Lo mas cercano a tocar el cielo.
Hay noches que empiezan simples y terminan convirtiéndose en algo que una parte de ti ya nunca puede soltar. Creo que eso fue lo que nos pasó. Íbamos con la idea de escaparnos un rato, de descansar, de pasar tiempo juntas, a solas como casi nunca podemos… pero en algún momento todo cambió de forma y se volvió mucho más grande que una simple cita.
TodavĂa puedo recordar la sensaciĂłn de esa noche como si siguiera ahĂ. El vino sobre la mesa, la mĂşsica sonando mientras cantábamos y bailábamos sin importar si lo hacĂamos bien o no, las risas que salen cuando ya estás lo suficientemente ebria para dejar de pensar y simplemente existir. HabĂa algo tan ligero y tan bonito en nosotras en ese momento. Algo que se sentĂa libre.
Ese piso 22 lleno de luces abajo de nosotras, la ciudad extendiĂ©ndose como si fuera interminable, tan viva y tan lejana al mismo tiempo. Me acuerdo perfecto de cĂłmo me sentĂa mirándolo todo contigo: como si por unas horas el mundo hubiera decidido dejarnos en pausa. DespuĂ©s apareciĂł la luna, enorme, dorada, de ese color entre amarillo y naranja que parece irreal. Fue imposible no salir a verla. Era demasiado bonita para ignorarla.
Pero honestamente, después de unos segundos dejé de mirar la luna.
La luz tocándote la piel, tu sonrisa, la forma en la que te acercabas a mĂ sin siquiera darte cuenta. Y entonces pasĂł algo que no sĂ© explicar del todo. Como si toda la energĂa de la noche se hubiera concentrado en ese instante exacto. Te paraste frente a mĂ y te rodeĂ© con mis brazos, jalándote suavemente de la cintura. En cuanto nuestros cuerpos se encontraron, sentĂ un calor recorriĂ©ndome completa. No era solo deseo. Era algo más profundo, más elĂ©ctrico, más emocional. Como si mi cuerpo reconociera el tuyo incluso antes de tocarlo.
Cuando empezamos a besarnos, todo alrededor desapareciĂł. Ya no escuchaba la ciudad, ni pensaba en nada más. Solo existĂa la sensaciĂłn de tenerte asĂ de cerca, de sentir cĂłmo me respondĂas, cĂłmo tus manos me buscaban igual que las mĂas te buscaban a ti. HabĂa una intensidad tan natural entre nosotras que daba miedo y paz al mismo tiempo. De esas conexiones que no se sienten actuadas ni forzadas, simplemente suceden.
Entramos de nuevo al departamento casi sin poder separarnos. RiĂ©ndonos, tropezando, dejándonos llevar por esa desesperaciĂłn bonita de querer sentir más. La mĂşsica seguĂa sonando de fondo y de alguna forma eso hacĂa que todo pareciera todavĂa más irreal, como una escena que solo existe en las pelĂculas o en los recuerdos que despuĂ©s cuentas con el corazĂłn acelerado.
Y entonces llegĂł esa parte donde ya no sabes exactamente quĂ© fue primero y quĂ© vino despuĂ©s. Solo sabes cĂłmo se sintiĂł. Tus besos sobre mi piel, la forma en la que me mirabas, cĂłmo cada caricia parecĂa decirme algo sin necesidad de palabras. Nunca habĂa sentido una mezcla tan intensa entre ternura y deseo. Era dulce y salvaje al mismo tiempo. Delicado, pero imposible de detener.
Lo más fuerte fue darme cuenta de que no se trataba Ăşnicamente del cuerpo. Claro que habĂa pasiĂłn, muchĂsima, y una quĂmica que me hacĂa sentir completamente encendida… pero debajo de todo eso habĂa algo mucho más Ăntimo. Algo emocional. Algo que me hacĂa sentir profundamente conectada contigo. Como si en medio de toda esa intensidad tambiĂ©n existiera una calma extraña, una sensaciĂłn de hogar.
Hubo momentos en los que solo podĂa mirarte y pensar en lo absurda que era la suerte de coincidir contigo en esta vida. Porque no era solo lo que estaba pasando, sino cĂłmo me hacĂas sentir mientras pasaba. Deseada. Segura. Vulnerable. Viva.
Y cuando todo terminĂł y nos quedamos ahĂ, abrazadas, tratando de recuperar el aire entre risas nerviosas y ojos brillosos, entendĂ por quĂ© terminamos llorando. No era tristeza. Era simplemente demasiado amor, demasiada conexiĂłn, demasiada belleza contenida en una sola noche.
Hay personas que llegan a tu vida y hacen ruido. Y hay otras que llegan y te transforman de maneras silenciosas, profundas, imposibles de explicar por completo.
Esa noche contigo fue exactamente eso.
No solo un recuerdo bonito.
Fue una de esas pocas veces en las que el mundo, el cuerpo y el alma parecen estar completamente sincronizados.