La exploración en tiempos oscuros, pt. 11. Camino al Puuc. Witziná y Chunkanab
El 23 de diciembre fue un día de carretera, habíamos terminado nuestro paso por el sur de los estados de Campeche y Quintana Roo. El atasco en Río Bec y la posterior limpieza del jeep nos había hecho alterar nuestros planes, pero el objetivo inicial del viaje, que Eduardo llegara a los 500 sitios mayas visitados, gracias al día anterior, estaba por cumplirse porque únicamente le faltaban 2.
Salimos alrededor de las 8 de la mañana de Bacalar, dirigiéndonos al mismo rumbo que habíamos recorrido el día anterior, primero al norte hasta el poblado de Pedro Antonio Santos y luego al noroeste, hacia Mérida. Llegando al poblado de Chunhuhub (en Quintana Roo, no confundir con el sitio arqueológico de Campeche), nos detuvimos para que Eduardo comprara mandarinas y más adelante nos hicimos de algunos tamales, con lo que tuvimos un desayuno completo.
Pasamos por una zona que yo nunca había recorrido, desde Polyuc hasta Dziuché, cruzando a Yucatán y desviándonos después hacia el pueblo de Catmís. Hicimos escala en Witziná, un sitio que Eduardo y yo ya conocíamos, pero teníamos la intención de visitar un segundo grupo que podía contener arquitectura en pie. Se encontraba a pie de carretera, así que dejamos el jeep estacionado a un lado del camino y comenzamos la búsqueda. Encontramos numerosos montículos que eran más grandes que los del grupo que ya habíamos visitado, pero únicamente pudimos observar algunos monumentos lisos, restos de bóvedas muy enterradas y un par de escalones.
Al salir de ahí, mientras daba vuelta al jeep, apareció un camión de refrescos que venía hacia nosotros justo en el momento en que los demás estaban por abrir las puertas para subir, yo decidí pisar el acelerador para hacer a un lado nuestro vehículo y los demás tuvieron que correr para quitarse del camino. Después me di cuenta que el camión no nos alcanzaría porque estaba frenando y aquella maniobra peligrosa había sido un error, pero afortunadamente no hubo ningún percance.
Nos detuvimos en la pequeña capilla del poblado actual y Fernando y Ernesto bajaron a fotografiar el altar, ya que este pequeño edificio contemporáneo está hecho enteramente con piedras robadas del sitio antiguo.
De ahí nos dirigimos al grupo ya conocido, encontrando que las brechas donde podíamos estacionarnos prácticamente se habían cerrado con maleza crecida, dejando a penas espacio para dejar el jeep. Hicimos un breve recorrido por los edificios que aún se mantienen parcialmente en pie, destacando la bella estructura cuyo friso está adornado con volutas, y que se dice que es de estilo Chenes aunque yo no estoy muy de acuerdo con eso.
Nuevamente volvimos al camino, regresando a Catmís y desde ahí nos dirigimos primero a Tzucacab y luego a Ticum. Ernesto y yo habíamos estado ahí poco menos de un año antes para visitar Chunkanab; increíblemente Eduardo nunca había visitado ese sitio, así que era un paso obligado.
En nuestra anterior visita tuvimos muchos problemas para encontrar el camino correcto al sitio, pero esta vez únicamente nos estacionamos frente a él y caminamos por un rato para llegar. Nos encontramos con el gran palacio que es el primero al que llega el sendero, ahí Eduardo se dio cuenta de que había olvidado algo en el jeep y regresó, aprovechando para medir la distancia con el GPS. En ese rato yo estuve tratando de ubicar un edificio que sabíamos que había colapsado mucho tiempo atrás, pero que Teobert Maler había fotografiado y tenía un elegante friso con columnillas muy largas. Encontré los restos de un templo, pero luego de revisar no parecía tener ningún elemento parecido al de la foto mencionada.
Después entré al recinto central del palacio, Eduardo había mencionado que Chunkanab era posiblemente un sitio que John L. Stephens había visitado y llamado Sacacal en 1842, y que en ese lugar había una tapa de bóveda pintada. La sorpresa fue grande cuando me di cuenta que en el techo de esa habitación, la piedra central había tratado de ser retirada, según mostraban unos huecos a su alrededor. El centro de su superficie alguna vez tuvo estuco que había sido casi completamente arrancado pero aún se conservaban los bordes y ahí se encontraban unos glifos muy pequeños pintados en marrón. Esa era la prueba de que se trataba del mismo sitio. También descubrimos grafitis en una pared, los había dejado un grupo de españoles egresados de la Universidad Central de Madrid, aunque no pudimos distinguir si la inscripción de carbón tenía fecha porque se encontraba cubierta de guano en muchas secciones.
Luego de un buen rato documentando esos detalles que no habíamos visto antes, pasamos por una aguada que ya conocíamos y llegamos al segundo palacio, el cual es muy particular porque contiene una sección con paredes curvas y los restos de un mascarón. Los demás pasaron largo rato comparando las fotos de Maler del edificio con su estado actual, tiempo que yo aproveché para seguir mi búsqueda de la estructura caída, finalmente tuve éxito porque sobre un montículo cercano encontré los restos de una pared que había caído de lado, tenía unos surcos que indicaban el lugar donde unas largas columnillas habían sido arrancadas, además de ello una pequeña sección de moldura era inequívocamente la misma que podía verse en la fotografía antigua. Habíamos ubicado todos los puntos que Maler observó, pero que Harry Pollock, pocas décadas más tarde ya no pudo ver, pues desde entonces ya había caído ese edificio.
Así terminamos el recorrido bastante satisfechos. Teníamos las pruebas de que Chunkanab de Maler y Sacacal de Stephens eran el mismo sitio.
Así seguimos nuestro camino hacia Oxkutzcab; por primera vez en el viaje me sentí demasiado cansado para seguir manejando, pero por fortuna ya estábamos llegando a nuestro destino. Arribamos al hotel Puuc, donde tradicionalmente me hospedo cuando estoy por la zona; es bastante grande, aunque esa primera noche parecía que éramos los únicos huéspedes. Nos dijeron de una lavandería cercana y nos apresuramos a ir a dejar nuestra ropa sucia y los impermeables que aún seguían enlodados. Nos dijeron que debíamos pasar por ellos el día siguiente (24 de diciembre) antes de las 4 de la tarde, o de lo contrario tendríamos que esperar hasta el 26. Después de ello fuimos a cenar al centro, en una fonda donde había estado los dos años anteriores.










