¿Por qué si yo no le hago mal a alguien yo necesito a Dios?
En mateo 28: 18-20 “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
Cuando nosotros ejercemos ese mandato, en el camino nos encontramos con personas que tienen apariencia de piedad. Que hasta ellos mismo se engañan pensando que son cristianos. Pablo le advirtió a Timoteo en 2 Timoteo 3: 1-5 “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita”. Tienen apariencia, pero es por los frutos que nosotros medimos a la gente.
Algunos dicen yo soy bueno, pero no rompo ningún plato. En cambio en la biblia me enseña que nosotros no somos justos delante de Dios. Que nuestra justicia delante de Dios es como trapos de inmundicia. En Isaías 64: 6 “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.”
La biblia me enseña en Romanos 3: 10-12 “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”












