De la banqueta a la etiqueta.
Esa música pictórica, hablando de cuestiones que para mi débil cerebro no figuraban: ¿Calle? ¿Alcohol? ¿Drogas? No sabía qué era aquello que mencionaba el pequeño hombre dentro de la radio, con melancolía y pasión. No había Hi-Fi, ni Hi-Res, ni DACs... ¿No te pasa que hoy la música es tan buena y de tan buena calidad que, en realidad, carece de alma?
Tal vez sea por cómo funcionan las estrategias del mercado actual y el wannabe: chicos que cantan igual, con el mismo estilo, con mucha producción pero cero memorables. Como un "rey de ratas": todas las colas enredadas en lo mismo para morir como si fueran nada, debajo de las tablas de una habitación.
Diferente a esta textura, mi tierno trasero de cuatro años descubrió que hay "emociones" indiferentes al mensaje que la música transmite. ¿Cómo un hombre de voz rasposa, sin afinar, con instrumentos grabados en casa le puede dar cuerpo a un mensaje?
Recapitulemos: cómo el rock urbano fue y es un género vigente; cómo fluyó con la generación de los 80 y 90; de cómo la desigualdad social se escuchaba en la calle y un hombre con pasamontañas, que contaba anécdotas prehispánicas, unió a una generación. Pero la mercadotecnia y las disqueras lo dilapidaron, y el gobierno inició "la propaganda" que, casualmente, ha sido lo que ha matado el carácter y, posteriormente, deformó a las generaciones.
Todo empieza en los barrios del populacho. La desigualdad social y la carencia, como siempre, han sido un buen caldo de cultivo para la química lírica. Surgieron grupos reclamando la injusticia; no era una cuestión de rebeldía, era la manifestación de la ira y el rencor al gobierno, a la opresión y a la economía. Avándaro demostró que el colectivismo es riesgoso y debía ser apagado.
La marginación es fácil. La neta, como chavo de mi generación, lo que ves se te pega y dices: "chingón, de aquí soy". Pero en el trasfondo, la transmutación radica en cómo te aferras a las pocas cosas que tienes, a lo que hay y lo que existe. La banda se exponía de maneras que ahora llamarían raras, pero eran la mera vena: fanzines, bardazos de eventos de esos de "caiganle, banda", mercados culturales, hoyos fonky... el decir, el reclamar, el mandar a la mierda a los de arriba.
Y entonces: "la causa de la pobreza en México es el Subcomandante Marcos".
Esto fue un cataclismo: colectivismo. Demostrar que un pueblo puede subsistir sin intermediarios, con regulación. Darle voz al campesino que, a la fecha, es el mudo social. Todas las periferias de la trinchera del centro de México están plenamente abandonadas a su suerte; como mi barrio, como probablemente el tuyo.
La era digital fue partícipe en la decadencia. ¿Cómo? Bien fácil, carnal: volcamos etiquetas, aislémoslos sistemáticamente, hagamos propaganda como los nazis. Estos medios llamados "canales musicales" empezaron la curaduría: fácil y simple, lo que en el mensaje no jale para los intereses, lo omitimos. Le damos cabida a mensajes banales: el amor, la tristeza adolescente... le quitamos la pimienta del dolor social y lo hacemos moda. Les damos una imagen esterilizada del "chavo banda", el rudo, el marginal, y ¡pum!: mensaje eliminado.
MTV y Telehit fueron los beta tests de lo que ahora llamaremos "la selección de lo que encaja". Los grupos que seguían con el mensaje simplemente no tenían cabida en las comunicaciones ni en la televisión. Quedaron en los barrios, en esas mismas bardas pintadas que, a la fecha, marcan más resistencia que cualquier "disque movimiento" de asteriscos en la Roma.
Remontando: ¿Por qué entra Marcos a la ecuación? Por el simple hecho de cómo los medios y el control de masas moldearon básicamente a la sociedad en pocos años. ¿Te das cuenta de que este movimiento existe y de manera más vigente, dura y autónoma que nunca? Que la escena del rock de nuestra tierra se basa en toquines cada fin de semana, en música de culto, en un colectivismo que jamás se ve en los medios pero está más vivo que nunca.
Es una táctica que me hace urdir las yemas de la rabia al pensar cómo, solo con un WhatsApp, poner dos o tres bandas de chiquillos que cantan y la "festivalización" de la música, en un par de años ¡pum!, la escena y la esencia musical se extinguieron.
Pero... vamos a seguir hablando.







