Un documento extranjero no siempre puede utilizarse tal como llega
Cuando una persona recibe un certificado, un poder, una sentencia o un documento familiar procedente de otro país, puede pensar que basta con entregarlo.
Pero el documento quizá necesite varios pasos distintos.
La apostilla o la legalización pueden acreditar su autenticidad formal. La traducción permite comprender su contenido. Después, el organismo receptor puede exigir condiciones adicionales.
Por ejemplo, Sofía presenta en España un certificado extranjero sin apostilla ni traducción. El documento existe y puede ser auténtico, pero no está preparado para el trámite que quiere realizar.
La idea esencial es sencilla:
Apostillar no es traducir. Traducir no es legalizar. Y legalizar no garantiza que el documento sirva para cualquier finalidad.
Comprobar los requisitos antes de solicitar o presentar el documento puede evitar retrasos, gastos y viajes innecesarios.











