Una patente de 40 años finalmente ha cobrado vida. Es la “cremallera Y”:
Un cierre de tres lados impreso en 3D que transforma cualquier objeto de flexible a rígido y viceversa.
La aplicación en robótica es la que captó mi atención.
Un robot cuadrúpedo que ajusta la rigidez de sus patas según el terreno, alternando entre rígido y flexible en tiempo real sin motores adicionales ni sistemas mecánicos complejos.
Pero esto va mucho más allá de la robótica. Un yeso para la muñeca que se afloja durante el día y se endurece por la noche. Una tienda de campaña que se arma en 90 segundos en lugar de seis minutos.
La idea permaneció en un expediente de patente durante cuatro décadas. Se necesitó la impresión 3D para finalmente hacerla realidad.














