Es curioso como Junio siempre me toma por sorpresa. DeberÃa estar acostumbrada al peso que me trae cada año porque hace 8 inviernos por lo menos que es asÃ, pero no es el caso.
Estamos a 5 de Junio ya, y el dÃa de hoy no fue de los más pesados, tampoco uno leve.
Creo que fue una subida de adrenalina que tuve que a la tarde lo que me dejó asÃ, porque antes de eso estaba todo normal. Normal como se puede estar cuando te levantas todos los dÃas sintiendo que vas a vomitar tus propios órganos, pero normal.
Después de esa subida del estado de ánimo tan abrupta quede desorientada, como si me hubiesen pateado la cabeza.
Cancelé una clase y un ensayo y me senté a mirar a la nada misma.
El espiral de pensamientos paranoicos que me atrapa es siempre el mismo: "no estoy haciendo nada, estoy quieta.
¿Por qué no puedo moverme?, ¿por qué no soy productiva?
Alguien me debe estar mirando mal, seguro nadie me soporta.
Yo no me soporto, ¿por qué alguien más lo harÃa? No valgo tanto la pena.
Todos me toman como un peso, como una inválida.
Estoy demacrada, tengo la cara hinchada, fea, desarmada. ¿Se me está cayendo el pelo? ¿Baje de peso o sub� Tengo que hacer ejercicio."
Cuando quiero darme cuenta estoy por entrar a bañarme. Hago ruido en mi cabeza y mi cuerpo se mueve solo, sin que me de cuenta. Es como vivir de a fragmentos, o estar drogado.
Me gustarÃa dejar caer un poco de este peso en alguien más, compartir la carga; un Samsagaz para mi malestar mental. Pero esta idea ya fue descartada, ridÃcula y utópica, inocente de mi parte pensar que algo asà podrÃa siquiera ser entendido por alguien que no sea yo misma. No porque crea que las personas que me quieren son tontas emocionales o desconfÃe de su empatÃa, sino porque ni siquiera yo entiendo, y porque a través de ojos de amor nunca se encuentra una respuesta práctica.
La soledad es entonces un hecho.
Un profesional me dijo hace tiempo que yo me quedaba sola por elección propia, y que ese era mi problema, no sé que tan un problema sea, acercarse a gente también lo es.
Fuera del cÃrculo pequeño de gente que elijo conservar en mi vida todo me disgusta o me parece un riesgo innecesario. Los grupos de extraños me ponen nerviosa, ridÃculamente nerviosa.
La gente de afuera de todas formas va y viene, quizás se detienen a mirar. A menudo me pregunto cómo vivirá el resto que me es ajeno.
Si verán pasar el rÃo y desearan ser la corriente que fluye y la piedra que el agua cala. Si pensarán en una brisa fresca que los deshaga y los vuelva a armar en una pila de polvo, que los despoje de la existencia carnal y de lo cotidiano. Un viento caliente que los sacuda, los zamarree, los haga llorar a los gritos y reÃrse a carcajadas.
Seguro que sÃ, al fin y al cabo todos somos humanos, nadie es tan especial. Pero nadie es el otro ni la otredad que construimos desde lo subjetivo.
¿Cuánto tiempo pasó desde que entré al baño? No mucho, no hay tanto vapor...pero el agua tampoco sale muy caliente que digamos, es difÃcil saber.
Estoy pensando de nuevo en la soledad, repito como un mantra que estoy bien.
Estoy sola en esto, solo me tengo a mi misma y solo yo me sostengo, quizás hasta puedo encontrar orgullo en ello.
Yo sola vengo cargando con esto, no necesito a nadie. O quizás sÃ, pero es mejor no hacerse ideas, ni esperanzas ni nada de nada.
La vida asà pasa en un instante, el mundo se revoluciona alrededor mÃo y yo siento que no movà ni un pelo, estoy estática todo el tiempo como si una fuerza invisible me atara de manos y pies.
Veo el café enfriarse, a las personas irse y volver, las estaciones cambiar. Escucho el agua hervir, los autos pasar, las personas gritando. Siento el frÃo calarme los huesos, el calor sofocarme. Veo a los demás crecer y el agua con sangre escurrirse por la rejilla.
Una sensación que disfruto bastante últimamente son los escalofrÃos que me da el calor de la estufa cuando salgo de bañarme con agua que estaba casi frÃa. Me recuerdan a algunas emociones que ya no siento, aunque a veces me hace llorar.
Me voy a quedar en este cuarto pequeño un rato más, en este lugar donde nadie puede verme y puedo moverme con toda la lentitud del mundo, usar mi cara de cansancio y estar en silencio. Aunque parezca tonto hasta las cosas más simples me abruman a veces; hablar con alguien en mi casa, hacer de comer, salir a comprar a la esquina, levantarme de la cama, contestar un mensaje, hacer las cosas de la facultad. Todo me hace sentir desorientada, me tiemblan las manos, aprieto los puños hasta que me clavo mis propias uñas y hago sangrar las palmas de mis manos.
No quiero salir hoy, no quiero ver a nadie. Quiero estar sola, acostada y sin pensar en nada. Quiero que me dejen en paz aunque no sé exactamente quién o qué. Quiero arroparme a mi misma y no tener que mostrar mi cara en ningún lado nunca más.
Quizás tampoco quiera salir mañana, ni pasado, ni la semana que viene ni el mes que viene. Intento convencerme de que está bien, y aunque no lo logre y me carcoma la culpa yo sé que ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni la semana que viene me voy a despertarme sin sentir que estoy por vomitar todos mis órganos.















