AYUDEMOS A PENSAR
"El mundo entero se aparta cuando ve pasar un hombre que sabe a donde va". Son palabras del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry y me ha inspirado para escribir algo que llevaba tiempo queriendo compartir.
Es difícil ver a personas con ideas claras. Algunos lo parecen, pero si rascas un poco enseguida se muestran como son. Otros vienen con el pretexto de serie para ocultar sus inseguridades y muchos apenas toman partido por la vida, simplemente se conforman, prefieren ser infelices y hacer el viaje sin mirar por la ventanilla.
Pero, de tarde en tarde, aparece en nuestras vidas algunos seres, que si saben a donde van, que hacen el viaje a pie, respirando el aire del camino, andando a buen ritmo, parándose cuando es necesario pero siempre mirando al frente, disfrutando del viaje, experimentando y aprendiendo de la vida.
Ellos entienden de que va todo esto. Son sus propios maestros. Aprenden caminando. Nunca aceptan una idea políticamente correcta sin antes cuestionarla. Saben filtrar la información, desechar aquello que no les resuena y utilizar el pensamiento crítico. Por eso saben a donde van. Y, sin embargo, el resto se sorprende. Es una ironía, pero debería ser al revés.
Es cierto que se nos enseña a no pensar. En el colegio, en el trabajo e incluso en algunos entornos familiares acostumbrados a no mirar por la ventanilla.
En la historia todo está escrito. Me refiero a que muchos filósofos, escritores y pensadores nos han dejado verdaderos tesoros para la vida, la autorrealización y sobre todo la manera de pensar de forma crítica.
Los estoicos entendieron que para que un hombre pensara de manera crítica debía adquirir primero un protopensamiento. Un método para usar la cabeza de manera correcta. Y para llegar a esto el ser humano debe alcanzar tres grandes momentos
El primero es el asombro. Esta capacidad parece haberse replegado hacia la infancia. Si no nos sentimos atraídos por las cosas es imposible aprender, porque el asombro lleva al interés. Nos llega tanta información a los sentidos que no somos capaces de acceder al conocimiento sin una chispa que nos ilumine.
Observar la naturaleza nos ayuda a practicar el asombro. El comportamiento de las plantas y los animales, la belleza de un paisaje, el regalo de la abundancia. Si en tu vida no lo incluyes estás de alguna manera muerto en vida.
El segundo momento es la curiosidad. Algo nos ha llamado la atención y quiere que tú te detengas, que lo contemples, que lo adores. La curiosidad es un mensaje de tú yo superior que nos invita a la intuición, a que algo importante tienes ante tus ojos.
El tercer momento es el cuestionamiento. El por qué de las cosas parece estar desvalorizado. Quizás sea porque esta sociedad tiene hecho un listado de preguntas y respuestas. Como si rellenas un examen y te dieran las soluciones. Pero si cuestionas las cosas encontrarás la verdad y llegarás al conocimiento.
Nos movemos en el mundo de la inmediatez. Nos conformamos con las respuestas que nos obligan a creer y nos sometemos a ellas.
¡Es una pena!. Tenemos muchas herramientas para acabar con esto. Tan solo debemos ponerlas en marcha.
Asómbrate todos los días de tu vida. Sé curioso y disfruta de ello. Cuestiona todo, pues el mundo cambia y también las verdades. No te ancles en creencias antiguas.
Mira hacia arriba para que los demás sepan que caminas hacia un rumbo fijo


















