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Hotel
Victoria Cóccaro
A la mañana salÃas al balcón
cuando todavÃa no nos habÃamos dormido,
el sol entra como una bala que tajea el colchón
y vuelve a la parte de arriba de tu cuerpo
un poco más oscura de lo que recordaba.
La piel se ensancha a la altura del pecho,Â
el tatuaje parece una lámina estirada desde los costados
con manos que no llego a ver
por el resplandor del tórax
sobre los ojos.
Entrecerrás, das vuelta sobre tus pies,
y quedás de espalda a la ventana
por donde entra el recuerdo de un viaje que no fue.
A la costa, nos podemos ir, cuando pase el verano.
No importa la sombra sobre la herida de la cama
ni yo que la tapo al desparramarme
y quedo veteada de luzÂ
con el movimiento de tus brazos en el aire,Â
justo ahora que decidimos
acabar con el dÃa al mediodÃa.
















