La mĂşsica retumbaba en sus tĂmpanos, y el alcohol ya era suficiente como para tomar posesiĂłn de su cuerpo, pensar y acciones. Se abriĂł paso entre la gente, con un ligero movimiento de caderas al hacerlo. De un momento a otro, le resultĂł atractiva la idea de estamparse contra el suelo y quedarse ahĂ un buen rato, sin embargo reaccionĂł apoyándose del primer hombro que encontrĂł. RiĂł un poco ante su torpeza --Lamento eso. ÂżBailas?--.
















