Alguien me dijo que tuve la fortuna de volverme bicultural... Vaya blasfemia, tuve la fortuna de llegar a un punto, a un lugar tan alejado de todos, tan oscuro y solitario que solo podía elegir entre dos opciones la locura o el abrazo a mi soledad, a mí mismo, vaya que no se lo deseo a nadie, ese punto dónde no puedes llamar a nadie por qué nadie llegará a darte un abrazo o a darte ayuda, ese punto dónde gritar no sirve pues terminarás cansado y sin voz, ese punto dónde la oscuridad es absoluta una vez que se consume la vela, dónde el único ruido que escuchas es el susurro del viento y tú propio ruido interno, ese punto dónde es el frío o los demonios que imaginas los únicos que pueden agotar tu vida. Ese lugar el cuál una vez amanece, el frío no se detiene pero el sol aparece rebotando en la nieve y trayendo consigo la esperanza misma la cual te da un momento, un suspiro para que decidas si la abrazas o continuarás peleando en la oscuridad, siendo consciente que cada noche se volverá más larga y fría que la anterior y con ellos los días se harán más cortos.