Las lluvias del invierno habían llegado a Yūrin, cubriendo la tierra con una capa espesa de niebla que parecía tragar cada rincón de la aldea. La noche caía, oscura y silenciosa, sin el
sonido de los cantos de los animales o el susurro del viento. Solo quedaba el crujido lejano de los árboles secos. Algo se había roto en el aire.
Lee esta apasionante historia en la pagina 61 de la primera publicación de la revista literaria trimestral DIZASTER https://drive.google.com/file/d/1hNKZ2WJmvOfm7Wa_8q77fUkBuQr060ar/view?usp=drive_link














