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¡¡Holaa todos!! (like por mi cara de enferma (??)) ↓ ↓ ↓ ¡LEER DESCRIPCIÓN! ↓ ↓ ↓ ¡YA TENEMOS AQUÍ EL EPISODIO 35! Qué se note mi felicidad por favor. En est...
PRIMERA PARTE DEL EPISODIO 35!
¡¡Holaa todos!! ↓ ↓ ↓ ¡LEER DESCRIPCIÓN! ↓ ↓ ↓ ¡Siento la tardanza! Aquí tenéis la parte 2 del capitulo...¡PASAN MUCHAS COSAS! Desde pasar más tiempo a solas...
¡¡Holaa todos!! ↓ ↓ ↓ ¡LEER DESCRIPCIÓN! ↓ ↓ ↓ ¡Bien! ¡¡Ya ha salido el trailer del episodio 35!! Queda poco poco para que salga el episodio entonces~ ¡A ver...
opinion y reaccín al trailer del ep 35!!
CDN 35
Capítulo 35: La misteriosa muerte de la bruja
—¿Por qué este dragón se ve más pequeño? —Kyle Leonard acercó al niño hacia él, examinando su apariencia.
—Mu dijo que yo estaría más cansada si él crecía, así que decidió mantener su apariencia de bebé. Gracias a él, voy a vivir hoy —Park Noah explicó mientras sorbía su sopa.
—Me alegra oír eso. Deberías vivir una vida normal. Levantarte a…
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El Huaso, parte 35: El Deseo
Lista de capítulos
El día jueves mis papás me despertaron temprano como todos los años para desearme feliz cumpleaños, y mientras desayunábamos con una mini torta, me dijeron que si quería podía invitar al Huaso y al Bryan a la hora del té, para así celebrar mi cumpleaños junto a mis amigos más cercanos. En primera instancia decliné la oferta de mis padres, pero luego de pensarlo los invité igual, para ver si era posible que se comportaran como adultos (sobretodo el Huaso).
—¿Y lo vas a invitar? —me preguntó mi pololo, refiriéndose al Bryan, mientras bajábamos al paradero en la U.
—Si po, ¿Por qué no?
—No por nada… —respondió haciéndose el tonto—. Oye, ¿y no te tinca ir a almorzar a mi casa? —me ofreció y pude ver como se aguantaba las ganas de abrazarme.
—No puedo, tengo que ir al lab a seguir con la tesis.
—Puta la wea —se quejó—. Ya, no importa, amor —me susurró la última palabra al oído—. Nos vemos a la tarde entonces —me dio un abrazo de despedida y se subió a la micro.
Yo me devolví al laboratorio a seguir trabajando, y durante la tarde mientras conversaba con Guillermo, el alumno de doctorado del profesor Rosales, mencioné que estaba de cumpleaños.
—¡Buena, felicidades! —me dijo con una sonrisa y se acercó a abrazarme
—Gracias —le respondí un poco tímido.
—Yo creo que esto merece que te vayas temprano hoy, ¿cierto profe? —habló un poco más fuerte para llamar la atención del profe Rosales.
El profe, que estaba hablando airadamente por teléfono, sólo le hizo una seña afirmativa y siguió con lo suyo.
—Ándate nomas, yo respondo ante el profe por ti —me ofreció con amabilidad.
—¿En serio?
—Si po, si es tu cumple. Aparte ya no queda nada más que hacer por hoy. Yo te registro los resultados de los procesos.
Acepté su ofrecimiento y me fui a buscar mi mochila para irme. Me despedí del profe y salí del laboratorio.
—¡Oye, espera! —me gritó Guillermo cuando ya me dirigía al auto—. Toma, feliz cumpleaños —se acercó con la mano estirada.
En la mano tenía un bolígrafo con el logo de la facultad.
—Gracias —le dije sorprendido por el gesto, tomándola con mi mano derecha.
—De nada —tenía una sonrisa de satisfacción en la cara—. Y mira —volvió a tomar el regalo, y le desenroscó el extremo, revelando un dispositivo usb.
—Gracias, en serio —agradecí un poco descolocado—, pero ¿no será demasiado?, no quiero ser malagradecido, pero no puedo aceptarlo.
—Tómalo —me dijo devolviéndomelo—. Este año se equivocaron y mandaron a hacer más de las necesarias para la ceremonia de titulación. Si quieres más están en la caja de cartón debajo del mesón del profesor Rodríguez —me dijo en voz baja.
—Gracias —volví a decir, esta vez aceptando el regalo con una sonrisa.
—De nada wn, después me contai como te va con el carrete de cumpleaños—se despidió de mi con un abrazo y se devolvió al laboratorio, mientras yo me dirigía al auto pensando que quizás su última frase era una indirecta para que lo invitara a la celebración.
Me fui a mi casa y me dispuse a preparar las cosas para comer cuando llegasen el Huaso y el Bryan. Mi pololo fue el primero en llegar, y me dio un fuerte abrazo apenas me vio.
—¡Feliz cumple amigo! —me dijo en voz alta para que escucharan mis padres—. Feliz cumple amorcito —esta vez me lo susurró al oído para que solo yo lo escuchara.
—Gracias, Pato —le agradecí escuetamente, sin demostrar todo mi amor frente a mis padres.
—Sorry por no traerte mi regalo hoy, pero tendrás que esperar —puso cara de misterio cuando lo dijo.
Al llegar el Bryan, el Huaso se mostró un poco celoso porque mi amigo me había llevado un regalo.
—Ojalá te guste —me dijo el Bryan, entregándome el regalo después de un largo abrazo. Abrí el presente, cuidadosamente para no romper el papel, y dentro había un ejemplar de “Las Ventajas de Ser Invisible”.
—¡Justo lo quería leer! —le dije muy entusiasmado por su regalo—. ¡Gracias! —le di un nuevo abrazo a mi amigo en señal de agradecimiento.
Nos sentamos a comer, y para sorpresa mía, el Huaso se comportó e incluso conversó con el Bryan en varias ocasiones, aunque se notó un poco confundido por la confianza con la que trataban mis padres a mi amigo.
—¿Por qué lo conocen tanto tus viejos? —me preguntó el Huaso más tarde, estando los tres en mi pieza.
—Porque ha venido otras veces po, ya lo conocen —le expliqué—, así como ya te conocen a ti.
—Si pero conmigo no hablan tanto…
—Quizás no te das el tiempo —intervino el Bryan—, yo cuando vengo no necesito estar encerrado con el Larry para estar cómodo —el Huaso le dirigió una mirada de enojo.
—Si po, amor —me acerqué para abrazarlo—, cuando vienes pasai directo a mi pieza.
—Pero yo lo hago por ti también —explicó—. Siento que quizás te puede incomodar que esté mucho tiempo con ellos, que haga algo que me delate, que nos delate…
—Si, puede ser. Pero confío en ti, sé que no harás nada desubicado.
—¿En serio? —me preguntó sorprendido.
—Si po, hoydía lo hiciste bien…
—Ni siquiera se notó que me odias —volvió a intervenir el Bryan, aunque esta vez recibió una mirada más amable de parte del Huaso.
Nos quedamos un rato escuchando música, mientras conversábamos (principalmente conversaba yo con el Bryan, el Huaso se dedicaba a intervenir en ocasiones puntuales cuando no se aguantaba decir una talla), hasta que ambos se tuvieron que ir.
Me despedí de mi pololo con un largo beso, y de mi amigo con un fuerte abrazo, y ambos se fueron juntos a tomar la micro.
—¡Fue muy incómodo! —decían los mensajes que me mandaba el Huaso más tarde, refiriéndose al viaje en silencio de ambos en la micro.
Al día siguiente me fui donde mi pololo para buscarlo antes de ir a la casa del Bryan, donde finalmente conoceríamos a Karen, su nueva “algo”.
—Tan elegante —halagué a mi pololo, que se había puesto una camisa bastante elegante—, igual no era necesario si es mi cumpleaños nomas.
—Me la puse para darle una buena impresión a la polola del Bryan —intentó sacarme pica.
—¿Ah si? ¿ya descubriste quién era?
—No, pero por si acaso —se hizo el hetero.
Nos fuimos a la casa del Bryan y ya estaban casi todos ahí: las dos parejas anfitrionas, el Victor y el Nico.
—Ella es Karen —nos dijo el Bryan, presentándonos a una niña rubia muy bonita, y que se veía muy tierna. El Huaso quedó con la boca levemente abierta por su belleza, así que tuve que golpearle con el codo en las costillas para que se concentrara.
—Mucho gusto, Karen —le dije dándole un beso en la mejilla.
—Él es el Larry, y él es el Pato —nos presentó el Bryan.
—Un gusto igual, el Bryan siempre habla de ti —me dijo ella con una dulce voz.
—Espero que sean cosas buenas —me sonrojé.
—Solo cosas buenas —respondió ella, y miró con complicidad al Bryan—. Feliz cumpleaños —me dijo con una sonrisa y un abrazo.
—Gracias —le agradecí con una sonrisa igual de amable que la de ella.
Justo en ese momento el Nico se acercó a saludar y me preguntó por “mi primo”.
—El Sergio no era mi primo, era del Pato —lo corregí, apuntando al Huaso, después de saludarlo.
—Ah, perdona —se puso a reír por su error—, ¿y no va a venir?
—No ha venido a Antofa —le expliqué—, pero si viene te aviso po. ¿No has hablado con el?
—Si, si siempre hablamos, pero igual quise preguntarte, en una de esas no me había dicho que vendría.
Nos sentamos a conversar mientras escuchábamos música a buen volumen, y no faltó mucho para que Nico, el bombero, se levantara a bailar animadamente. Se movía muy bien y no pude evitar imaginarlo bailando (y quizás haciendo otras cosas) con el Sergio. Al rato se le sumaron el Pedro y su pololo Victor.
Mientras conversaba con la Karen, pude escuchar como el Huaso y el Victor comentaban sobre la única mujer en la casa.
—Es muy rica —dijo en voz baja el Victor.
—La cagó —coincidió mi pololo.
—Oye, ¿y hace cuanto que llevan saliendo ustedes? —le pregunté a la Karen, esperando que no hubiera escuchado los comentarios de los otros dos.
—Hace como un mes —respondió rápidamente el Bryan.
—Un mes y una semana —lo corrigió ella, con su ya característica voz suave.
—¿Y cómo se conocieron? —pregunté.
—Un día había ido al cine con el Nico, y a la salida se encontró con el Bryan que andaba por ahí en el mall. Lo ví y lo encontré muy lindo, así que le pregunté al Nico quién era y nos presentó. Y desde entonces empezamos a hablar y a salir juntos —relató ella mientras el Bryan asentía con la cabeza.
Seguimos conversando por un rato, hasta que el Pedro fue a atender la puerta y luego volvió diciéndole al Huaso que lo buscaban a él, lo que me pareció muy raro.
El Huaso volvió al rato seguido de la Vicky, la promotora de la tienda de al lado de donde yo trabajaba.
—¿Qué hace ella aquí? —me acerqué a preguntarle al Huaso.
—Me dijo que tú la invitaste así que la dejé pasar —me explicó.
Me acerqué a la recién llegada que miraba atentamente a los presentes, como analizándolos.
—Vicky, ¿qué haces aquí? —me acerqué a ella para pedirle explicaciones.
—¿Ella es la tal Karen? —me preguntó ignorando mis palabras.
—No. Dime, ¿Qué haces aquí? —insistí, intentando ocultar mi nerviosismo.
—¡Oye Karen! —gritó ella, y la aludida se volteó a mirarla.
Antes de que le pudiera decir algo más, la tomé de la mano y me la llevé devuelta al jardín.
—¿Qué haces acá? —le volví a preguntar, muy serio.
—Vine a ver al Huasito. Para quitárselo a esa… —se contuvo antes de insultar a la Karen.
—Te tienes que ir. No tienes nada que estar haciendo aquí.
—¡Pero quiero ver al Huasito!.
—No le digas así —me molestaba escuchar que le dijera así a mi pololo—. Mira, voy a llamar al Pato para que hable contigo, pero después te tienes que ir. ¿Trato?
—Trato —acordó con una sonrisa infantil.
Volví a entrar y tras la puerta estaba el Huaso con el Pedro espiando lo que conversaba con la Vicky.
—Anda a hablar con ella y dile que no estay ni ahí con ella, que estay soltero, no tení nada con la Karen, y que no vuelva a webiarte nunca más. ¿Ya? —lo instruí—. Y asegúrate que se vaya a su casa después.
El Huaso asintió sorprendido por mis indicaciones, aunque con una sonrisa en la cara. Se aseguró que desde nuestra posición no nos vieran desde el living y me dio un beso que me descolocó. Salió y cerró la puerta tras él.
—¿Qué mierda fue eso? —me preguntó confundido el Pedro.
—Una mierda —le respondí después de dar un largo suspiro, intentando desacelerar la taquicardia. Me senté en la escalera que daba al segundo piso—. Lo que pasa que esa mina trabaja en la tienda de al lado de la mía, y está loca por el Huaso. Obviamente no le puedo decir “oye, deja de soñar porque es mi pololo”, así que le dije que estaba saliendo con una niña y cuando me preguntó el nombre, lo único que se me ocurrió decirle fue “Karen”.
Pedrito se tapó la boca con las manos al escuchar el nombre de la andante de su hermano.
—Te ajilaste un poco Larry —me comentó él, sin rodeos.
—¿Un poco? La cagué hasta el fondo —admití—. Ni siquiera conocía a la Karen y ya la metí en una wea nada que ver.
—Si, pero igual si es sensata va a entender que no puede obligar al hombre de sus sueños a estar con ella si él no siente lo mismo —me intentó calmar.
—¿La viste? Claramente no es sensata. De hecho ni siquiera sé cómo llegó hasta acá —le dije tapándome la cara con las manos.
—Cálmate Larry, todo va a salir bien.
El Pedro se quedó sentado a mi lado, intentando tranquilizarme hasta que el Huaso volvió a entrar después de unos 30 minutos.
—¿Se fue? —le pregunté de inmediato, poniéndome de pie.
—Sí, se fue. No va a volver a molestar —me dijo abrazándome.
—¿Estás seguro? —le pregunté, aún sin creer lo que había dicho.
—Sí. Le expliqué que no era mi tipo, y que era maravillosa y que encontraría a otro niño que la correspondiera. Lloró un poco, le dije que llamara a alguien que la viniera a buscar, y cuando llegó su hermano se fue y me entré —explicó.
—¿Y cómo llegó hasta acá? —le preguntó el Bryan.
—Bueno, me explicó que como nos escuchó hablando el otro día que vendríamos donde el “Bryan”, te psicopateó el Facebook y encontró al Bryan. El muy weon tiene puesta la dirección de su casa en Facebook.
—Oye —le dijo serio el Pedro, empujándolo.
—Ya, perdón. Pero no me digas que es una wea muy inteligente poner tu dirección en Facebook.
—Voy a hablar con él para que la borre —pensó en voz alta el Pedro.
Volvimos con el resto del grupo, que seguían conversando, como si no notaran nuestra ausencia.
—¿Quién era esa niña? —me preguntó la Karen cuando me volví a sentar a su lado.
—Una amiga del Huaso —mentí.
—Ah, ¿y por qué sabía mi nombre? —inquirió nuevamente.
—Es que se quería quedar y… dijo que te conocía. Debe haber escuchado tu nombre en algún momento cuando entró y sacó la cuenta que eras la única que se podía llamar “Karen” —le dije riéndome, como para hacerle creer que era algo sin importancia.
—¿Y por qué no dejaron que se quedara? Pobrecita…
—Esa es una muy buena pregunta —admití al darme cuenta del vacío en mi historia.
Por suerte el Nico se acercó a nosotros y le dijo a la Karen que bailara con él, y ella aceptó de inmediato.
—Solo porque esta canción no la puedo dejar pasar —me explicó y se puso de pie.
Yo respiré aliviado y me apoyé en el respaldo del sillón, relajándome.
El Huaso se sentó a mi lado, con su ya típica cerveza en una mano, y con la otra me acarició el cabello.
—Amor, nos pueden ver —le dije advirtiéndole que estaba siendo muy demostrativo.
—Pero esto no significa nada. Te hago cariñito como amigo —me dijo con una sonrisa de inocencia.
Nos reímos juntos y me dio unas palmadas en el hombro.
—¿Cuándo me darás mi regalo? —le pregunté.
—No sé, tendremos que ver si te portas bien como para recibir un regalo —se puso en modo “daddy”.
—Si sabes que me porto bien —lo dije como si fuera obvio—, aparte es mi cumpleaños, no necesito portarme bien.
—Lo de recién no pasó por portarte bien…
—Bueno, pero olvidemos eso, ¿ya? —le pedí.
En resumidas cuentas, el carrete estuvo muy bueno (obviando el incidente de la Vicky), y pude conocer por fin a la Karen, y me di cuenta que era una niña muy simpática y no podía ser más ideal para el Bryan.
Al dia siguiente el Huaso me pasó a buscar a mi casa después de almuerzo para darme mi regalo.
—¿Para dónde vamos? —le pregunté cuando me dijo que me pusiera ropa cómoda.
—Sorpresa. Pero voy a necesitar que le pidas prestado el auto a mi suegrito —me dijo poniendo cara de incomodidad.
No fue problema para mí así que a la media hora ya estaba listo para lo que tenía planeado. El Huaso se fue manejando y me hizo taparme los ojos con una bufanda, para no saber hacia dónde me llevaba.
Al cabo de un rato se detuvo y me hizo bajarme del auto, aún vendado. Sentía bajo mis pies el sonido de la tierra y piedrecillas, y hacía mucho viento.
—Todavía no llegamos —me advirtió el Huaso.
—¿Está seguro el auto? —le pregunté preocupado.
—Si, está seguro —me tranquilizó.
—¿Para donde me llevas?
—Sorpresa —noté un dejo de ansiedad en su voz.
Me llevó de la mano por lo que asumí era un sendero, hasta que se detuvo, me sacó la bufanda de los ojos y pude ver que estaba en una quebrada.
—¿Por qué me trajiste hasta acá? —le pregunté sorprendido por el lugar desolado al que me había llevado.
—Sorpresa —me volvió a decir, dándome un beso en la boca—. Vamos a tener que escalar un poco.
No mentía. Estábamos frente a un cerro, que si bien no teníamos que escalar, claramente necesitaba mis ojos para poder subirlo. Caminé tras mi pololo el empinado terreno hasta casi llegar a la cima del cerro. El Huaso se volteó y se acercó a mí.
—Vuelve a taparte los ojos —me dijo con una sonrisa en la cara. Yo le hice caso, y esperé que me tomara de la mano para volver a guiarme. Después de unos segundos de guía volvió a detenerse—. Espera aquí un ratito.
Me quedé de pie esperando, comenzando a sentir frio por el viento que hacía en el lugar, pero como si me pudiera leer la mente, el Huaso se acercó a mí y me puso su chaqueta en los hombros y me besó. Se alejó y volví a escuchar el ruido de las piedras bajo sus pisadas y del cierre de su mochila al abrirse y cerrarse.
—¡Listo! —dijo después de unos cinco minutos que en realidad parecieron más largos. Se acercó a mí y me sacó la bufanda de los ojos—. Feliz cumpleaños amor.
Estábamos parados casi en la cima de un cerro desde donde se veía toda la ciudad. La tarde despejada daba unos bellos tonos anaranjados al paisaje que ciertamente te hacían enamorarte del lugar. A unos metros de donde estaba parado, en una superficie algo plana, el Huaso había puesto unas mantas en el suelo, y sobre estas un par de cojines, un par de termos y un plato con sándwiches.
—Pato, te pasaste —le dije con una amplia sonrisa, llena de felicidad. Me volteé a besarlo en señal de agradecimiento, y nos quedamos de pie uno frente al otro—. Gracias.
—Todo esto es por ti, amor —me dijo mirándome a los ojos—. No tienes idea lo feliz que me haces, y por eso te quería dar esta sorpresa. Gracias por aguantarme y por ser como eres. Te amo.
—Yo también te amo —le dije volviendo a besarlo.
—¿Vamos a comer? —me tomó de la mano y me llevó a donde estaba preparado el picnic.
Nos sentamos uno al lado del otro y me sirvió de inmediato una taza de té. Cuando iba a tomar un sándwich del plato, me detuvo.
—Espera —dijo sacando una caja de su mochila. Adentro tenía un par de porciones de torta. Sacó una vela y un encendedor de su bolsillo y preparó todo para cantarme el cumpleaños feliz.
—Gracias —dije entre risas después de apagar la vela.
—¿Cuál fue tu deseo? —me preguntó.
—No te puedo decir po, o si no, no se cumple.
—Verdad po, que soy weon —se rió—. Ojalá se te cumpla.
—No eres weon —lo conforté.
Nos pusimos a comer, y entre conversaciones, risas y besos, la tarde no podía ser más maravillosa.
—¿Cómo se te ocurrió todo esto? —le pregunté.
—El otro dia había visto que el Yiyo subió una foto en Facebook desde acá. Y altiro se me ocurrió traerte para tu cumpleaños.
—¿Quién es el Yiyo? —estaba confundido porque me hablaba de él como si lo conociera.
—Ah, el Jaime po, de quinto año —al ver mi cara de WTF siguió explicando—. Juega a la pelota conmigo y los niños.
—¿Y por qué le dicen Yiyo? —me parecía curioso su nombre.
—Por Topo Gigio. Es que tiene las medias orejas —se puso a reir, como acordándose en su mente de la cara de este tal Jaime.
Cuando mencionó que el Yiyo jugaba con él a la pelota, me acordé de algo que no le había contado, así que aproveché el buen humor para decírselo.
—Oye, Pato —le dije, con un poco de miedo.
—Dime, amor.
—Tu conoces al Guillermo, ¿cierto?
—Si po, de repente igual juega a la pelota con nosotros, ¿por? —preguntó curioso.
—Es que el otro día me pasó algo raro con él, sentí como que me estaba coqueteando —le expliqué.
—¿El Guille? ¿coqueteándote? —me preguntó incrédulo.
—Si. Te juro que yo no le coqueteé de vuelta —me defendí.
—Amor, nada que ver —dijo escéptico—. O sea, igual eres rico —me dio un agarrón en la cintura—, pero na que ver, el Guille es hetero.
—Tu igual eras hetero po Pato —le recordé.
—Si, pero es distinto. Tú me conquistaste —se acercó a besarme.
—¿No te pone celoso que trabaje con él en el lab después de contarte esto? —le pregunté confundido.
—Nop —dijo confiado—. Mira yo lo conozco, y estoy seguro que el weon es hetero. Y si fuera el caso, tú no te fijarías nunca en él.
—¿Por qué no? Es guapo —intenté ver como reaccionaba.
—Ya, si, puede ser. Pero igual su perso es muy nada que ver contigo. Puede ser hasta desagradable —me explicó—. Confío en ti.
—¿Seguro? —ahora era yo el incrédulo—. ¿Y no confías en mi cuando estoy con el Bryan?
—Eso es distinto —se rió—. El Bryan es más bonito e inteligente que el Guille. Aparte me cae mal —se volvió a reír.
—Gracias por confiar en mi —le dije, aún descolocado—. Igual no sé qué tan inteligente sea el Bryan si pone la dirección de su casa en Facebook.
El Huaso guardó silencio para no decir alguna pesadez sobre mi amigo.
—Faltó traer alguna silla para poder apoyar la espalda —le comenté cuando terminamos de comer.
—No es necesario, amor —me dijo, y se levantó para sentarse detrás mio, con las piernas abiertas y abrazándome por detrás—. Apóyate en mí.
Le hice caso y nos quedamos ahí, abrazados mirando la ciudad mientras el sol caía y las luces de las casas y edificios comenzaban a encenderse. El Huaso me daba besos en el cuello y me abrazaba fuerte a ratos cuando la brisa hacía lo suyo. En ese momento me di cuenta que no pude haber tenido un mejor regalo de cumpleaños de parte de mi pololo, y podía decir con total seguridad que al menos uno de los deseos se había cumplido: era el hombre más feliz del mundo.
Siguiente Capítulo: Cabos Sueltos
Onodera Ritsu no baai acto 23
Todo gracias a Tumanga online y a Ninoo Uploader & Dark-Black-Fansub~
Capitulo 35
-- Não vai entrar? - Rober me questinou ao me ver parada ainda. -- Prefiro te esperar. - eu ponderei, tirando o pé do degrau da escada que levava até a porta do avião e me virei para onde Rober guardava as malas. -- Isabella? - ouvi a voz cortar a noite nublada e meu corpo congelar, apesar de estar acostumada á temperaturas mais baixas do que a que estava sentindo. Rober parou o que estava fazendo e me olhou, aguardando para ver o que aconteceria depois. Me virei lentamente, depois de perder meu olhar várias vezes nos milésimos de segundos que se passaram desde que ele me chamou. Quando enfim, meus olhos encontraram os dele, o pânico de sair correndo, a decepção que passou lentamente, lá no saguão, havia ficado apenas lá. Agora a minha real vontade era correr para abraça-lo, embora eu não fosse realmente fazer isso. -- Oi Luan. - eu sorri de canto e pude ver seus olhos cansados se iluminarem um pouco mais. -- Como foi de viagem? - ele perguntou, me encarando com minúcia, e as incansáveis mãos nos bolsos. -- Tirando esse pequeno problema, correu tudo bem. - eu respondi, negando que, na verdade, esse problema me trouxera um pouco de felicidade por encontra-lo antes de ver á todos. -- Vamos subir, o Testa termina de guardar suas malas. Você provavelmente precisa descansar. - ele me chamou com um gesto de mão e eu subi os degraus da pequena escada logo atrás dele. Só entrei naquele jatinho poucas vezes. Me lembro bem que uma dessas vezes, Luan e eu acabamos nos arriscando demais e nos beijando na última poltrona que havia ali, foi então que Rober confirmou o que já desconfiava. Luan me deu espaço para passar e escolher a poltrona que eu queria me sentar. Apesar de ser confortável, o espaço do avião ainda assim era um pouco limitado, o que fez no momento em que decidi me sentar na segunda poltrona, meu corpo roçar no dele rapidamente e eu sentir o seu calor. Senti meu rosto queimar, mas logo me distraí com Rober e o piloto adentrando o avião. Partimos minutos depois e eu deseja por algum motivo, que o silêncio do espaço fosse consumido por palavras e conversas naturais. Pensei que ainda não estivesse pronta para iniciar uma conversa naturalmente, sendo que fui eu que encerrei a maioria dos nossos assuntos há anos atrás.
• ●
Não deixaria um clima estranho durante toda a viagem de volta á São Paulo. Apesar de termos acabado de decolar, o silêncio já me incomodava e eu não podia deixa-lo permanecer por mais longos minutos. Além do mais, queria mostrar para Isabella o quanto estava bem e agiria naturalmente ao seu lado. Ela precisava acreditar que eu estava feliz com o rumo que a minha vida tomara, e isso incluía o meu casamento com sua irmã e o esquecimento do nosso pequeno episódio em minha vida. Infantil, eu sei, mas eu mesmo precisava acreditar no que iria demonstrar á ela. -- E o seu namorado? - precisava mesmo confirmar que ela estava sozinha, portanto a questionei sem rodeios, sentindo os olhos cerrados de Rober pesarem sobre mim. -- Não namoro mais. Terminei á alguns meses. - ela me respondeu, dedilhando a pulseira que estava em seu braço. Pela sua resposta, ele não fazia falta na vida dela. Me aliviei aos poucos, apesar de querer justamente o contrário. Eu iria me casar, dei continuidade na minha vida, formaria futuramente uma família, mas e ela? O namoro foi acabado, pelo que sei, somente a vida profissional anda de vento em polpa, mas acredito que ela irá precisar de alguma companhia. Assim como estou fazendo agora. Pude concluir que, qualquer homem que a conquistasse e fosse digno do seu caráter seria considerado um homem de sorte.