo, y con una simple sonrisa hacerla sonreír. Pero yo, que estoy siempre, tengo que casi disfrazarme de payaso para hacerla reír… bueno, quizá exagero, somos mucho de reír juntos; pero NO da que venga este estúpido y en cinco minutos la haga reír como solo YO lo hago. Porque solo YO, soy su mejor amigo, y ese lugar no lo comparto con nadie.
Hace mil años tal vez
Yo habría sido tu rey
Luchar con muchos dragones
Y desde mi trono hacerte el amor.
¡Listo! Me re colgué pensando en la noche anterior… en su cercanía al bailar con él; en mis puños apretados al verlos; en lo hermosa que se veía. En su mirada sobre la mía cuando recién salía de la barra con los tragos para Wes y su nueva conquista, Normani, quienes me esperaban en el VIP. Y claro, como me dicen ‘imbécil mayor’, ante el leve roce de Cece sobre mi brazo y su susurrado “Hola, Drew”. Ni siquiera pensé, la miré, le di el vaso y la besé. Nada, ni un pelo se me movió, quizá por lo mucho que sufrí al ser pateado como un balón de futbol sin explicaciones por ella; o quizá, por estar pensando en ese maldito y la forma en que tomaba por la cintura a MI mejor amiga. Realmente no sé, solo sé que la besé salvajemente, intentando sentir lo que algún día sentí, pero… nada.
Un bocinazo fuerte hace que de un respingo vuelva a la realidad. Sigo en el embotellamiento, no he avanzado ni un centímetro. Miro hacia fuera y veo gente corriendo hacia la esquina.
-Algún choque, de seguro- farfullo entre dientes.
Camz me matará. Miro el reloj, han pasado diez minutos ya… demasiado. Bajo del coche molesto y curioso, mucha gente se ha amontonado en la esquina. A medida que avanzo, noto como un camión de frutas se ha volcado exageradamente sobre la acera. La gente murmura y pide ayuda a gritos, por lo que corro más deprisa a ver si puedo servir de algo. De seguro hay heridos. Detengo un poco el paso al llegar al círculo de gente que rodea a él o los herido y al mirar hacia un costado veo una bicicleta sin la rueda delantera y con el delicado canastito blanco destrozado. La miro y mi corazón se comprime al instante… yo conozco esa bicicleta….y a su dueña.
Comienzo a empujar gente sin medir daños. Desesperado, tembloroso y con la sangre corriendo a mil por mis venas. Avanzo un poco más y piso una caja, al mirarla me encuentro con nuggets y papas fritas desparramadas a su alrededor.
-¡¡Flaqui!!- Grito con desesperación- ¡¡¡flaquitaaa!!!
Empujo con más fuerza a la gente, los odio en ese momento, parecen un ejército que me impide llegar a ella. Supero la barrera de personas e ingreso al círculo central… automáticamente quedo estático. Allí, en el pavimento, sangrante y con las piernas dobladas en un extraño ángulo imposible de recrear, está mi Camila. Mi luz… apagándose.
Con las últimas fuerzas que tengo me tiro al suelo y tomo su cabeza, la acurruco entre mis manos y la miro directamente a los ojos. Tiene sangre en el costado de la mejilla producto de un corte tremendo. Su visión está perdida, el brillo de sus ojos se está apagado… la muevo un poco con miedo a dañarla más.
-¡Mila! Flaquita, mírame… mírame por favor- acerco mi oído a su boca y coloco un dedo al costado de su garganta en busca de pulso.
Vuelvo a mirarla y ella parece reconocerme, tiene los ojos llenos de lágrimas. Mi rostro está empapado también, y tiemblo tanto que tengo miedo de dejarla caer. El miedo nos invade, porque sí, ella está llena de miedo y pide a gritos con la mirada que la ayude.
-¡¡Una ambulancia!! ¡¡Rápido!!- gritó con todas mis fuerzas- resiste Mila, ya viene la ayuda.
-No… no me… sueltes- pide apenas, en un susurro agónico y destructivo para mi alma.
-¡Nunca, nunca te soltaré!- con cuidado la afirmo contra mi pecho, como protegiéndola de sus propios miedos y los míos.
-¡¡Una ambulancia, carajo!!- gritó de nuevo.
Siento como se me va todo de las manos, la situación me supera y tengo ganas de golpear a alguien. ¿Dónde mierda se ha metido la ayuda en esta puta ciudad? Acurruco su carita en mi cuello y a lo lejos siento la voz de gente que me dice que no la mueva, pero yo no puedo dejar que esté tirada ahí, como si fuera un papel que se lleva el viento. Tengo que cuidarla, protegerla.
-Mila, perdoname… por ser tan estúpido, por ser mal amigo.- susurro en su oído, con la voz entrecortada por el llanto- Eres lo más hermoso de este mundo, te adoro…
Despegó su carita de mi cuerpo para mirarla nuevamente y lo noto. El brillo de sus ojos desapareció… ella ya no está. Su mirada está pérdida en el cielo y no logro percibir el pulso. En un extraño intento de traerla de vuelto la muevo con desesperación y tienen que alejarme de su cuerpo para evitar que la dañe… no tengo control sobre mí.
-¡¡Camilaaaaaa!!- grito entre pataleos- Noooo, flaqui, nooooo…. Noo… No…- caigo al suelo de rodillas, aun afirmado por algunas personas y cubro mi rostro, derrotado.
Pienso en nuestros momentos, en las risas y abrazos; en sus ojos casi transparentes para mí y en sus consejos permanentes. La recuerdo en las graderías gritando y saltando, tomando fotos y aplaudiéndome. Miro al cielo en busca de alguna explicación, de un porque. No puedo hablar, ni gritar; ni siquiera sé si respiro, solo sé que los paramédicos han llegado y la están subiendo a una camilla. Veo a mí alrededor y la gente parece temerme, algunos lloran y se apiadan de nosotros… de este destino.
Dime donde quedó
Ese extraño poder
de entrar por una ventana
y nunca salirte de mi corazón.
***
Lolo termina de atar el nudo de mi corbata negra y quita un mechón de mi frente, deposita sus labios tiernos y cálidos sobre la piel recién despejada y sonríe con dolor. Sé lo que siente, creo entenderla, pero no tengo nada que decirle. No sé qué hacer. Me duele el cuerpo, como si ya no hubiese sangre corriendo por mis venas; no soy consciente de lo que ha pasado desde que me subieron a la ambulancia junto a ella. No recuerdo muchas cosas, solo tengo la clara imagen de su carita vacía y sus ojos muy abiertos, los cuales cerré tembloroso mientras viajábamos a toda velocidad al hospital.
-Tenemos que irnos, cariño- susurra Lolo, levanto nuevamente la mirada y veo sus ojos empapados en lágrimas. También su mejor amiga se ha ido.
Dejo de mirarla porque no puedo ni con mi propio dolor. En la puerta de la habitación está Keaton, abrazando su propio cuerpo, mirando el suelo. Va de traje como yo y tiene los ojos hinchados… como yo. Lauren tiene un vestido sencillo, negro y… no sé porque estoy haciendo esto. Mirándolos, fijándome en que llevan puesto, quizá es un mecanismo de escape de mi cabeza pero ¿de qué sirve, si mi corazón sigue aquí, recordando lo que mi cabeza pretende suprimir?
-Vamos amigo, nos esperan- Keat me toma del brazo y le indica a Lolo que vaya adelante, luego de besarle la cabeza. Yo solía besarle la cabeza a mi flaqui… yo le besé la cabeza cuando aún estaba conmigo en el lugar del accidente.
-No la beses…- me mira extrañado, es lo primero que he dicho desde que desperté- en la cabeza, por favor…- pedí, soltándome lentamente de su brazo, y sonriendo mientras una tibia lágrima rueda por mi mejilla.
Quiero besar de nuevo su cabeza y el no poder hacerlo me corroe el corazón.
-¿Te sientes bien?
Apenas salgo del cuarto, me topo de frentón con Dinah quien toma mi rostro entre sus manos y repite la pregunta. Yo asiento y vuelvo a sonreír, como si nada de lo que ocurre fuese cierto.
-Estoy bien.
Hago un barrido completo por el salón de mi departamento, hay mucha más gente de la que creí. Lolo y Keat se encuentran abrazados cerca de la puerta principal, más bien él la abraza a ella, la consuela. Siope está al lado de Dinah, con una mano en su cintura, y me palmotea la espalda. La morena sigue frente a mí, con el rostro empapado y el maquillaje corrido. Desde la puerta de la cocina Ally me mira, impávida, silente. Tal como decía Cande: “tú y Ally siempre tragándose todo”. También están mis padres y los de Mila, algunos otros amigos. Diviso a Wes fumando cerca de la ventana y camino hacia él, cuando llego a su lado, me abraza fuerte y luego me entrega el cigarrillo.
Desde ahí, puedo ver nuestra ciudad completamente. La Universidad está cerca y diviso el salón donde teníamos clases gran parte del tiempo, donde nos sentábamos juntos y ella acurrucaba su cabeza en mi hombro. Más allá está el campo de juego, ese donde Camz nos sorprendió a todos durante el campeonato de futbol femenino, cuando ganó la copa con las chicas y salió la goleadora del torneo. Le pego una profunda calada al cigarrillo y vuelvo a recordarla: “Eso te hace mal, es mierda para tus pulmones. Sos deportista”. Sonrió mirando a mi lado y la veo, apoyada en la barandilla, junto a mí. Con el ceño fruncido por mi mal accionar. ¿Cuántas veces la hice rabiar innecesariamente?
Debo admitir que todo es muy distinto
sin ti…
Llegamos a la iglesia que, no sé quién, arreglo para la ocasión. Lolo no ha soltado mi mano desde que salimos de casa. Está temblando demasiado, o quizá soy yo. A Camz no le gustaban las iglesias católicas, siempre decía que eran una frivolidad y que Dios no estaba allí; no entiendo porque estamos acá, incluso tengo rabia porque la trajeron a un lugar que no le gusta. Nos sentamos cuando el padre así lo indica. Miro al otro lado de la sala y la veo: hermosa, como siempre, con las cejas alzadas y la boca fruncida hacia un costado. “Sé que no te gusta, pero de seguro tu madre lo quiso así, flaqui” le digo mentalmente, soltando una leve sonrisa.
-¿Qué?- Lolo me mira un tanto asustada. Al parecer no solo he pensado la frase, sino que he respondido a la mueca de fastidio de Camz en voz alta.
-Nada- vuelvo la mirada al frente y guardo silencio el resto de la ceremonia.
Tengo un dolor en el pecho, como si una espina se hubiese atravesado en mi garganta, o no, mejor como si miles de espinas estuvieran atacándome. Me pesa los parpados y la cabeza, de hecho, notó que la tengo levemente doblada mientras miro fijamente la imagen de la virgen.
Sin previo aviso, comienzo a recordar nuestros miles de momentos juntos, y como si nada el día que Camz me contó sobre su verdadero nombre aparece frente a mí.
-Dale, Miiila. Ya sé que tienes otro nombre- intentaba quitarle su identificación de la mano, pero ella era escurridiza- dejame verlo.
-No, no, no… es re feo, común…
-Nada que tenga que ver contigo puede ser feo, tontita- logré arrebatárselo y al verlo me largue a reír.
-¡Viste! No te rías, malo- golpeó mi hombro, y luego volvió a guardar el carnet.
-Exagerada de lo peor, Camz… es hermoso tu nombre.
-¡Mejor cállate! Nueve de cada diez mujeres llevan el nombre ‘Karla’- levantó el dedo, dándole más relevancia al asunto- y yo soy parte de esa mayoría…
Si había algo que a Mila no le gustaba para nada era: seguir a las masas. Ser parte del montón, de la mayoría. Siempre intentaba salir de todo el resto y lo conseguía a cabalidad. Si la moda era llevar el pelo liso, ella se hacía rulos todos los días. Si todas llevaban taco aguja, ella botines con plataforma. Y así, un montón de cosas que la hacían diferente al resto.
-Que estupidez- susurré mientras caminábamos al casino- tú jamás serás como el resto.
-Siempre dices lo mismo…
-Es la verdad, quizá suena trillado, pero marcas tendencias… Karla Camila- la abracé y besé su cabeza como siempre.
-Pero yo quiero marcar tendencia en tu vida…- ambos nos quedamos mirando, y luego añadió- porque te vistes como todos, tienes que renovarte ¡innovar! Y yo, como mejor amiga, tengo que ayudarte… marcar tendencia en tu vida ¿me entiendes?- pronunció rápido y con aspavientos, claros indicios de su nerviosismo.
Reí exageradamente y la tomé por las piernas, llevándola como un bulto sobre mi hombro. Siempre salía con sus comentarios rebuscados.
-Eeeeella, la chica innovación- me golpeo la espalda y yo corrí a toda velocidad, haciéndola gritar. Ese día nos dieron una suspensión de tres días por: “Disturbios reiterados en la institución”. Uno de nuestros mejores trofeos universitarios.
Toda la parafernalia de la misa se hace eterna, quiero salir corriendo y tirarme al mar para no tener que separarme de Camz, pero no puedo. Mis brazos siguen pegados a los costados de mi cuerpo, mi boca cerrada y mi mirada perdida en el horizonte. Keaton susurra que debemos ayudar a llevar la urna a la carroza, asiento por respuesta y camino como un zombie, sin saber que piso, solo avanzando por ordenanza de mi cerebro.
Camila está ahí dentro… y no puedo dejar de pensar eso. Hay tanto que quiero pero no puedo…
Mientras caminamos hacia la salida, un torrente imparable de lágrimas corre por mis mejillas. No puede ser cierto, no puede. Al salir del templo la luz de la mañana me hace cerrar los ojos de golpe, detengo el paso y Lolo se acerca para entregarme las gafas. Mantengo su mano afirmada y ella se larga a llorar. Llora de una forma incontrolable, casi cayendo al suelo, es su desahogo, su dolor manifestándose al máximo. Tengo ganas de abrazarla, pero no puedo, al instante Keat llega a su lado y se la lleva a otro lugar.
-No Camzi, nooooo ¿¿Por qué, Keat, por qué mi Camz??- sé que en otra circunstancia este sería un acto catalogado como exagerado, pero nadie en el entorno se atreve a pensarlo porque todos sentimos el mismo dolor. Solo que algunos no podemos desahogarnos con facilidad.
Veo que Harry toma el lugar de Keaton, justo tras Alejandro y delante de Wes. No me gusta nada que esté aquí, pero solo vuelvo la mirada al frente y me repito que a él también le duele todo esto. En el camino hacia la carroza veo a varios conocidos, entre ellos, Cece. Pasó rápidamente de ella, no quiero verla, ni recordarla… siento que parte de todo esto es su culpa; pero rápidamente saco ese pensamiento de mi cabeza. Que mi mejor amiga ya no este, es solo culpa mía. Si no hubiese bajado mis calificaciones en Literatura; si no hubiese tomado tanto durante la fiesta; si no me hubiese quedado dormido y me hubiera atrasado… si no le hubiese pedido que comprara más comida. Nada de esto habría ocurrido.
-Vamos a mi auto- Benja ha vuelto, toma mi brazo y me lleva con él. Aunque yo sigo mirando como ponen todas las flores que han traído para Camz, sobre el techo de la carroza.
Una triste melodía comienza a retumbar en mis oídos, ella no estará… nunca más. Mis ojos vuelven a humedecerse; mi corazón se constriñe hasta el punto de ser necesario gritar, pero no puedo. Quiero tirarme al suelo y rogar porque todo sea una vil mentira. “Dios, he aprendido la lección, por favor, no te la lleves" mi mente sigue jugándome malas pasadas, sigo viéndola entre la gente que solloza mientras van a sus autos. Keaton me habla, más no lo oigo… solo esa triste melodía.
-No mires atrás- es lo único que logro oír.
Subimos al auto. Lolo está en el asiento del copiloto, mirando hacia fuera, como si en ello se le fuera la vida. El vacío que existe entre los tres durante todo el camino es terrible, nadie dice nada, solo se siente el llanto casi inaudible de Lauren.
Llegamos al cementerio, el día se ha cubierto de nubes, pinta para lluvia. Ally llega a mi lado y toma mi brazo, lleva gafas igual que yo. Igual que todos. Comenzamos a caminar siguiendo a la multitud, hasta que alcanzamos el lugar donde tenemos que decir el último adiós. La pequeña susurra en mi oído que será algo corto, no quieren alargar más esta agonía. Quiero responderle que por favor no la metan en ese lugar, que ella aún puede salir de esto. Lo creo fielmente, pero nadie parece tener esa esperanza.
Comienzan a bajar la urna, lenta y dolorosamente. Sinuhe grita, y es tan desgarrador que me consume. Lolo es sujetada fuertemente por Keaton, al parecer sus piernas están demasiado débiles, al igual que todo su ser. Dinah se cubre la boca con ambas mano y Siope la abraza por la espalda. Wes y Mani mantienen las cabezas unidas y los ojos cerrados, al parecer están rezando algún tipo de oración. Ally sigue a mi lado, temblando levemente, conteniéndose. Y yo… yo simplemente sigo sin creerlo, pero cada centímetro que va descendiendo, siento más lejana la posibilidad de revertir todo esto. Yo pude haberla salvado, yo pude haber tomado su lugar. Se lo debo, ella siempre se antepuso a todos mis golpes; me cuido y cuando me pidió que no la dejara sola, no pude mantenerla a mi lado. ¡Y mierda! Estoy llorando con desenfreno, mis piernas pierden firmeza y caigo de rodillas al suelo. Comienza a llover y mis gritos son más fuertes… no puede ser cierto.
-No, flaquita, no…
Ally se agacha a mi lado y me abraza con fuerza, ella también llora con todas sus fuerzas.
-Camz era una chica alegre, llena de gracia y vitalidad. Siempre dispuesta, siempre preocupada…- la voz trémula de Lolo me impacta- era la mejor amiga que alguien puede desear. Nunca… nunca te podremos olvidar, amiga.
-Eres imborrable- completó Keaton.
Ambos besaron una rosa blanca y la tiran al fondo del agujero negro.
-Hay…- las palabras salen de mi boca sin saber cómo, atravesando el nudo de acero que tengo en la garganta- hay muchos absurdos en la vida- continuo, mirándolos a todos- pero, sin duda alguna, el mayor de ellos… es imaginar una vida… sin mi flaquita- rompo a llorar nuevamente y me arrodillo en el suelo humedecido por la lluvia.
Wes llega a mi lado y me entrega una rosa azul, como las que tanto amaba Mila. Azul, como el color del triunfo. Susurra a mi oído que yo encargué que la compraran ayer, no lo recuerdo ¡hay tanto que no recuerdo desde el accidente! La beso con dolor, empapándola con mis lágrimas, la tiro junto a la de Lolo y Keat, y me despido, porque así debe ser, aunque con ella se vaya la mitad de mi vida… aunque quede vacío…
Estoy empapado y sigo aquí, el tiempo pasa… y sigo aquí, a su lado. Los chicos se han marchado, todos quienes vinieron a despedirla se han marchado. Y yo sigo aquí, llorando como un niño, abandonado entre el barro y los pétalos de las rosas que han sido destrozadas por el agua. No quiero marcharme, no lo puedo hacer, ella me pidió que no la soltara y no puedo hacerlo. He visto como tiraban la tierra sobre ella, como nos separaban más y más… y sigo aquí. El agua no se lleva mi dolor, y comprendo, aunque no quiera hacerlo, que nada se llevará este dolor. Nunca.
.....
No sé cuánto pasó desde que la dejamos en ese lugar, ni cuanto pasó hasta que me mejoré de la pulmonía agarré aquel día. Lolo ha venido a casa para cuidarme, dice que Mila así lo hubiese querido; cuando comentó esto, no pude evitar sonreír triste.
-Tenemos que hacer algo...- ambos estamos sentados en la mesa de mi cocina, comiendo o intentando comer lo que ha preparado- sé que es doloroso, pero Sinuhe no ha podido con ello.
-¿Qué?- respondo seco.
-Hay que desocupar el departamento.
Ambos nos quedamos mirando en silencio. Camila vivía sola hace algún tiempo, muy cerca de Lolo. Arrendaba. Y supongo que ahora deben entregarlo… y sacar sus cosas.
-Ok- la he dejado sola en varias cosas, y no puedo seguir haciéndolo, ella está sufriendo igual que yo.
-Van Keat, Dinah, Wes y Ally también.
-Ok.
-¿No quieres hablar? Perdóname, solo no quiero que estés solo…
-Tranquila- acaricio su mano sobre la mesa- es bueno tenerte acá.
-¿Qué… qué has pensado?- preguntó bajando su mirada a la comida.
-¿Sobre qué?
-Sobre… todo esto- siento que su voz se quiebra.
-No me lo creo.
-Tampoco yo...
Sorpresivamente se pone de pie y rodea la mesa con prisa, terminando su trayecto con los brazos envueltos alrededor de mi cuello. Se larga a llorar con desesperación y me contagia, necesitamos este momento, porque no se trata de dejar a nadie fuera… simplemente somos quienes más incrustada tenemos a Mila en el corazón.
Después de llorar bastante juntos, terminamos de comer –aunque no embutimos nada más- y partimos al departamento. Vamos en mi auto, y al encenderlo también lo hace la radio. Quedó un tanto tildado al oír la canción que suena… es la misma que la de aquella tarde.
Sigues dando vueltas en mi cabeza
dando vueltas
sigues dando vueltas
en mi cabeza
dando vueltas
Debo admitir que todo es muy distinto sin ti
El nudo se vuelve a hacer presente en mi garganta, es tan recurrente que ya lo siento parte de mí. Lolo comienza a tararear la canción y yo a rememorar esa tarde mierda. Llegamos al departamento y nos encontramos con nuestros emocionados amigos. Cada uno es designado para guardar las cosas de algún lugar del departamento, a mí me toca el dormitorio, lo más difícil. Dinah ha decidido quedarse a Luna, la pequeña perrita de Camz, y todos hemos coincidido en que es la indicada para cuidarla. Lolo me guía al dormitorio y pide que guarde todas las cosas en la caja, señalando qué lo que quiera conservar, me lo lleve sin problemas.
Cuando sale del cuarto y quedo solo, el silencio y su aroma, me golpean fuerte. Es tan mágico ese lugar, tan lleno de ella. Mis ojos vuelven a empañarse y debo agachar la cabeza para no seguir mirando sus cosas. Estos días, mientras estuve enfermo pensé mucho en nosotros, en nuestros momentos, en lo que nos transmitíamos mutuamente. La he extrañado a rabiar, mordiendo mi almohada mientras gritaba. Decidí no ir más a clases, no soportaría sentarme en nuestro lugar y no tenerla a mi lado. Me ha crecido la barba y… sigo manteniendo la estúpida esperanza de que ella aparezca y me abrace como antes. Como cuando tenía un gran problema y ella lo quitaba de mis hombros con su optimismo contagioso. Anhelo el ruido de su risa, de sus gritos, de su voz al hablar y cantar. Necesito su calor…
Que no me apaguen la luz
que necesito encontrar
buscar en cada rincón
los pedazos del tiempo
que vimos crecer…
Me dispongo a cumplir la misión de guardar sus cositas y limpio las lágrimas que han corrido por mis mejillas. Camino hacia su cama y me siento en ella, recordando el día que fuimos a comprarla.
Cande estaba demasiado emocionada por irse a vivir sola. Nos pidió a las chicas y a mí que la acompañáramos a comprar algunas cosas, pero ellas no habían podido por diversos motivos. Así que, ahí estábamos, en una tienda de camas, los dos, riendo mientras saltábamos sobre una de ella.
-Esta es la mejor forma de saber si es buena- comentó agitada.
-Definitivamente, estás loca.
-Y soy feliz- agregó, riendo.
-Yo también… he comenzado a salir con Cece.
En ese preciso instante dejó de saltar, su sonrisa se esfumó y sus ojos se abrieron como si la hubiese insultado.
-¿¡Con la Pitri!?
-¿Qué?- pregunté, asustado por su grito.
-¿Justo con ella, rubio?- se sentó en la cama, seria.
-¿Qué tiene? Es linda, comparte mi mundo y parece graciosa- levanté los hombros, restándole importancia. Tampoco era para tanto, simplemente no me bancaba más las bromas sobre mi sexualidad por estar siempre solo.
-Es una hueca, y al parecer tú también.
-¡Ay, Camila! No la juzgues solo por ser porrista.
-¡¡No es eso!!
-¿Entonces? Dime… ¿Qué te molesta tanto?
Guardó silencio y me miró fijamente, como debatiéndose entre decirme y callarse.
-¡Ustedes! Miran como han dejado esta cama- el encargado de la sección apareció para reprendernos.
-No se preocupe, la llevaré. Es una cama… muy resistente.
Por una milésima de segundo me quedé pensando en su carita de dolor, en mis palabras inoportunas y en la posibilidad de que… ¡no, no podía ser! Está bien que la extrañara a rabiar, porque éramos los mejores amigos de la vida, pero no podía comenzar a tergiversar las cosas ahora que ella no estaba. Cande siempre fue mi mejor amiga y yo el de ella, nuestra relación iba un paso más allá que el resto. Miré a mí alrededor y recordé los días de estudios juntos, los de borrachera y los de película. Las pijamadas solo entre los dos, intentando no dormirnos para que el otro no se viera en la obligación de rayarnos el rostro. Me acurruqué y la sensación de tenerla a mi lado trajo consigo nuevas lágrimas.
Estuvimos toda la tarde desocupando el departamento, sacando cajas y más cajas. Yo solo guardé su inseparable cuaderno de flores y mi campera de cuero, la cual tenía hace algún tiempo, y que ahora estaba impregnada con su olor a rosas frescas. Dinah se llevó a Luna y Lolo la mayoría de sus cuadros; Keat decidió tomar los CD’s que los representaban y un par de libros que Camz le recomendó y nunca leyó. Wes tomó solo su guitarra y se fue de los primeros, acongojado. Ally fue la encargada de tomar todas sus fotografías y la cámara; el resto iría a la caridad por decisión de Sinuhe.
Cuando casi nos íbamos.
-Drew, toma.- Lolo extiende uno de los cuadro de Camila y me lo entrega- Nos vemos mañana- besa mi mejilla y corre al auto de su novio.
Cuando lo miro me encuentro con una de las mejores cosas que vi en mi vida. “Lo estaba pintando para vos” a mi lado está ella, mi adorada flaquita… tengo ganas de abrazarla, pero sé que no puedo y eso me desespera. “Te extraño” susurro viendo la imagen de ambos retratada por ella. “También yo, todo es muy distinto sin ti”, la miro fijamente y no solo tengo ganas de abrazarla, sino también de besarla. Es hermosa, dulce, tierna, débil… la quiero proteger, pero sé que ya es tarde. “Perdóname” pido con la voz quebrada por el llanto que ya viene. “No tengo nada que perdonarte, fuiste lo mejor de mi vida”. Y sin más, desaparece, dejándome nuevamente vacío bajo la lluvia. Asumiendo por primera vez en mi vida que Camila no solo era mi mejor amiga, sino que la mujer más especial sobre esta tierra, quién llenaba mis días de luz y mis noches de esperanza. Ella era la mujer que yo siempre añoré, pero nunca noté… la mujer que siempre amé.
Y al fin de esto es igual
alguno debe llorar
mentir por última vez,
aunque sea un poquito
para revivir.
Debo admitir que todo es muy distinto sin ti...










