No llevaba ni un dÃa con el pequeño gato color negro que habÃa logrado introducir a la Universidad y ya lo habÃa perdido, uno de sus compañeros de habitación dejó la puerta abierta y el minino habÃa salido como preso de la cárcel. — ¡Disculpa! — Llamó la atención del primer cuerpo que cruzaba por ahÃ. — ¿Has visto mi chile? — SÃ, como el picante de su nación, porque al final decidió nombrarlo de ese modo.











